Opinion · Postdatas

Un cubo de basura sobre las universidades españolas

El caso Cifuentes está muriendo en la playa de la impunidad. Como otros tantos casos en Madrid, los populares, aferrados a la máxima de quien aguanta, gana, aspiran a irse de rositas. ¡Viva Camilo José Cela!

Esperanza Aguirre, con un vicepresidente y un secretario general en el talego, es el ejemplo más evidente de esta especie de patente de corso para pasarse por el forro de los pantalones lo que sea que acompaña a determinados líderes del partido de la gaviota en la capital del Reino.

Hasta la moto de un policía se llevó por delante antes de protagonizar una tocata y fuga, con los de Movilidad pisándole los tacones, hasta su palacio de Malasaña.

A cualquier desgraciado –incluido un servidor- le cae en la broma una somanta de hostias y una noche en los calabozos municipales a pan y agua. Normal.

Pero lo dicho, lo de Cifuentes se está diluyendo tras renunciar la señora presidenta al máster y después de pedir perdón “al cualquiera que haya podido sentirse agraviado” por haber aceptado “las facilidades y las condiciones flexibles” que le ofreció por la cara la Universidad Rey Juan Carlos (URJC). ¡Toma ya, facilidades y condiciones flexibles!¡Ni el Corte Inglés! ¡Debe ser una sucursal de la Virgen de Rocío!

Y encima culpando a la URJC de que “la obtención de dicho máster se ha visto afectada, al parecer, por diversas irregularidades administrativas, totalmente ajenas a mí”. ¡Bingazo de balones fuera!

Casi simultáneamente, cuando Cifuentes ya había entregado la cuchara del máster y había dejado en el tejado de la universidad madrileña el tomahawhde las responsabilidades, el rector, Javier Ramos, en vez de rebotarse y mandarla a freír monas, se puso interesante y anunció en un artículo de prensa en El País que “si se confirma la falsedad documental, solicitaremos la retirada del título a Cifuentes”.

A la espera de que esto quede en nada, en renuncia o en moción de censura… Ciudadanos, el partido que a día de hoy mantiene a Cifuentes, no sabe por dónde tirar.

Sus votantes parece que sí lo tienen algo más claro: están por un puerta y calle para sentar en el primer sillón de Madrid al socialista Ángel Gabilondo, un señor intachable y sin ningún máster de estraperlo en su currículum.

Pero me da a mí que sus dirigentes y sus patrocinadores están por un apaño con el PP -un candidato de cuarto y mitad hasta las próximas autonómicas-, con la excusa de evitar que la izquierda radical y la gente honrada tomen las riendas de una las comunidades autónomas más importantes de España y quizás la más saqueada en la medida universal de millón de euros por metro cuadrado.

Y no vaya a ser que cambien las tornas y Ciudadanos necesite al PP para instalarse en la Puerta del Sol, al lado de donde se vende y se compra oro.

Mientras corren las horas y los días con Cifuentes encelada (por Cela), hablemos del himno, de Puigdemont, de los independentistas, que son más malos que un rajón y que solo buscan romper Europa a fuer de hacer el ridículo y viceversa.

¡Qué bonitos los policías nacionales requisando camisetas amarillas como si fueran armas de destrucción masiva! ¡Qué bonito Puigdemont haciendo turismo precarcelario por Alemania! ¡Qué bonito el procés sin nadie que le dé un duro y acusado de malversación! ¡Qué bonito esta España nuestra, esta España tuya, esta España mía, vetando a Kosovo!¡Qúe bonito Iniesta en el Wanda!¡Qué bonito está Badalona…! ¡Qué bonito nuestro Serrat cantando de nuevo Mediterráneo y que se mueran los independentistas más feos!

Eso sí, mientras nos distraen para que Cifuentes pase el sarampión del máster, la verdad sigue ahí, al alcance de la mano: el cubo de basura que ella, el rector y compañía les han echado a las universidades públicas españolas, que rebosan descrédito sin atenuantes y mierda sin edulcorantes en la exquisita Europa de Bolonia.