Opinion · Postdatas

Demasiados huevos duros

 

Si usted bebe de los principales medios de comunicación de este país -de nuestra querida España, perdón-, se habrá dado cuenta de que los españoles nos estamos volviendo de derechas.

Según las encuestas de estos mismos medios, PP y Ciudadanos estarían jugándose la cabeza de carrera del pelotón electoral, con el PSOE y Unidos Podemos camino a la perdición: en dos o tres sondeos más, izquierda extraparlamentaria, fijo. Falta un cuarto de hora para que la Unesco declare al ciudadano progresista o de izquierdas una especie de vías de extinción. O eso acabarán publicando aunque sea mentira…

Ante tanto declive a la siniestra, solo queda la diestra. Pero populares y naranjitos, aliados hasta hace bien poco en España y en comunidades autónomas como Madrid o Murcia, han empezado a darse cornadas en público y en privado.

Rivera, de justificar el apoyo a Rajoy por el bien de España y la humanidad, ha pasado a negarle el pan y la sal presupuestarios por el bien de Ciudadanos y el Ibex-35, que viene a ser como la humanidad pero en formato reducido y VIP.

Y donde había responsabilidad y patriotismo, ya solo queda ambición y dos huevos duros, sobre todo muchos huevos duros.

Porque dos huevos duros es lo que está poniendo continuamente Ciudadanos en la escena política española desde que Arrimadas ganara las elecciones catalanas, desde que Rivera y sus mariachis descubrieran que Génova es lo más parecido que hay a la cueva de Alibaba en nuestra querida España.

Pero el PP hace lo propio para no quedarse atrás electoralmente.

Así las cosas, en los últimos días, Ciudadanos y el PP pugnan por a ver quién hace la mayor cafrada con el modelo lingüístico catalán. Rivera exige que el español sea vehicular en Cataluña, y  el Gobierno está pesando si liarla parda con el artículo 155, estudiando si mete mano o no, con casilla o instancia, a un modelo lingüístico que solo puede cambiarlo el Parlament, que desde las elecciones autonómicas está vivito y coleando aunque no lo parezca por su incapacidad para elegir president.

En fin, dos huevos duros por cada parte y, en este caso, bañados en gasolina no para defender al español sino para atizar el fuego de la discordia, para darla una nueva vuelta de tuerca al ¡a por ellos!, para ser tan provincianos como los independentistas, para levantar un muro en Cataluña que compita con el que Trump quiere vomitar en la frontera con México.

El otro episodio competitivo que han protagonizado Ciudadanos y PP ha sido con la cantada rojigualda de Marta Sánchez, que está hasta emocionada ante tantos elogios, incluidos los de Rajoy y Rivera, que se le han cuadrado vía twitter.

Esteban González Pons, el portavoz de los eurodiputados del PP, ha puesto dos nuevos huevos duros: ha propuesto que Marta Sánchez de el cante en la mismísima final de la Copa del Rey, que enfrentará al Barça y al Sevilla.

En fin, como recuerda Max Pradera en un tuit, el himno de Alemania lleva la música del compositor Haydn y la letra del poeta August Heinrich Hoffman von Fallersleben, y el de España, tras la última intentona de Marta Sánchez, la música es de un sargento chusquero y la letra de la cantante de Olé Olé.

Pero lo peor de todo, los dos últimos huevos duros de la pelea entre las derechas, es que el ministro de Cultura de nuestra querida España, Íñigo Méndez de Vigo, ha pedido el teléfono de Marta Sánchez con intención de llamarla.