Entre flores y macetas

15 Nov 2017
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A estas alturas de la película, no me cabe ninguna duda de que los independentistas son los principales responsables de la gravísima situación social y política creada en Cataluña. Es verdad que el Gobierno ha estado cinco años sesteando, pero quizás es el segundo en el ránking de responsable.

En el mundo sindical lo primero que se aprende es que no se puede dar un paso hacia delante sin saber con certeza las consecuencias reales de esa acción.

Acostumbrados a administrar las derrotas para acabar arrancando avances históricos en los derechos de los trabajadores, los sindicalistas profesionales nunca hubieran cometido el error de los independentistas, que declararon la DUI aplicando el manual de la política de hechos consumados y a la espera de que la presión de la mitad de la sociedad catalana y de la opinión pública internacional (¿?) convertirían a Cataluña en una república soberana en un cuarto de hora.

El error de cálculo ha sido manifiesto; la aplicación del artículo 155, el encarcelamiento de consellers y líderes sociales, la orden de busca y captura de Puigdemont, la tocata y fuga de varios miles de empresas (un millar cambió incluso de domicilio fiscal), el deterioro de la imagen de Cataluña, la fractura de la convivencia, etc.

Pero aún hay una oportunidad, las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Debería ser el punto de partida de un volver a empezar, de un entierro de la DUI y de todos sus daños colaterales.

Sin embargo, hay partidos políticos en las dos orillas que siguen en sus treces, atrincherados en sus condiciones, atrapados por sus prejuicios

Por un lado, en el sector independentista, la CUP no dará tregua y volverá a reivindicar la DUI en el momento que le toquen las palmas. Está por ver si ERC, que se supone que será la fuerza más votada, seguirá la misma estela. Si a Rufián no lo neutralizan -no ya poniéndole unas esposas sino una camisa de fuerza- no me cabe duda de que la cabra volverá a tirar al monte.

Al PDeCat, con Puigdemont o sin Puigdemont, no le cabe otra que empezar a recoger vela y aceptar una alternativa a la DUI. De hecho, escuchado al ex presidente, ya están en ello.

Ciudadanos es en el sector español lo que la CUP en catalán. Tal es su derroche de frentismo, tal su exhibición de nacionalismo español que le está robando los votos de la extrema derecha al mismísimo PP (sobre todo después de que Aznar elogiara a Rivera, Riverita en una entrevista en la Cadena SER).

Parece ser que al gran cuñado de la política española le va de lujo electoralmente echando leña al fuego sobre la Cataluña (ahora está embarcado en el adoctrinamiento en las escuelas) que le vio nacer, con la excusa de que a los independentistas, ni vichy catalán.

Tan bien le va que hasta ha dado para una encuesta de ciencia-ficción elaborada por El País para Metroscopia.

Sin embargo, me da a mí la impresión de que el 22 de diciembre nos va a tocar la Lotería a todos aquellos ciudadanos que estamos hasta las pelotas de este frentismo de ‘papafritas’.

Y nos va tocar porque los partidos nacionalistas que, como la CUP (catalán) o Ciudadanos (español), quieran continuar con esta fractura sobre fractura, con esta guerra a veces soterrada, a veces en carne viva, con este mal rollo entre hermanos, vecinos o primos lejanos, con esta producción industrial de mala baba, con esta propaganda repugnante de TV3 y de RTVE, se van a quedar con la cara partida, fuera de una solución para que Cataluña sea Cataluña pero sin dejar de ser España.

Porque de eso se trata, de convencerlos, de convencernos, en vez derrotarlos, de derrotarnos.

Me hace mucha gracia aquellos que defienden más cárcel, más fuga de empresas, más compromiso en el boicot a los productos catalanes, más chistes insultantes sobre catalanes, más Montoro, más Zoido, más madera, más leña al mono, no se dan cuenta de que esos excesos de patriotismo visceral y poco inteligente sólo  sirven para  abonar el terreno del independentismo que nace en las tripas y cuaja bajo el paraguas de un bajo coeficiente intelectual. La misma leche.

En fin, como dice mi hermano y maestro Juan José Téllez, probemos a regalarnos flores en vez de tirarnos macetas.


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