Risas enlatadas

Jose A. Pérez

Principio de Incertidumbre

07 Feb 2010
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El Principio de Incertidumbre, como todo el mundo sabe, afirma que no se puede determinar simultáneamente la calidad y la audiencia de un programa televisivo. Cuanta más precisión se aplique en el estudio del contenido de un programa, menos se conocerá sobre su audiencia. Las conclusiones de este principio enunciado por Werner Heisenberg son, por tanto, obvias: no podemos establecer una relación entre la calidad y la audiencia de los programas de televisión.

La indeterminación siempre ha sido la religión de la tele, pero se ha hecho dogma desde que TVE no tiene publicidad y la espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas en forma de apagón analógico (ahora lo llaman “encendido digital” por aquello de pensar en positivo). Los caprichos del azar llegan a tal punto que, a veces, La Sexta gana a Telecinco sin que nadie sepa muy bien cómo demonios ha ocurrido. El prime time de Antena 3 se hunde en la miseria, y una cosa llamada “temáticas” es líder de audiencia día tras día.

Corren malos tiempos para la certeza, y la televisión, como todas las industrias, camina con pies de plomo hacia un modelo económico que ni intuimos todavía. ¿Pago por visión? ¿Integración en Internet? ¿3D? Lo único seguro es que la televisión, como todo en el Universo, deberá transformarse para seguir existiendo.

Responsabilidad social

01 Feb 2010
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Las actuales políticas empresariales defienden el concepto de responsabilidad social corporativa, que, en su esencia, se basa en no dejar el mundo peor de como se lo encontraron. La responsabilidad debe darse en todos los ámbitos: el económico, el laboral, el ambiental… Es una idea poderosa y casi etérea que pretende evitar que las empresas traten el mundo como un clínex (al menos explícitamente). Todas las grandes empresas tienen su manual de buenas prácticas, una suerte de listado de compromisos para con el entorno. Las cadenas de televisión también. Todas se comprometen, por ejemplo, a informar, a defender la libertad de prensa y de expresión, y a todas esas cosas que tan bien suenan.

Luego empiezas a ver los programas del corazón y ciertos informativos, y te preguntas dónde ha quedado la responsabilidad en esos espacios. Te preguntas si limitar la realidad a dantescos y terribles, vomitar horas y horas de imbéciles demostrados discutiendo sobre sus compañeros de cama es parte de un plan estratégico para hacer del mundo un lugar mejor. Somos una empresa privada, te dirán. Las buenas prácticas no tienen nada que ver con esto, te dirán.

Será que la responsabilidad social corporativa de ciertas cadenas pasa por nuestro derecho a apagar la tele. Ejercitémoslo, pues, responsablemente.

Veterano aprendiz

25 Ene 2010
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Iñaki Gabilondo se despidió de Noticias Cuatro con elegancia y modestia, agradeciendo a su equipo lo mucho que le ha enseñado en estos años y disculpándose por haberles enseñado tan poco. Gabilondo se marcha de la televisión llamada “generalista” para instalar su opinión en CNN+, en un espacio de dos horas con debates y análisis en profundidad. El espacio que quiere y merece.

Dice Gabilondo que no ha sabido adaptarse a los tiempos, y achaca su fracaso de audiencia a sus propias limitaciones. Y es cierto que Gabilondo se ha quedado antiguo. No ha sabido convertirse en busto parlante de rostro pétreo, no ha sabido soterrar su punto de vista, no ha aprendido a convertir la actualidad en espectáculo. Gabilondo se ha empeñado, durante cuatro años, en hacer un informativo de vieja escuela. Apenas ha chupado de Youtube, se ha negado a llenar su discurso de superlativos, ha rechazados los terribles, los inimaginables y los dantescos.

Cuando dejó Cadena Ser, Gabilondo le dijo a Jesús Quintero: “Me siento un profesional que tiene una responsabilidad ante un cliente. Y ese cliente es el espectador”. Con el tiempo, Gabilondo ha descubierto que el telespectador actual exige algo que él no sabe darle; una cosa que se parece al periodismo, pero que no lo es en absoluto.

Que siga, pues, el espectáculo.

Que se mueran las feas

09 Ene 2010
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La nueva ley audiovisual prohibirá los anuncios de productos adelgazantes y de cirugía estética en horario protegido, esto es, de 6:00 a 22:00. Es una enmienda de UPyD modificada por el PSOE que ha entrado en la ley y que, en principio, parece una cosa bastante sensata. La idea es que los niños y (sobre todo, me temo) las niñas no se obsesionen con su cuerpo, que no se conviertan en target precoz de clínicas de adelgazamiento y cirugía estética. Es decir, que no se enteren de cómo funciona esta sociedad nuestra.

El problema, claro, es todo lo demás, lo que está entre un bloque de anuncios y otro, eso que llaman “contenido”. De poco sirve regular la tiranía del cuerpo en los anuncios si, de forma más o menos explícita, sigue presente en todas las series y en todos los programas, si se sigue confundiendo éxito con músculos y tetas con paraíso. Pero, claro, tampoco es plan de prohibir la belleza ni de obligar a las productoras a que den papeles chulos a chicas del montón. No es plan, en definitiva, de dar la imagen equivocada a los chiquillos para que crezcan y tengan la errónea sensación de que la belleza está en el interior y que el físico es secundario.

En cualquier caso, la medida es buena. Ahora deberían eliminar los anuncios que fomenten la estupidez. TVE ya lo ha hecho.

Televieja

04 Ene 2010
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Viendo los programa que las cadenas emitieron después de las campanadas, parece obvio cuál ha sido el propósito de año nuevo de nuestras teles: ahorrar. Aun a costa de matarnos a todos se sopor.

La 1 tiró de archivo para hacer un Especial Ouija con retazos de populares cadáveres de nuestro panorama musical. Telecinco repitió la gala de Nochebuena. Cuatro se marcó un zapping, y La Sexta un Lo Mejor De la susodicha. Antena 3, por su parte, emitió una gala de ésas donde varios cantantes hacen como que cantan en un plató robado a alguna tele local.

Por un momento pensé que las teles estaban compinchadas con el sector hostelero y el plan era echarnos a todos a las calles, forzarnos a gastar dinero en los bares y acabar así con la crisis a base de copazos. Pero uno, que estaba enterrado entre clínex y frenadoles, no tenía el cuerpo para fiestas. Así que opté por la perplejidad catódica, por saltar de un botón a otro alucinando del low cost general, de la absoluta falta de ideas, de la ausencia total de esfuerzo innovador por parte de los programadores.

Al día siguiente leí que la noche del 31 se habían producido muchos más incidentes de los habituales, más intoxicaciones etílicas y reyertas. Normal, me digo, porque la sociedad es un reflejo de la tele (o al revés, no me acuerdo).