Opinion · Postdatas

¡Cristiano, vete a freír monas!

Mi padre, que era mi Dios particular, era del Barça, pero mi hermano Pepe, catorce años mayor que yo, me convenció de que me hiciera del Real Madrid. Me habló con tanta emoción y detalle de las cinco Copas de Europa de Di Stéfano, Puskas, Gento, Kopa, Rial, Santamaría, Del Sol, etc. Y de la sexta de Amancio, Pirri, Zoco, Grosso, etc.

Años después, militando ya como madridista radical en los partidos del Paseo de mi pueblo, pude ver en un Vanguard en blanco y negro a todos ellos, y renové de inmediato mi madridismo. ¡Cómo jugaba por todas las partes del campo Di Stéfano!¡Cómo las metía por la escuadra Puskas!¡Cómo corría la banda por dentro y por fuera Gento!¡Como gambeteaba Amancio!¡Cómo luchaba cada palmo de terreno Pirri!

En los ochenta reforcé mi madridismo con la llegada de Juanito Maravilla. ¡Qué jugador más grande! Lo llegué a entrevistar. Fue en un bar cercano a la antigua Ciudad Deportiva. Antes, cuando lo estaba esperando, presencié cómo le dio muy discretamente 10.000 pesetas de la época a un maletilla de Jerez para que pudiera montarse en un tren camino de nuestra tierra. Me da que la pasta le dio hasta para una Feria de grana y oro.

Del Real Madrid de los días que corren, en mi casa somos de Sergio Ramos. Somos del sevillano porque debutó con el Sevilla en Primera división con mi sobrino, Juanjo Bezares, cuando Caparrós –grande, Joaquín- los hizo saltar al terreno de juego en un partido frente al Deportivo de la Coruña. Y jugaron juntos en el Sevilla B. Años más tarde, recién llegado a Madrid, lo entrevisté para el Grupo Joly en un piso de la zona del Conde Orgaz.

Representa muchos de los valores que han hecho grande al Real Madrid: coraje, valentía y, sobre todo, sabe levantarse cuando cae en el barro. Todavía recuerdo cuando tras fallar aquel penalti en el Bernabeu frente a Manuel Neuer, se plantó pocas temporadas después en Munich y le metió al cancerbero alemán dos goles como dos soles en menos que canta un gallo para un 0-4 final.

Y, por supuesto, está el gol de fe, de no rendirse nunca del minuto 93 al Atlético de Madrid en la final de la Décima.

Además, cuando festeja los títulos se acuerda de los andaluces luciendo la verdiblanca atada a su cintura. Y tiene una familia de categoría.

Y somos de Isco, por su talento y porque nació a tiro de piedra de mi pueblo. Mi hijo Pablo lleva en el equipo del Esperanza de Madrid el 22 en la espalda por él. Morimos con sus regantes, alucinamos con sus pinchadas, festejamos sus goles por la escuadra izquierda… Es arte puro, y tiene pinta de buena gente.

De quien no soy es de Cristiano Ronaldo. Nadie duda de su capacidad goleadora, de su espíritu ganador, de su talento, de que es uno de los grandes jugadores de la historia…

Pero estoy harto de verlo enfadado cuando los protagonistas son otros compañeros, estoy harto de sus gestos de niño malcriado, estoy harto de que no se entere de que el fútbol es un juego de equipo y no de solistas.

Es tan malangecomo Mou. Y lo mío no es fobia a los portugueses: Eusebio, el gran Eusebio, todo un señor, era uno de mis ídolos. ¡Qué pena que Bernabéu no lo fichara en su día!

A lo que iba, tras lograr el Real Madrid Decimotercera colmó el vaso de mi paciencia. Cuando todos los madridistas estábamos festejando un nuevo título, una racha histórica, se descolgó con unas declaraciones muy feas insinuando su marcha. Bale tampoco estuvo muy fino, pero Cristiano estuvo horrible.

Ahora estamos en plena serpiente de verano de que se marcha. Que si Florentino Pérez le ha rebajado la cláusula de 1.000 a 100 millones para que se lo lleve la Juve, que si Mendes está negociando con el equipo italiano, que si está buscando casa en Turín, que si no es cuestión de dinero, que se va por que el presidente no le da cariño. En fin, un vodevil futbolero.

Ojalá sea cierto y se vaya a freír monas. Quien no lo conozca que lo compre. En el Real Madrid nadie es imprescindible después de que se marchara Di Stéfano y se retiraran Puskas y Gento. Ellos fueron los que dejaron como herencia el ADN señor y ganador impreso en el color blanco que ni con Colón.

Eso sí, que pague antes lo que le demanda la Hacienda española.

Cristiano Ronaldo faltó al respeto al madridismo la noche de Kiev, y demostró que ahora mismo no está a la altura de las grandes leyendas que han hecho y hacen grande al Real Madrid por muchos goles que marque, por muchos récords que bata.