Salud mental en tiempos difíciles

Por Joseba Achotegui

El duelo, un buen invento de la evolución

30 Jun 2016
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En la vida a veces se gana y  a veces se pierde, pero a los humanos nos cuesta perder, somos malos perdedores. Y por no aceptar perder algo, podemos acabar perdiendo mucho más, incluso podemos perderlo todo.

Como el que se va al cine y como ya ha pagado la entrada se queda a ver toda la película, por mala que sea. La entrada ya está pagada, ese dinero ya está perdido y da exactamente igual irse que quedarse desde el punto de vista económico. No hay razón para aguantar el bodrio de película hasta el final.

Puede parecer exagerado pero hay muchos experimentos que muestran este intenso temor humano a las pérdidas. Comparativamente sabemos que a nivel emocional nos afecta mucho más perder algo,  que ganarlo. Si quieres convencer a alguien de que tiene que hacer un gasto no le hables de lo que puede ganar, sino de lo que perdería por no hacerlo.

Sabemos que la alegría por lo ganado se va mucho antes que la frustración que nos supone perder algo. Seguramente porque, si miramos nuestra historia evolutiva, conservar los escasos “recursos” que hemos tenido para sobrevivir ha sido muy importante y desprendernos de nuestras posesiones sentimos que nos pone en peligro.

Justamente para resolver esta limitación, para compensar esa tendencia tan intensa a sobresaltarnos con las pérdidas relevantes, la evolución ha seleccionado un mecanismo, una estrategia, denominada “duelo”, que nos permite tomar distancia de las cosas que hemos perdido, de las cosas que nos salen mal.  Y seguir nuestro camino reorganizando nuestros planes en función de lo que dicta la realidad, o incluso cambiando y buscando nuevos proyectos y nuevos vínculos.

El duelo es un proceso intenso, que tiene una parte de dolor, pero que supone también una liberación, el dejar atrás algo que no tiene arreglo y a lo que nos habíamos encadenado. La elaboración del duelo nos permite “cerrar capítulos” de nuestra vida y comenzar otros nuevos.

Y el duelo es un buen invento de la evolución porque ser  luchador está bien, pero a veces es una pésima estrategia, al contrario de lo que se nos adoctrina desde cierta autoayuda  del “puedes con todo”, “todo se puede conseguir” que justamente explota esta debilidad humana para reconocer nuestras limitaciones y aceptar las pérdidas. Esta actitud de negación de la realidad es para el psicoanálisis el más destructivo de los mecanismos de defensa.

Otro factor importante que incide en el temor a la pérdida es que se relaciona también con la autoestima. Renunciar a algo no sólo es perder ese “recurso” sino que supone también reconocer que hemos fracasado, que las cosas han ido mal, que somos limitados. Muchas veces nos es difícil aceptar esa realidad porque nuestra parte depresiva, neurótica se alarma mucho ante este reconocimiento de las limitaciones. ¿Y si valiéramos muy poco, o nada? Mejor no aceptar que hemos perdido. Y a seguir luchando, estresados, como si nada hubiera pasado. Y a seguir fracasando, pero eso sí, con la cabeza bien alta.

Todo esto no sólo es relevante en nuestra vida cotidiana, sino que de suyo esta dificultad para aceptar y elaborar las pérdidas, los duelos, es una de las principales causas de los trastornos mentales.

 

 


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