Opinion · Postdatas

El cumpleaños del Rey

Escribo este artículo el día del cumpleaños del Rey. 50 tacos dan para un despliegue gordo de elogios y alabanzas. En fin, reportajes a diestro y siniestro, dando por cerrada de camino la crisis monárquica que llevó a su padre a abdicar y le colocó a él en el trono. El discurso firme y memorable para enterrar las mangancias vitaminadas de Urdangarín y señora. Modernidad por decreto. Panegíricos de Estado de obligado cumplimiento.

Pero ni que decir tiene que la España real no tiene nada que ver con la que nos visten de largo para festejar el cumple del jefe de Estado.

A pesar de su solemne y firme defensa de la unidad de España, entre flores, fanguillos y alegrías, Cataluña está a punto de un repique de un nuevo choque institucional, con Puigdemont arrastrando al Parlament a la desobediencia.

Que siga el espectáculo judicial hasta el infinito y más allá, con la política desaparecida en combate y el Tribunal Constitucional sacándole las castañas del fuego al Gobierno, que ha estado en la última torpe y lento.

Eso sí, si hace falta sacar de nuevo a Felipe VI, se saca: se saca para que se marque un discurso de modernización de España como el de Davos, donde habló con palabras de presidente del Gobierno.

Por lo demás, el partido que sustenta al Ejecutivo pepero, con la corrupción cinco dedos por encina de sus cejas, sigue a lo suyo: mientras imparte teórica un día sí y otro también sobre la importancia del imperio de la ley –ni en Star Wars se pusieron tan pesados-, busca cómo escaparse de la acción de la justicia aunque sea por la gatera.

En el caso de los ordenadores de Bárcenas –sí aquellos que se quedaron sin disco duro por arte de magia potagia-, la Fiscalía de Madrid quiere sacar al PP del banquillo de los acusados aplicándole la ‘doctrina Botín’.

Todo porque Bárcenas no acusa ya, todo porque no hay pruebas de que en los discos duros hubiera datos de la ‘caja B’.

Un poquito más de impunidad; una impunidad que empezó con Esperanza Aguirre. Sí, cuando se llevó por delante en la Gran Vía madrileña a una moto de la Policía Local y se dio a la fuga con los agentes pisándole los talones hasta Malasaña, con la Benemérita guardándole el palacete.

Ni un rasguño judicial. Al final, se marchó porque quiso, después de que pillaran a su enésimo colaborador, Ignacio González, hecho un quinqui de tomo y lomo. Y se piró destrozada, lloriqueando por la pandilla de golfos que le asesoró y le acompañó desde que logró la presidencia de la Comunidad de Madrid gracias al tamayazo. Pobrecita, daba una pena: ella la única honrada entre Alibaba y los cuarenta ladrones.

Si en la España real el caso de los ordenadores de Bárcenas y la tocata y fuga de Esperanza Aguirre hubiera tenido como actores principales a ciudadanos corrientes y molientes –sí, de esa mayoría silenciosa que no tiene cuñados influyentes-, les hubieran dado la del pulpo.

¿Le aplicarían la doctrina Botín? Jajaja. Eso es para gente con apellidos caros: Botín, Rajoy, Aznar, Rato, etc… ¿Le dejarían dormir en su casa sin hacerle un control de alcoholemia tras llevarse por delante una moto de la policía? Jajaja. Ni de coña: eso sólo le ocurre a quienes aparte de apellidos caros, tienen la cara muy dura, de hormigón armado. A cualquier desgraciado –léase ciudadano sin pedigrí y al corriente de pago con Hacienda- le hubieran dado dos guantazos y, por supuesto, pensión completa durante una noche en los calabozos municipales.

Para un ciudadano de a pie, para un paisano de esa mayoría silenciosa que acumula gestas todos los finales de mes, la España del publirreportaje del Rey, esa de cuentos de hadas y princesitas –y brujas, que habeylas, haylas-, de familia feliz comiendo lentejas con chorizo, es una peli de Disney.

La España real se sustenta en una recuperación económica basada en los trabajos temporales, con salarios de mierda, con los jóvenes

emigrando o tragando condiciones laborales tercermundistas, con pensionistas que no tienen ni para pipas y siguen ayudando a sus hijos –se les puede ver llevando o recogiendo puntualmente a sus nietos del cole-, con mujeres a las que la brecha salarial las convierte en ciudadanos de segunda clase –ya le vale a Rajoy, con lo de “mejor no meterse ahí”, con dependientes y familias reventados por los recortes y los atrasos. Y todos los caninos de la Tierra que restan.

Muchos de ellos cumplen hoy también años. ¡Felicidades, y salud, mucha salud!