Teoría de la conspiración o elecciones sin políticos presos

13 Nov 2017
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No dudo que sea verdad que mensajes y noticias falsas del independentismo catalán fueron amplificados antes, durante y después del referéndum del 1-O a través de miles de perfiles de redes sociales del entorno del Kremlin y el chavismo venezolano.

También me puedo creer que el activista Julian Assange esté en el ajo conspirativo y que se reuniera el pasado 9 de noviembre en la embajada de Ecuador en Londres con Oriol Soler, uno de los ideólogos del independentismo catalán.

Pero dudo muy mucho que fuera esa conspiración ruso-venezolana, con un toque de Wikileaks, la que ganó inicialmente la batalla internacional para la causa independentista.

Más bien fueron los errores políticos del Gobierno los que facilitaron el éxito inicial de la causa independentista ante una parte importante de la opinión pública internacional.

De entrada, los cinco años de una clamorosa inacción política han abonado el terreno de la causa secesionista. Después de esperar y esperar que cuajara la tesis de Rajoy de que los problemas o se pudren o se arreglan solos, tras rezar y rezar para que los jueces solucionaran un embrollo político, el Gobierno solo ha logrado que los partidarios de la estelada hayan ido creciendo y creciendo hasta rozar el 50% de la sociedad catalana.

Asimismo, la intervención policial del 1-0 también le dio munición al independentismo y a sus aliados para reivindicar la cosa y retratar a España como un Estado represor por utilizar la brutalidad policial.

Y, además, después de garantizar días antes Rajoy que no habría urnas ni papeletas, el Estado español resultó fallido en Cataluña al votar, aunque fuera un simulacro de refrendo, más de dos millones de catalanes con urnas y papeleta.

En estos días en los que las redes sociales echaban humo, algunos corresponsales extranjeros acreditados en España se quejaron de la errática política informativa que practicaba el Gobierno español: “Moncloa solo nos convoca para hablar de los Reyes Católicos”.  ¿De eso también tienen la culpa los conspiradores?

Por último, en el terreno judicial, tampoco ha ayudado mucho a efectos de imagen internacional que una jueza de la Audiencia Nacional mantenga encarcelados a independentistas (Oriol, Junqueras, seis consellers y los Jordis), mientras un magistrado del Tribunal Supremo pone en libertad bajo fianza a otros (todos los miembros de la Mesa del Parlament excepto Joan Josep Nuet).

Por mucha independencia judicial que se quiera, este doble rasero en los tribunales españoles no es la mejor de las tarjetas de presentación ante una comunidad internacional que se coge con papel de fumar los asuntos de derechos y libertades ciudadanas.

Llegados a este punto, con las elecciones del 21-D a la vuelta de la esquina, el Gobierno debería afinar en sus próximas decisiones para que el procés desemboque definitivamente en la playa de seny.

Para ello es imprescindible que trabaje para que estos comicios se celebren con total normalidad, es decir, con los candidatos de todos los partidos políticos en la calle.

Si no lo hace, me temo muy mucho que tendrá que ponerse en manos de la teoría de la conspiración y hasta resucitar a Hugo Chaves y a Stalin para echarles la culpa de la miopía y la torpeza que ha derrochado en el filo de la navaja.

Por cierto, apoteósica la encuesta de El País: Ciudadanos se dispara con la crisis de Cataluña y disputa la primera posición electoral al PP y al PSOE.

Por un momento creí que era la portada de El Jueves, que le había dado por cachondearse cruelmente de Rivera, Riverita.

¿Qué trama estará detrás de semejante desvarío demoscópico?

¿Quizás la TIA?

Desde luego, algo de ADN de Mortadelo y Filemón se aprecia en las tripas de este sondeo de El País para Metroscopia.

PD: La ruptura del pacto de Barcelona en Comú y el PSC en la capital de Cataluña deja a Ada Colau en minoría y algo más. Los

comunes echan por apenas 300 votos a los socialistas del equipo de gobierno municipal por apoyar estos el artículo 155, y dejan a la alcaldesa con el respaldo de solo 11 de los 41 concejales.

Pero también sacrifican la condición de bisagra de Colau, que, sin ninguna duda, se sitúa al lado del independentismo tras haber derrochado ambigüedad. Además, en un contencioso que poco o nada tiene que ver con la gestión de los servicios públicos –la propia Colau había dicho recientemente que estaba satisfecha con la acción de gobierno de los miembros del PSC en esta materia-, Barcelona y los barceloneses resultan los principales damnificados con este ejercicio de democracia interna de los comunes.


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