Salud mental: ¿autonomía o interdependencia? Un debate también ideológico

Joseba Achotegui

El logro de la autonomía personal se está convirtiendo en uno de los objetivos estrella de gran número de terapias, coachings, libros de autoayuda, etc. Sin duda, el término autonomía personal  “suena bien”,  suena actual, va en la línea de la sociedad de hoy, lo que favorece su éxito. No es un concepto nuevo, pero ha ido paulatinamente adquiriendo cada vez más relevancia y vale la pena analizar qué le ha llevado a lo más alto de pódium.

Debajo de esta apariencia tan “cool”, que le hace triunfar,  podemos ver que poner la autonomía de la persona en el centro del modelo de la salud mental  no es un planteamiento neutro, sino que supone también un planteamiento ideológico, porque el modelo de salud mental al final tiene que ver con los valores, posee un fuerte componente cultural y social.  Además, el término autonomía personal  es frecuentemente  utilizado hoy en su acepción más individualista, más restrictiva, más competitiva.

Y es obvio que poner el énfasis en este tipo de autonomía personal encaja demasiado bien con nuestro  modelo social individualista, con el modelo de la sociedad neoliberal  que plantea que cada persona es una marca y debe atacar y defenderse de los demás para ampliar su cuota de mercado en un contexto de  inseguridad y lucha permanente. Por supuesto,  en este modelo el que fracasa es por su culpa, es que no se ha esforzado, no ha sabido ser suficientemente autónomo, no ha sabido defender su territorio y debe  enmendar su conducta desviada.  No es precisamente esta la concepción de la autonomía de la persona defendida, por ejemplo,  ya en los años 70  por  Cornelius Castoriadis para quien la autonomía se basaba en una actitud de crítica radical a la influencia del  modelo social dominante sobre la personalidad del sujeto.

Frente a este modelo de autonomía personal individualista, el concepto de interdependencia suena en la sociedad de hoy, sin duda, mucho menos vistoso, pero recoge la realidad psicológica de que la mente humana se ha construido en la evolución en el seno de la comunidad. Enfatiza la idea de saber compartir, las ventajas del apoyo mutuo,  algo que está en las antípodas de nuestro modelo social.  Todo esto, sin negar que  la competición, regulada y con igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos (algo que cada vez ocurre menos) también es un factor muy positivo y estimulante.

El planteamiento de poner,  de modo radical, la autonomía personal en el centro del modelo de salud mental, supone una desvalorización de las limitaciones, de los límites del sujeto, de la importancia de los  vínculos.

Desde la  perspectiva de la interdependencia, el trastorno mental se halla vinculado a la alteración del rol, del lugar de la persona en la familia, en la  comunidad: sentirse un don nadie, no encontrar el sitio en el grupo… como el pez que sufre porque nada en un agua que no es la suya.

En definitiva, tanto el concepto de autonomía personal como el de interdependencia son valiosos, pero como ocurre con todos los conceptos, el concepto de autonomía personal,  un concepto por otra parte, visual, evocador, ha ido evolucionando (como todo),  y es bueno, de cuando en cuando, pararse a pensar en cómo  es utilizado en el marco de nuestra sociedad.

 

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