Atentados de París, violencia social y hostilidad en la relación terapéutica

Joseba Achotegui

“Acerca de cómo se percibe la violencia social en la relación terapéutica y asistencial”.

La violencia que estamos viviendo actualmente en Europa tiene, sin duda, muchas causas. Entre ellas, está el que es el reflejo de fuertes tensiones sociales. Y esas tensiones son bien perceptibles de modo habitual en un lugar muy especial: la consulta terapéutica, el lugar en el que realizamos la atención psicológica.

En primer lugar, veamos brevemente cuáles son esas tensiones sociales y a continuación cómo se expresan en la relación terapéutica:

1.- Los inmigrantes y minorías viven con frecuencia una realidad muy negativa en Europa, sufriendo situaciones de discriminación. Así, en Catalunya, un tercio de los inmigrantes señala que ha sufrido racismo. En París, un estudio reciente mostraba cómo enviando el mismo curriculum, si se ponía en el remite que la persona tenía un apellido francés y vivía en el centro de París lo llamaban 75 veces, pero si la persona tenía un apellido norteafricano y vivía en la Banlieue, las denominadas “zonas sensibles”, lo llamaban 14 veces. ¡Con el mismo curriculum!

En relación a estas situaciones, varios estudios han mostrado que los inmigrantes y las minorías tienen la autoestima más baja que la población autóctona, como consecuencia de sentirse con frecuencia excluidos y verse menospreciados socialmente, lo que acaba por pasarles factura.

A todo esto, se añade el drama que están viviendo actualmente centenares de miles de refugiados convertidos en carne de cañón de los intereses de las grandes potencias. En julio, a los dos días de la firma del tratado de paz con Irán, el gobierno turco, enfadado por lo que considera un gran triunfo de sus enemigos chiíes, respondió inmediatamente abriendo la frontera con Europa para que centenares de miles de refugiados comenzaran a llegar a las costas de Grecia, viviendo las situaciones trágicas que todos conocemos. Ahora, la Unión Europea le ofrece tres mil millones de euros a Turquía para que cierre la frontera a los refugiados convertidos en moneda de cambio.

2.- ¿Cómo se expresan estas realidades de discriminación y exclusión en la relación terapéutica? Se expresan a través de la transferencia, la relación emocional de la persona que busca ayuda con el terapeuta. Y esta relación emocional está teñida, en el caso de estas personas de hostilidad, de transferencia negativa, a través de la cual se expresa el sufrimiento que generan las desigualdades que viven. Aunque, a veces, estas tensiones están ocultas, con frecuencia, bajo el manto de la sumisión amedrentada, ante las repetidas vivencias de indefensión aprendida y de la vivencia de duelos congelados que no han podido elaborarse.

La tensión, la transferencia negativa se expresa, por ejemplo…:

… en que existe mucha desconfianza de los inmigrantes y las minorías hacia los servicios asistenciales y hacia los terapeutas. Así, el inmigrante no ve diferente al profesional que le atiende de las amplias capas de la sociedad de acogida que lo rechaza. El inmigrante lo asocia al patrono, al policía, al funcionario… del que muchas veces el terapeuta es pariente, amigo o, incluso, se parece físicamente por pertenecer al mismo grupo humano. Pero es que incluso los profesionales que provienen de las propias minorías también generan desconfianza. Han sido denominados los “Tío Tom” (el esclavo sumiso a sus amos). Éste es uno de los problemas que hay que tener en cuenta con los intérpretes, como señalan autores como Smith o D’Ardenne. “¿Se analizaría un judío alemán con un alemán no judío?”, se preguntaba Jafo Kareen, uno de los más prominentes psiquiatras pakistanís en Londres.

… en que el inmigrante bate todos los récords de incumplimiento terapéutico, así como de abandono de los tratamientos (Veret London and Devorn , Mazzeti, O’ Sullivan), mostrando la distancia que le separa de los profesionales que le atienden y que representan la sociedad “de acogida”.

… como una muestra de esta tensión y transferencia negativa que se vive en las consultas. Pondré un ejemplo: Cuando en el SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados) pasamos un test mostrando unas fotografías con caras de personas que expresan diferentes emociones (tristeza, alegría, enfado…) para que nos digan con cuál de ellas se sienten más identificados, en más de una ocasión nos han dicho: “¡Yo no conozco a nadie. No les he visto nunca!”. Los inmigrantes se creían que estaban en un interrogatorio. ¿Qué clase de confianza tienen en los terapeutas de un hospital cuando los confunden con policías en una sala de interrogatorio?

… en el conocido caso de menores inmigrantes que se han presentado hasta con 28 nombres diferentes, uno por cada centro en el que han estado. ¿Qué clase de confianza en el terapeuta tiene alguien que no se ve capaz de decirle ni cómo se llama? Una premisa esencial del tratamiento es que se basa en decir la verdad, pero porque la relación se establece entre ciudadanos iguales, con los mismos derechos y libertades. ¿Qué ocurre en situaciones de enorme desigualdad e indefensión? ¿Se debe decir la verdad a alguien que se percibe como hostil, perseguidor?

… en una hostilidad que se halla fuertemente somatizada. Si la hostilidad o el sufrimiento psíquico son muy intensos tienden a somatizarse, tal como vemos con la gran incidencia de cefaleas en inmigrantes con el Síndrome de Ulises, un cuadro de estrés crónico y múltiple que no es un trastorno mental. Hasta el 80% de estas personas padecen cefaleas. Y la cefalea, como señalan ya los clásicos estudios de Pierre Martí, se halla relacionada en la mayoría de los casos con agresividad reprimida.

Las desigualdades sociales generan fuertes tensiones, exclusión, violencia social, que se expresa, como no podía ser de otra manera, en la propia relación terapéutica. Considero que es importante comprender esta realidad psicológica presente en el ámbito asistencial para buscar soluciones a situaciones tan dramáticas como las que estamos viviendo. Lo psicológico no lo es todo, eso sería caer en “el psicologicismo”. Pero sin entender la perspectiva psicológica no se puede comprender una realidad social compleja.

La intervención psicológica tiene lugar en el marco de la sociedad y sus conflictos. La desigualdad extrema no deja de ser en sí misma una forma de violencia. Michael Foucault planteó que la psicología y la psiquiatría formaban parte de la “biopolítica”, no eran ciencias puras, indiferentes a la realidad social. Creo que lo que he mostrado es un claro ejemplo de la vigencia de sus planteamientos.