Ética y migración. El dilema de Javert, el policía de ‘Los Miserables’

Joseba Achotegui

Cada vez más inmigrantes viven circunstancias extremas, especialmente los más de 50 millones de sin papeles que hay en el mundo, según datos de las propias Naciones Unidas. Esta realidad origina en las sociedades de acogida de los inmigrantes un grave dilema ético porque tiene lugar un choque entre la legalidad que persigue a estos inmigrantes que no han cometido ningún delito y los valores humanistas, basados en la defensa a de los derechos humanos en los que se fundamentan nuestras sociedades. Este conflicto estructural, de fondo, lo podríamos denominar “el dilema de Javert”, tal como explicaré a continuación.

Javert es uno de los personajes centrales de la novela Los miserables, del gran escritor francés del siglo XIX, Víctor Hugo. La novela nos describe a un ejemplar funcionario del gobierno, una persona extremadamente celosa del cumplimiento de su deber y de la aplicación de las leyes a las que considera la auténtica piedra de bóveda del sistema social y de la justicia. Javert es un hombre convencido de que siempre, por encima de todo, se ha de cumplir la ley, que es la base de la civilización. Incluso, tal como lo refleja en varias ocasiones la novela, si él mismo tiene alguna conducta poco edificante, insiste en que debe ser castigado duramente. Javert no es el típico fanático que solo aplica con dureza las leyes a los demás, hallándose él eximido de cumplirlas.

Esa defensa implacable del orden establecido llevará a Javert a perseguir sin descanso a un fuera de la ley, Jean Valjean, un hombre que dado que infringió una vez la ley (robó un trozo de pan para dárselo a sus sobrinos hambrientos) es alguien que es malo por naturaleza y debe ser perseguido, apartado, no debe ya formar parte de la sociedad, pues la pondría en peligro.

Pero el celoso funcionario Javert, a lo largo de los episodios de la novela que describen su implacable persecución de Valjean, va descubriendo que el expenado, en contra de lo que Javert suponía, es en realidad un hombre bueno, generoso, una buena persona. Hasta el punto que cuando tiene lugar la sublevación de 1848 en París y Javert es descubierto y condenado a muerte por los insurrectos, Valjean no duda en defenderle, arriesgando en ello incluso su propia vida hasta lograr que lo pongan en libertad.

Tras este episodio, Javert, un hombre que intenta ser honesto, cae sumido en una gran confusión. ¿Acaso alguien que se halla fuera de la ley puede ser bueno? ¿Está él actuando de modo justo con Valjean? Así, Victor Hugo describe magistralmente estas contradicciones de Javert en la novela: “Los axiomas que habían sido los puntos de apoyo de toda su vida, caían uno a uno por tierra ante aquel hombre… Javert sentía penetrar en su alma algo horrible: la admiración hacia alguien fuera de la ley… por más esfuerzos que hacía tenía que confesar en su fuero interno la sublimidad de aquel miserable… su mayor angustia era la desaparición de la certidumbre. Sentía como si le faltasen las raíces. El Código de la ley se convertía en papel mojado en su mano. Acometíanle escrúpulos de una clase desconocida. No le bastaba ya permanecer en la honradez antigua. Un nuevo orden de hechos inesperados surgía y le subyugaba… con que era verdad que había excepciones, que la regla podía retroceder ante un hecho… ¿Hay pues algo por encima del deber?… Agitábale una especie de vértigo. Hasta entonces había vivido con la fe ciega que engendra cumplir la ley. Abandonábale esa fe…” (Los miserables. 1862. Pag. 1224-1226)

Como señala Vargas Llosa, el personaje de Javert, es el más interesante de Los miserables. Es uno de los grandes personajes creados por Víctor Hugo que construye unos personajes sin aristas, sin concesiones, lo cual nos ayuda a ver con claridad las contradicciones.

Considero que en el mundo de hoy vivimos también el mismo dilema de Javert en Los Miserables. Hoy todos somos Javert. Porque, qué postura debemos tomar ante estos inmigrantes que nuestras instituciones consideran “ilegales”, estos “fuera de la ley” como Valjean que tantos “bienpensantes” de nuestra sociedad consideran que no pueden estar aquí entre nosotros, porque podrían desestabilizar nuestro sistema.

Claro que a la vez somos conscientes de que son buena gente, buenas personas, de que por supuesto no han hecho nada malo, y además nuestro modelo de sociedad se basa en La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en elevados valores éticos…

¿Qué hacer ante esta flagrante contradicción? Javert no logra hallar solución a su dilema. Su conciencia no le permite perseguir a un justo. No sabe cómo defender su sociedad, sus leyes, sus valores y a la vez ser justo con Valjean. Víctor Hugo ejemplifica trágicamente esta ausencia de solución al dilema, cuando Javert, no siendo capaz de tolerar no ser justo, se arroja a las aguas del Sena en una fría noche de invierno