Sugiere Esperanza Aguirre que a Hermann Tertsch le han pegado por culpa del Gran Wyoming y de La Sexta. Alfonso Ussía, por su parte, acusa desde La Razón al “payasete Emiliuco Aragón” y se refiere al agresor como “cualquier idiota fanático de los que ven el programa producido por Globomedia”.
No es nada nuevo. Cada vez que un suceso conmociona a la sociedad, la Liga de los Bienpensantes lanza sus fantasmas contra el show-bussiness, sea Marilyn Manson, Padre de Familia, el Gran Wyoming o Emilio Aragón. Se criminaliza el entretenimiento (que podrá ser deplorable pero no criminal) y se le culpa de la crisis de valores porque siempre es más fácil que analizar los verdaderos motivos. Es más sencillo culpar a la tele que a unos políticos incapaces de construir, enredados en una interminable campaña electoral basada en la descalificación y la propaganda. Es más fácil culpar a los humoristas que a un sistema educativo vergonzoso que tiene el honor de copar los niveles más bajos en todos los indicadores europeos. Es más fácil culpar a los payasos que a la cultura cívica y democrática de un país que todavía arrastra demasiados vicios de dictadura. Los malos, ya ves, son los payasos. Porque los muy imbéciles van por ahí sugiriendo verdades. Con Franco esto no pasaba, ¿verdad, señor Ussía?
“Grítele, señora, grítele. Dígale algo, señora… ¡Bandido!” Se lo dice un reportero a una mujer que pasa por allí justo cuando Diego Pastrana, el hombre falsamente acusado de violar y asesinar a su hijastra, entra detenido en comisaría. En el video emitido en televisión no se escucha la dirección de actores del reportero, pero sí a la señora gritando: “¡Sinvergüenza, bandido!” Una gran interpretación, por cierto. Muy orgánica. El caso Pastrana empieza a convertirse en un manual de malas prácticas periodísticas. A la condena mediática se suma ahora este episodio que fue denunciado la semana pasada por TV3 y BTV.
En los programas de entretenimiento, un cómico sale al plató antes de que comience la grabación para entretener al respetable con chistes y esparajismos. En la jerga de la tele a esto se le llama “calentar al público”. Su objetivo es que el graderío esté animado desde el primer segundo de grabación. Práctica, por lo visto, adaptada a los informativos. Esta vez ha trascendido porque Pastrana resulta ser inocente a pesar de la hemeroteca, pero imagínate la de veces que nos habrán colado improperios inducidos como espontáneos. Es lo que pasa cuando la información y la prensa rosa se confunden. Es lo que pasa cuando la información es devorada por el show. Que siga el espectáculo.
El condón no sirve para luchar contra el sida en África por tres motivos. Primero, porque los africanos tienen las uñas hechas un cristo y rompen la goma. Segundo, porque los africanos no saben leer y, por tanto, no comprenden las complejísimas instrucciones del profiláctico. Y tercero, porque los condones deben mantenerse en un lugar fresco y seco. Eso dice el informativo de Intereconomía en un video que arde en Internet. El periodista que lo cuenta, un tal Rafael G. García de Cosío, se muestra nervioso y tartamudo, incapaz de creerse lo que está soltando en antena. Podría relacionar esto con la tesis de la banalidad del mal de Hannah Arendt -ésa que afirma que cierta gente es capaz de ejercer el mal ciegamente si el contexto le invita a ello-, pero prefiero hablar de la banalidad de la idiotez. Se trata de una simplificación de la filosofía de Arendt que me he inventado y que afirma que cualquiera puede llegar a ejercer la más virulenta estupidez inhumana por un contrato temporal. García de Cosío tenía la orden de defender en su reportaje las científicamente indefendibles tesis del Papa en contra del uso del preservativo en África. Así que optó -banalmente- por asesinar el sentido común y lanzarse a los brazos de la demagogia y la más apabullante imbecilidad. Por mil euros al mes.
Tras décadas de gresca política por los informativos de TVE, la actual directiva del ente público parece haber encontrado la panacea. Se trata de un modelo basado en el ni pa ti ni pa mí según el cual la realidad ya no es poliédrica, sino dual: la realidad del PSOE y la del PP. Una verdad compartida a partes iguales, medio punto de vista para cada uno, que unidos conforman el de este país (aunque sean, como suele ocurrir, puntos de vista antagónicos).
El instituto alemán Media Tenor, dependiente de la agencia para la innovación social InnoVatio Publishing, ha galardonado al Telediario 2 como el mejor informativo del mundo. Quizá sea un tributo a sus aplastantes medios técnicos, a su look amable y moderno o al tono cercano pero serio de sus presentadores. O quizá sea un premio al descubrimiento de ese modelo de verdad dual.
Es fácil confundir eso que hace el Telediario (la exposición sucesiva de diversos puntos de vista) con buen periodismo. Pero el periodismo no debería ser un collage equilibrado de distintas propagandas; el buen periodismo debería analizar la realidad desde los valores democráticos y divulgarla (lo cual, a veces, se confunde con opinión). Felicito sinceramente al equipo del informativos de TVE, pero si el Telediario 2 es el mejor informativo del mundo, mal vamos.
Hace un par de años, RTVE llevó a cabo un ERE por el que se libró de todos los profesionales mayores de 50 años. El próximo Presidente de la Corporación RTVE, Alberto Oliart, tiene 81. ¿Captas la ironía?
El señor Oliart es lo que se llama un hombre de consenso, avalado por PSOE, PP y hasta por CiU. También es un hombre sin ninguna experiencia en el mundo de la comunicación. ¿Por qué, entonces, nombrarle Presidente de RTVE? ¿Será porque fue Ministro de Industria y Energía con Adolfo Suárez? ¿O quizá porque fue Ministro de Defensa con Calvo Sotelo y Felipe González? ¿Será quizá porque presidió durante 17 años la Asociación de Criadores de Cerdo Ibérico? ¿O quizá porque las hijas de Joaquín Sabina son sus nietas?
Claro que también es posible que haya sido la única opción. Quizá ningún otro hombre de consenso haya aceptado un cargo tan delicado en un momento tan convulso. Después de todo, ¿quién querría hacerse cargo de una radiotelevisión pública cuyo presidente huye despavorido “por razones estrictamente personales”? ¿Quién querría dar la cara en una etapa marcada por la supresión de la publicidad que en la propia casa se ve como un salto al abismo?
Al señor Oliart le espera una labor peliaguda: evitar que RTVE se vaya al infierno. Si fracasa, al menos, será un fracaso de consenso.
El miércoles La Primera dedicó la noche a Barack Obama con un especial de 59 segundos y el documental Camino hacia el cambio, rodado durante la campaña electoral. La excusa era el primer aniversario de la elección de este tipo capaz de manejar la guerra con una mano y el Nobel de la Paz con la otra.
En este mundo americano, los pequeños países satélites celebramos las efemérides yankis como si fueran propias. Lo que más nos gusta del Imperio, lo que mostramos en televisión es el folclore: fiestas de Hollywood, tiroteos en institutos, Halloween y Obama. La parte más pop de una cultura pop infinitamente más molona que la nuestra. Llegará un día, me temo, en que toda nuestra iconografía sea americana. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría que nuestras alcantarillas echaran humo por las rendijas? ¿Quién no visitaría un Gran Cañón en Los Monegros? ¿Cómo no te va a enamorar la Ruta 666, el skyline de Nueva York, las cuestas de San Francisco? ¿Cómo no va a hechizar un líder mundial que ha hecho del posibilismo un eslogan, de la raza un símbolo, de las buenas intenciones un Nobel?
El sueño americano es ya el sueño del medio mundo, y los países satélites lo celebramos en prime time, combinando información con fenómeno fan a partes iguales. Que Dios bendiga América. Que Dios os bendiga.
Leo en el Periódico de Catalunya una columna de Ramón de España donde viene a decir que, a juzgar por la tele actual, el nivel intelectual de los españoles y las españolas se acerca peligrosamente al de los monos. El artículo está escrito en pleno arrebato de indignación catódica que comprendo perfectamente, aunque no comparto que la gente sea cada vez más estúpida ni que la tele de hoy sea peor que la de ayer. Con la tele, me da la impresión, ocurre ese fenómeno psicológico por el cual uno suprime o minimiza los recuerdos especialmente traumáticos sólo para poder seguir viviendo.
Nos quedamos con “El perro verde”, pero borramos “A las ocho con Raffaella”. Recordamos “La Bola de Cristal” y olvidamos “Caliente”, un programa de la tele pública presentado por Ana Obregón donde bailaban señoritas en bikini que podías ver en 3-D, quizá lo recuerdes, si comprabas unas gafas de cartón en el quiosco.
Hoy la tele es tan mala y tan buena como siempre ha sido. Hoy, igual que ayer, la tele se concibe para eso que los programadores y los productores prepotente y compasivamente llaman “el gusto medio”. Dentro de unas décadas, cuando pensemos en la tele de principios de siglo, nos acordaremos de lo bueno, que lo hay, y obviaremos lo malo. Es ley de vida: cualquier tiempo pasado se recuerda mejor.
Érase que se era un padre de familia cazatornados que llamó a la CNN para decir que su hijo estaba atrapado en un globo meteorológico. Era un montaje, lo que no impidió que la familia al completo se hiciera una ronda de shows por todas las cadenas. América, sintiéndose estafada, inició un debate sobre la credibilidad de los medios que lleva ya una semana ocupando todas las tertulias televisivas.
La polémica se centra en la aparente facilidad para globalizar una patochada con la ayuda de la CNN y el resto de cadenas nacionales, en la confusión entre información y chorrada. Es curioso que este debate sobre la seriedad de los medios no se desarrollara durante las invasiones de Irak y Afganistán, cuando las televisiones americanas convirtieron la guerra en un reality, y todo aquél que cuestionaba el tratamiento informativo era tachado de antipatriota, comunista y francés.
La televisión ha puesto el turbo para intentar ser más rápida que internet, más inmediata que la propia realidad. Cuestionar y contrastar es cosa del pasado. ¿Que hay un niño volador cruzando el desierto de Colorado? Le mandamos tres furgonetas y un helicóptero, cuatro cámaras en total, ya verá lo chulo que queda. Y si no hay niño, que nos quiten lo bailao. Estamos en el siglo XXI, que la realidad se adapte a la parrilla.
La nueva Ley General Audiovisual aprobada el viernes es bastante extraña. De primeras, despídete de ver porno en abierto (lo que aumentará, sin duda, el tráfico en Internet los sábados por la noche). Aunque hay medidas evidentemente acertadas (se refuerza el horario protegido y se potencia el subtitulado para sordos), hay un punto en la nueva Ley que me trastorna. Los call tv, esos programas basados en llamadas a números 905, sólo podrán emitirse entre la 1 y las 5 de la madrugada. Es decir, que uno sólo podrá ser timado de madrugada, con nocturnidad y alevosía.
Son muchas las voces que piden desde hace tiempo la retirada de este tipo de formatos. Incluso hay webs dedicadas a poner de manifiesto los timos más o menos descarados de estos programas. La nueva Ley Audiovisual parecía la oportunidad perfecta para prohibirlos definitivamente, pero, claro, las cosas del capitalismo no son blancas o negras. Hay grises hasta aburrir. Y ocurre que este tipo de programas tienen un coste ridículamente bajo y generan cuantiosos ingresos.
Quizá deberían aplicar a estos formatos la misma normativa que al fútbol: interés general. Después de todo, la gente tiene derecho a saber cómo se las apañan los estafadores contemporáneos.
La semana pasada se concedió el Premio Nobel de Medicina. Una de las (tres) galardonadas realizó sus más relevantes trabajos junto a la española María Blasco, que se ha quedado sin Nobel quizá por no ser americana, o quizá porque no cabían todos en la foto. No tendrás ni idea de esto, supongo, porque ninguna televisión (ni, ejem, diario) lo ha mencionado. Este dato no aparecía en la nota de EFE, y ni un solo redactor se tomó la molestia de consultar nada. Es raro el despiste, teniendo en cuenta el enorme respeto que nuestra televisión muestra por la ciencia. No hay más que recordar aquel estupendo reportaje que TVE nos ofreció en el aniversario del alunizaje, con Anne Igartiburu dando su astrofísica opinión junto a Concha Velasco.
También la semana pasada, la blogosfera española protestó al unísono contra el recorte en los presupuestos de Ciencia previstos para el próximo año. Más de 1.000 blogs. Mientras, le tele dedicaba el día a belenes esteban, realities varios y los ya míticos superlativos amarillos de Pedro Piqueras. Como contrapartida, La 2 ha tenido a bien colocar a Punset y sus Redes a las 9 de la noche, para que la gente pueda no verlo a un horario decente. Es más fácil cambiar de canal que la mentalidad de todo un país, y también más barato. Pero no más rentable.