Opinion · Salud mental en tiempos difíciles

Exclusión social: cara y cruz de un concepto ambiguo y controvertido

 

El  término exclusión social se ha convertido en  omnipresente en el mundo actual, más aún en un contexto de importante incremento de las desigualdades. Es sin duda  un concepto visual, evocador, pero, tal como plantearemos en la segunda parte de este artículo,  puede ser  cuestionado por ser  ambiguo, blando, poco analítico y  con un fuerte  contenido metafórico.  Ha sido criticado también por ser un pseudoconcepto que oculta la crudeza de realidades como  la dominación, la explotación y la lucha de clases, porque pone un velo sobre los verdaderos problemas políticos y sociales. En esta línea,  exclusión social es un término cómodo que forma ya parte del lenguaje  habitual de los organismos oficiales.  Es más,  son con frecuencia  instituciones de tipo financiero y bancario,  las que lideran los  programas contra la exclusión social.

 Clásicamente al hacerse referencia a la problemática de los desfavorecidos el concepto que se utilizaba era el de pobreza. Será fundamentalmente tras la publicación del libro  “Los excluidos, un francés sobre diez” de L’abbé  René Lenoir el año 1974  cuando el término exclusión social adquirirá resonancia

El libro de L’Abbé Lenoir tiene un gran impacto porque resalta y denuncia que a pesar de que se viven años de  progreso económico y social (lo que en Francia siguiendo la denominación del economista Jean Fourestier se denominan los 30 gloriosos) sigue habiendo un porcentaje importante de gente que continúa igual o peor que antes y que deben  por lo tanto revisarse los mecanismos de redistribución de la riqueza.

    Tal como señala Subirats  en la misma época y para referirse a la misma problemática surge en USA el concepto de underclass (infraclase).   Sin embargo,   sobre todo a partir de los años 90 el concepto de exclusión social  adquiere una enorme resonancia, que además no ha dejado de crecer desde entonces dando lugar a lo que se considera no sólo como un nuevo paradigma,  sino como uno de los paradigmas dominantes en las ciencias sociales.

    El éxito del concepto se relacionaría desde la perspectiva positiva con que nuestra sociedad considera esencial el respeto de los derechos humanos y la exclusión resultaría intolerable desde estos valores de igualdad y progreso.  Otro aspecto positivo del  término exclusión social es que va más allá del clásico concepto de pobreza, ampliándolo más allá  de los aspectos meramente económicos. Como señala Franzé el concepto se halla vinculado  a las dificultades de acceso al mercado de trabajo, salud, educación, redes sociales, vivienda, cultura, servicios sociales y al pleno ejercicio de los derechos  Es un cúmulo de hándicaps. Se considera una metáfora espacial de la segregación en las sociedades urbanas. 

Una de las razones relevantes del éxito  del concepto proviene como señala  Franzé  de que  ha sido adaptado en la terminología oficial de los principales organismos internacionales (ONU, OMS…..), así como a que forma parte de los programas de actuación de los organismos públicos, todo lo cual le confiere un gran poder de legitimidad. Por ejemplo el Parlamento Europeo lo ha tenido presente en sus resoluciones especialmente en la resolución del  año 2003.  Hoy en día casi resulta extraño encontrar  informes oficiales,  documentos de funcionarios ó textos académicos que no utilicen el término exclusión social.  Incluso son raros los ayuntamiento, diputaciones, gobiernos autonómicos etc.  que se precien que no posean un flamante programa contra la exclusión social.  Es más,  tal como señalábamos, paradójicamente son con frecuencia  instituciones de tipo financiero y bancario,  las que lideran programas contra la exclusión social.

   A todo lo planteado  habría que añadir un aspecto que en mi opinión, tal como he escrito en trabajos anteriores sobre esta temática,  ha contribuido mucho al éxito del concepto  y es que el  término exclusión posee además una gran fuerza psicológica ya que se asocia a la idea de abandono, muy importante a nivel afectivo ya que constituye un temor básico de todos ser humano. Exclusión es un término muy cargado emocionalmente, similar desde esta perspectiva a los términos que se utilizan en el lenguaje publicitario, términos que enganchan rápidamente a nivel afectivo.

El contexto actual de la sociedad del conocimiento,  de grandes cambios tecnológicos asociado a un fuerte incremento de las desigualdades, ponen  en situación de riesgo de exclusión a los individuos y los grupos vulnerables.  Como factor añadido habría que señalar la fragilización de  las redes familiares que se observa en las sociedades avanzadas. Además,  tal como señala Beck ahora los problemas no afectan sólo a un determinado grupo social, clasicamente vinculado a la pobreza, sino que pueden afectar a cualquier colectivo. En esta línea se hallan los planteamientos acerca de la crisis o desaparición de las clases medias en la sociedad actual.  Ahora todos los grupos sociales se hallan en situación de riesgo. Es la sociedad del riesgo. En un estudio efectuado en Francia el año 2005 por Emmaus se señalaba que casi la mitad de los franceses expresaban temores de verse abocados a ser un día excluidos sociales, sin techo

 

 

MATIZACIONES Y CRÍTICAS AL CONCEPTO DE EXCLUSIÓN SOCIAL

   Como señala muy gráficamente Alain Touraine, mostrando la fuerza visual del concepto de exclusión social, antes las relaciones sociales se establecían entre los de arriba y los de abajo. Ahora,  entre los de dentro y los de fuera del sistema.

   Pero el concepto de exclusión social,  a pesar de ser tan gráfico es también objeto de matizaciones y críticas, desde diversas perspectivas,  y de diferente calado.. Como señala Damon  el que el término sea intrínsecamente ambiguo (exclusión de qué, por quien….) y con un componente metafórico,  evocador, en realidad es una de las razones que han favorecido su éxito. Sus contornos son vagos, no se sabe muy bien de qué se habla.  Cada persona que habla de exclusión tiene su propia imagen del concepto. Pero todo el mundo  lo emplea.

    Resulta obvio que exclusión significa estar fuera, pero no está tan claro que estas personas estén realmente fuera del sistema ya que no existen categorías de poblaciones o  territorios radicalmente separados del resto de la sociedad.  Así como señala R. Castel  en su conocido trabajo “Las trampas de la exclusión”,  los excluidos participan plenamente de las relaciones de dominación y desigualdad,  no se hallan al margen de la dinámica social,  ya que  la sociedad incluida los tiene muy presentes para explotarlos o para inducirles al consumo,  y los excluidos tienen muy presente en sus conductas a la sociedad que los margina. En realidad los excluidos constituyen una parte muy importante del tejido social, incluso contribuyen  a  legitimar el sistema social ya que el  hecho de que estas personas excluidas en general no voten ,  de que  estén al margen de las organizaciones reivindicativas permite el mantenimiento del estatus quo vigente, el mantenimiento del  sistema de partidos políticos dominantes en el poder.

Castel recela del término exclusión porque considera que se ha convertido en un concepto blando, poco analítico y propone que se use referido tan sólo a los grupos que se hallan apartados físicamente de la sociedad (aunque no radicalmente separados) , en espacios cerrados, como los presos o los internos de los manicomios. Otros críticos más radicales como J Freund  señalan que es un término consagrado por la mediocridad de las modas intelectuales y universitarias, un pseudoconcepto que oculta conceptos mucho más duros como dominación,  explotación y  lucha de clases, porque pone un velo sobre los verdaderos problemas políticos y sociales.

   También se señala que estas situaciones de exclusión son muy diversas y cambiantes y comprenden un gran abanico de personas, son de una gran hetereogeneidad. Hay muchos tipos de exclusión: económica, cultural, laboral … Como señala Fretigné  la exclusión es como una hidra de muchas cabezas. Otros planteamientos señalan que todas las sociedades generan exclusión, en cualquier tipo de sistema social. Pueden cambiar los criterios de exclusión, las ideologías que los sustentan pero no la existencia de la exclusión. Es la teoría del chivo expiatorio de R. Girard . Es más se considera que la existencia de grupos excluidos,  que haya alguien ahí fuera diferente, extraño…. posee incluso una función aglutinadora, cohesionadora del resto de la sociedad

    Para Damon sería más preciso introducir una tercera categoría entre los excluidos y los incluidos: la categoría de los vulnerables, los amenazados de exclusión. Es más realista plantear un continuum  de situaciones, más que pretender separar artificialmente en dos grupos a la sociedad. Hay un peligro en los discursos actuales sobre la exclusión de de reificación del concepto. El concepto de exclusión debe entenderse relacionalmente, no sustancialmente. Dado que el concepto de exclusión no es un concepto bien delimitado, es metafórico, las medidas de la exclusión social son siempre imperfectas, incompletas, insatisfactorias,

 De todos modos,  como señala Damon,  a pesar de que el concepto tiene evidentes limitaciones en la descripción de la realidad, también es útil  dada su capacidad comunicativa en relación a determinadas situaciones,  y es lícito plantearse si debe ser sacrificado en el altar de la pureza semántica. En mi opinión, se trataría fundamentalmente  de ser más críticos con su utilización, teniendo siempre muy presente en qué contexto se está empleando, así como teniendo mucho cuidado de  no dejarnos seducir por su  gran fuerza metafórica.   

 

jachoteguil@gmail.com