Las tres patas del PP

Jorge Bezares

 

Que en el PP robaban, ya lo sabíamos. El ex presidente Ignacio González y el ex secretario general Francisco Granados han pasado una buena temporada en el talego por las mangancias varias asociadas a los casos Lezo y Púnica, respectivamente.

Y están Gürtel, Bárcenas, etc… Con tanta población político-penitenciaria, la cueva de Alibaba se ha quedado pequeña para los peperos. De ahí el plan de dispersión de presos por otras cárceles españolas. Como siga esta tendencia alcística de delincuentes con acta de concejal o de parlamentario van a tener que reabrir Carabanchel –como Carabanchel Gaviota Arena- para acoger de nuevo a presos políticos.

Pues bien, González y Granados están ahora en libertad.

González casó hace unos días a su hija Lourdes, e incluso se marcó unos pasos de baile al ritmo de Mack the Knife. La entregó en Santo Sacramento en la capilla de la Universidad Pontificia de Comillas ICAI-ICADE. Cosa cara, de cara dura, digo; eso sí, curro del caro asegurado para la chiquilla, pobrecita, por santificar semejante templo.

Ahí estaba el tío hecho un pincel, dispuesto a irse de rositas. Si se ha escapado Esperanza Aguirre -aunque haya sido con la policía pisándole los talones-, por qué no puedo yo también marcarme una tocata y fuga en do menor, debe pensar esta especie de presunto carterista de alto standing.

Y Granados ha sido pisar la calle y ponerse a cavar tumbas. A modo de aviso a navegantes, a Cifuentes le buscó las cosquillas con unas declaraciones ante el juez, donde le atribuyó con muy mala baba un rollete sentimental con Ignacio González, y mira dónde ha acabado la chica de la Tolerancia Cero del PP.

Que en el PP mentían, ya lo sabíamos. Entre los incumplimientos, embustes y medias verdades de Mariano Rajoy y el secuestro simulado de Bartolín, un concejal popular de La Carolina (Jaén), había material suficiente para convertir Génova, 13 en la residencia oficial de Pinocho en España.

El máster fantasma de Cifuentes en sí mismo ha sido el último episodio de este ‘vamos a contar mentiras’ en versión CV, con un posible brote de amiguismo y tráfico de influencias que tendrá que determinar los tribunales de justicia antes de que acabe este siglo.

Rajoy sigue en activo aunque no lo parezca, Cifuentes, de gira turística con la familia, y Bartolín, qué sabe nadie.

Que en el PP insultaban por los bajinis a los ciudadanos, también lo sabíamos. Adreíta Fabra, que lanzó en el Congreso un “¡que se jodan!” después de que el Gobierno redujera las prestaciones por desempleo, inauguró parlamentariamente esta costumbre tan fea, tan poco PP, tan grosera, tan obrera…

Ahora ha tomado el relevo la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro, que, ante una protesta de pensionista alicantinos contra Rajoy, su dios en la Tierra, reaccionó con desahogo, soltando por lo bajinis una especie de eructo o ventosidad dialéctica. “Ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles os jodéis”, comentó a un propio de su cuadrilla.

Como la pestilencia llegó a oídos de la canalla libre,   que es poquita y digital, ha tenido que pedir disculpas. “Lo mejor es pedir disculpas y santas pascuas”, declaró muy resuelta. Le ha faltado añadir: “Y os jodéis, coño”.

La Fabra ha vuelto a Telefónica, la casa común del PP y el PSOE  a efectos de empleo, y Martínez de Castro sigue en Moncloa a la espera de una nueva ‘mani’ contra Rajoy donde poder dejar constancia de forma más discreta del glamour de las flatulencias monclovitas.