Opinion · Postdatas

¿Otra vez se rompe España?

Las derechas –léase el PP y Ciudadanos- están que trinan con eso de que España se rompe de nuevo. En el 1936 dieron un golpe de Estado, ahora nos golpean a través de sus terminales mediáticas con propaganda barata sobre el peligro de nacionalistas y populistas. Si son ellos los más nacionalistas y los más populistas, ¿no? ¡Mira que están pesados con este relato de terror!

A través de esos órganos de propaganda, puede uno leer, ver o escuchar que el presidente del Gobierno está desmontando España, que la unidad de España está en grave peligro, que está dispuesto a ceder al País Vasco la caja de las pensiones, que si la eutanasia, que si va a acercar a los presos de ETA a las cárceles vascas, que a mí la Legión por Dios y la Patria.

A esta orgía de pamplinas y golpes de pecho se ha unido el todavía presidente de Asturias, Javier Fernández, el otrora Autoridad Moral de la gestora de Ferraz que tumbó a Pedro Sánchez en uno de los episodios más infames de la historia del socialismo democrático español.

En vez de optar por la discreción para agotar una singladura política manifiestamente mejorable, Fernández criticó la pasividad de su partido ante los nacionalismos bajo el paraguas de una conferencia titulada Modelo territorial del siglo XXI, invitado por la Asociación de Periodistas Parlamentarios.

En su opinión, se ha llegado hasta donde se ha llegado, al borde mismo del España se rompe –supongo-, porque los partidos políticos, principalmente los de izquierda, no reaccionaron ante las continuas “deslealtades” del nacionalismo por temor a ser tachados de “antinacionalistas prematuros”.

En fin, con esta incursión dialéctica en los foros capitalinos, el asturiano ingresó en el club de socialistas de carné al servicio de la derecha. Un oficio que goza de mucho prestigio en los círculos más fachas en Madrid, que, como es sabido, defienden la libertad de expresión por encima de otros derechos.

En tiempo y forma, se mire como se mire, el presidente asturiano se ha sumado a la campaña de la derecha que nos anuncia por enésima vez que España se rompe.

En cualquier caso, la visión de Fernández, muy del agrado de los socialistas involucrados en la vida socioeconómica de España y adictos a las puertas giratorias, nada tiene que ver con la realidad.

La fragilidad de España la ha traído el PP desde que en 2011 tomó las riendas de la cosa patria. Bueno, antes ya metió palos en la rueda con el recurso ante el TC contra el Estatut.

El separatismo catalán ha llevado tan lejos sus pretensiones, incluido un referéndum con urnas chinas y una declaración de independencia con la boca chica, por la inacción política del Gobierno del PP, que ha preferido ordeñar electoralmente en el resto de España el problema catalán en vez de resolverlo. Para que nos entendamos, lo ha dejado al pairo de resoluciones judiciales. ¡Menos más que no cayó en manos del juez barbado que no ama a las mujeres!

Esa es la España que ha heredado Pedro Sánchez: una España que ni siquiera se habla entre ella.

Por eso, de entrada, como primer paso, ha empezado a dialogar con todas las fuerzas políticas, incluidas las nacionalistas. Es muy fácil de entender: es conjugar en presente simple el verbo prohibido: yo dialogo, tú dialogas, él dialoga, nosotros dialogamos, vosotros dialogáis y ellos dialogan. Eso es lo que está impulsando el nuevo presidente del Gobierno.

Y, por supuesto, llegará a acuerdos. No sé si le darán como para hablar catalán en la intimidad, como tuvo que travestirse públicamente José María Aznar para ganarse el apoyo del CiU de Jordi Pujol –ya, por entonces, era tan corrupto como ahora-. Pero estoy convencido que lo hará dentro del marco constitucional y con el objetivo de reconstruir una España donde quepamos todos los españoles, incluidos los nacionalistas.

PD: Cambiando de tercio, hoy 27 de junio de 2018, Elena Maestre, una funcionaria del Ayuntamiento de mi pueblo, San Roque, se jubila. Después de toda una vida en Intervención, se marcha a su casa para descansar y disfrutar a jornada completa. Podría ser uno más de los 2,5 millones empleados públicos que hay en España, pero no lo es, al menos para mí. La conocí en mis inicios como periodista, allá en los ochenta, en los Cursos de Verano de San Roque –cuando esos cursos eran unos señores cursos- y me enseñó que la eficiencia y la honradez no estaban reñida con la amabilidad y las buenas formas. Su sonrisa, blanquísima y amplísima, era un arma de destrucción masiva contra las malas personas. Que te vaya bonito, cariño.