Opinion · Postdatas

Vete tú antes de que yo te eche

El ministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, le ha durado a Pedro Sánchez seis días mal contados.

Ya en su flamante Gobierno, chirriaba lo suyo. Tenía un puntito friki que no gustó a la ortodoxia socialista.

Pese a que detecto a los guardianes de la fe del PSOE, coincidí en mi desagrado con ellos por la procedencia de Màxim de la televisión espectáculo. Pero afortunadamente cambié de opinión pronto; en cuanto leí su currículum y le escuché hablar, me convencí de que lo haría bien, de que estaba a la altura del resto del Gobierno.

Sin embargo, el pasado se lo ha llevado por delante. Tras trascender que fue condenado a liquidar a Hacienda 365.939 euros por haber usado una empresa interpuesta para pagar menos impuestos entre 2006 y 2008, estaba políticamente muerto.

Pedro Sánchez, que dudó inicialmente e hizo dudar a algunos de los suyos –Adriana Lastra y Magdalena Valerio salieron en defensa de Màxim-, no tuvo más remedio que dejarlo caer; es decir, vete-tú-antes-de-que-yo-te-eche.

No le cabía otra al presidente del Gobierno que sustanciar la doctrina que él mismo se comprometió a aplicar: quien utilizara empresas interpuestas para pagar menos impuestos, puerta y calle ya sea en la dirección del partido o en el Gobierno.

Que Huerta pagó la correspondiente multa por defraudador, sí; que Màxim estaba pagando con la salida del Gobierno por segunda vez, sí.

El listón está así de alto tras el mensaje regenerador con el que Pedro Sánchez ha mandado al retiro a Mariano Rajoy.

Es verdad que no tiene nada que ver con los meses que se tiró Ana Mato agarrada al sillón ministerial después de salpicarle en toda la cara el cátering infantil de la Gürtel.

Pero, en una democracia consolida y madura, lo normal es lo que le ha pasado a Màxim Huerta: dimisión o cese fulminante en las primeras 24 horas.

De haber seguido el valenciano en el Ministerio de Cultura, Pedro Sánchez estaría ahora mismo sin discurso contra la corrupción y a punto de un repique del inicio de un vía crucis parlamentario a partir de la próxima sesión de control en el Congreso.

Al final, pese a que la medida quirúrgica se ha hecho rogar algo –tampoco mucho, un día-, el relevo de Màxim Huerta por José Guirao ha sido automático.

La ortodoxia socialista, que emana principalmente del susanismo, está contenta; eso sí, no se sabe muy bien si es por el patinazo ministerial de Pedro Sánchez o por ser el sustituto andaluz y socialista desde casi los tiempos de Pablo Iglesias.

En fin, no hay mal que por bien no venga: gracias al Gobierno de Pedro Sánchez los dirigentes socialistas andaluces están recuperando las neuronas del espíritu crítico. Ahora, una vez rodadas en tareas cainitas, solo falta que se apliquen el cuento.