Opinion · Postdatas

Un país de chirigota

Debe ser porque el Carnaval está a la vuelta de la esquina, pero el caso es que España, nuestra querida España, parece enteramente en los días que corren como galgos por un sembrado un país de chirigota.

El Rey se cuela en Davos para pronunciar ante el Foro Económico Mundial una sesuda conferencia sobre el progreso de la economía y la sociedad española (“Presente y futuro de España y Europa”); una apuesta por el pluralismo y el respeto a la ley frente a la crisis catalana.

Felipe VI haciendo de Rajoy y luchando contra el populismo y el nacionalismo codo con codo con Macron, Merkel y el Séptimo de Caballería, aunque para ello se haya tenido que pasar por el forro de los pantalones a la mismísima Constitución, que, como es sabido, en ningún caso contempla que el principio monárquico se pueda anteponer al principio de legitimación democrática. ¿Recoge la Carta Magna la posibilidad de que la Generalitat de Cataluña pueda proclamar unilateralmente la República Catalana? No, pues lo mismo: no; es decir, el Rey, con el permiso de Rajoy, se está saltando a la torera la Constitución. ¿Cómo? Lo que oyen.

Hacen lo mismo que Puigdemont y cía., pero en Davos en vez de Bruselas y sin tanta escandalera.

Y si este cambio de papeles –o pérdida de papeles, más bien- se debe a que Rajoy sabía –que lo sabía- que Ricardo Costa iba a dejar meridianamente claro en sede judicial que el PP fue una organización delictiva con ánimos de financiarse compulsivamente, pues que hubiera mandado a Davos a la vice Soraya Sáenz de Santamaría, que es de lo poquito decente y eficiente que le queda en su Gobierno. Pero jamás de los jamases al Rey, que se ha comportado como sus primos de Oriente Próximo y Lejano, dueños y señores de la soberanía nacional.

Y no es por un republicanismo radicalmente antimonárquico, sino por constitucionalismo. Sí, ese mismo constitucionalismo que hemos defendido la mayoría de los españoles contra el disparate de los tomates del independentismo supremacista catalán.

¿Pero qué podemos esperar de un país gobernado por un partido político corrupto sin ningún género de dudas? ¿Qué podemos esperar de un presidente del Gobierno que en vez de irse a su casa tras la traviata de Costa anuncia que volverá a presentarse?

Pues que Rajoy, cuando se le interpela en un programa radiofónico sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres, responda: “No nos metamos en eso”.

Es de suponer que si le hubieran preguntado por la mierda de salarios que nos ha traído la recuperación económica, sobre todo para los jóvenes, nos sorprenda con otro “no nos metamos en eso”.

Y así como la violencia de género, la memoria histórica, el mundo de la cultura, la sanidad y la educación públicas, etc.: “No nos metamos en eso”.

En fin, un país de chirigota, donde corremos el peligro de dejar de ser ciudadanos para ser súbditos, súbditos a quienes que se les puede dar cocotazos, a  quienes hasta se les puede robar la cartera.

Por cierto, ya puestos, ¿por qué Felipe VI no prolonga su gira y da una conferencia en Alt-Moabit, 96, 10559, Berlín, sobre la corrupción del PP y en la familia real española? En Transparencia Internacional  le agradecerán la información.