Opinion · Postdatas

Nido de pájaro

Sostiene Wikipedia que “un nido de ave es el lugar en el cual un ave pone e incuba sus huevos y cría sus polluelos”. Y se explica: “Mientras que el término popularmente se refiere a la estructura específica hecha por el ave misma -tal como el nido de hierba en forma de cuenco del zorzal robíno del mirlo común, o el nido colgante elaboradamente tejido de la oropéndola americana de Moctezuma, del tejedor aldeanoo del pardalote cejirrojo– esa es una definición muy restrictiva”.

Para algunas especies de salanganas linchi, del género Collocalia, los nidos son como aquellos pisitos de protección oficial de paredes de papel de fumar de los sesenta y los setenta, “enteramente de saliva, que se seca y endurece para formar una repisa en la pared de la cueva dentro de la cual el ave pone sus huevos”.

Sostiene Wikipedia “los nidos de aves más pequeños son los de algunos colibríes, copas pequeñitas que pueden llegar a ser de solo 2 cm de ancho y 2-3 cm de alto”. Y en el otro extremo, “algunos nidos de montículo construidos por el megápodotalégalo de freycinet miden más de once metros de diámetro y casi cinco metros de alto”.

Y concluyo este corta y pega, con guiño a Antonio Tabucchi: “En la mayoría de las especies, la hembra hace todo o la mayor parte del trabajo de construcción, aunque el macho frecuentemente ayuda.En algunas especies poliginas, el macho puede, sin embargo, hacer todo o la mayor parte de la construcción del nido”.

Las aves y los seres humanos son muy parecidos a la hora de construir sus nidos. De hecho, los pájaros, en varias de las acepciones que recoge la RAE, son más personas que plumíferos.

En una de ellas, Irene Montero y Pablo Iglesias, de moda por la compra de una casa de más de 600.000 pavas en Galapagar (Madrid) –de las que gustan al megápodotalégalo de freycinet-, encajan al milímetro: “Hombre (mujer) que sobresale o es especialista en una materia, particularmente en las de política”.

A buen seguro que todos aquellos que se han mostrado comprensivos con el casoplón, con el argumento de que “la gente de izquierda también tiene derecho a vivir en una buena casa siempre que la pueda pagar”, optarán por esta definición para ubicar en el universo a la pareja de moda.

Sin embargo, para otros muchos, que han criticado duramente el chalé con vistas, Montero e Iglesias encajarían en otra acepción: “Persona astuta y con muy pocos escrúpulos”.

Y no les falta tampoco razón, sobre todo tras haber escuchado a Iglesias decir “si llego a Moncloa seguiré viviendo en mi piso de Vallecas”, después de escucharles criticar otra casita de 600.000 que se compró en su día el entonces ministro de Economía, Luis de Guindos.

En fin, está claro que la casa de Galapagar no es una tienda de campaña del 15-M, ¿no? Y donde las dan, las toman, ¿no? Y lo de que ellos se la han comprado para vivir y no para especular, pues no vale un pimiento desde el punto de vista político.

En cualquier caso, quiero y deseo destacar la perspectiva familiar de unos padres primerizos que están a la espera de dos bebés. Eso, en la esfera más humana, lo justifica todo: la compra misma de una casa a contramano de la ideología y todas las locuras que puedan venir hasta preparar el nido para los nuevos reyes de la casa (en este caso los nuevos presidentes de la república de la casa)

Yo hace mucho que fui padre, pero aún hoy recuerdo los meses previos al nacimiento de mis tres hijos como una locura de quita y pon, de arreglos, de una espera desesperante, de frenesí, de corre y corre que estoy a punto de romper aguas, de hoy me apetece cenar paella y desayunar callos a la madrileña…

Pocos acontecimientos son más importantes -y son los que generan más felicidad, sin duda- para unos padres que el nacimiento de los hijos. Enterrarlos, dicho sea de paso, genera el dolor más inhumano imaginable.

Después crecen y crecen y llegan a la adolescencia, esa enfermedad llamada adolescencia, y te arrepientes de no habértelos comidos, claro.

Por eso entiendo a Irene y a Pablo. Y les deseo montañas de felicidad con sus hijos.

Eso sí, votarlos, lo que se dice votarlos, pues no.

Pero eso no quiere decir que no votaría a Podemos. Por ejemplo, si viviera en Cádiz capital, no tendría ninguna duda: votaría a Kichi. Me cae muy bien, es de izquierdas, me parece un tipo honrado y estoy convencido de que seguirá viviendo en su piso de currante, de colibrí de toda la vida de Dios. Y, sobre todo, nadie, absolutamente nadie, podrá decirle por la calle eso de “menudo pájaro” por su nido.