Opinion · Postdatas

Ojalá regrese la decencia

 

El filósofo sevillano Emilio Lledó, cumplidos los 90 años, hizo balance de su vida: “Estoy orgulloso de mi trayectoria y ahora que ni siquiera estoy en la Tercera Edad, que mi sitio es ya el de la esperanza de vida, eso no me impide seguir trabajando, seguir teniendo ilusión; todavía tengo la ilusión de ver de qué manera podemos echar a los corruptos del poder”.

La sentencia de la Gürtel, que se ha llevado por delante al PP y al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que ha quedado como un gran mentiroso, es una nueva oportunidad para cumplir el deseo de Lledó.

Todo eso, sin olvidar la guinda del exministro Eduardo Zaplana, que ha ingresado en prisión por mangante vitaminado tras retratarse en la boda de la hija de Aznar. ¡Menudo mal fario lo del casorio pseudoreal! Casi solo quedan en libertad Aznar y los camareros.

Ante tanto latrocinio, el PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos, si cumplen con sus respectivos compromisos contra la corrupción, deberían respaldar sin dilaciones la moción de censura que encabezará a buen seguro Pedro Sánchez para poner de patitas en la calle a esta pandilla de delincuentes de cuello blanco y manos largas, descendientes directos de Alibaba y los 40 ladrones. Bárcenas es clavado al fundador de esta dinastía de carteristas procedente de desiertos lejanos.

Hasta el momento, sabemos que los socialistas y los podemitas están por la labor. Desde luego, a Pablo Iglesias y a Irene Montero les viene de lujo por un asuntillo sucedido en un lugar de Madrid de cuyo nombre no me quiero acordar.

Ciudadanos, por boca de su líder, mantiene que “esto lo cambia todo” pero sin dar más norte. Es lógico, Rivera tendrá que consultar con sus patrocinadores a ver qué les conviene.

A mí me da que buscarán otro apaño como el perpetrado en la Comunidad de Madrid tras el máster y las cremas para la cara dura de Cristina Cifuentes. Es decir, sí pero no: te echo con trompetas y tambores, golpes de pecho y el himno de Marta Sánchez, pero te quedas de medio pensionista no vaya a ser que se me enfaden los ideólogos y sacerdotes del Ibex-35.

En cualquier caso, el PSOE de Pedro Sánchez está obligado a tirar para adelante sí o sí. Y si Ciudadanos y sus patrocinadores escogen el lado oscuro de la fuerza quedaran retratados como unos aprendices de brujo, como los cómplices necesarios del PP, como una especie de retrovirus de corrupción, con un toque populista-joseantoniano-liberal. Allá ellos con su película y con sus trampas.

En fin, como decía Lledó antes de las últimas elecciones, ojalá regrese la decencia a una España que ha tocado fondo con la crisis territorial provocada por los independentistas catalanes y la corrupción institucional generada por el PP.

Ojalá regrese la esperanza. Pertinaz luchador contra la oligarquía democrática que quiere instaurar el régimen de la desigualdad,  rocoso gladiador contra el odio, el egoísmo y la codicia, incansable batallador contra el engaño y la falsedad de los prepotentes, el filósofo sevillano, siempre Lledó –ojalá viviera mil años-, señala para mí el peor legado que nos han dejado estos piratas del Caribe fiscal 3.0: la desesperanza; sí, esa que  está detrás de la masiva fuga de miles y miles de jóvenes españoles allende de nuestras fronteras en busca de trabajos y salarios dignos.

Especialmente sensibilizado y jodido en estos días por la marcha de mi hijo mayor demasiado lejos y sin anestesia, como cualquier padre, como cualquier ciudadano quiero que estos ladrones, que les han robado mordida a mordida el futuro a los jóvenes españoles, acaben achicharrándose en el solárium de Alcalá-Meco para que mis otros dos hijos no sigan el camino de su hermano y para que guelvan todos los inmigrantes, que cantaba Carlos Cano en la Murga de los currelantes.