Salud mental en tiempos difíciles

Por Joseba Achotegui

Falacias de internet: la velocidad y la cantidad de información son maravillosas, pero los contenidos siguen igual que antes

28 Ago 2016
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En la era de internet vivimos fascinados por la facilidad con la que nos comunicamos. Solo con un clic podemos contactar al instante con personas que se hallan a miles de kilómetros y transmitirles ingentes cantidades de información: vídeos, fotos, textos…Tan solo la ciencia ficción había llegado en algún momento a imaginar semejante maravilla

Todo esto es sencillamente extraordinario, pero no nos engañemos, no nos dice nada acerca de lo fundamental de la comunicación: la calidad de los contenidos, la calidad de los mensajes.  Con Internet solo estamos hablando de velocidad y cantidad, aspectos que tienen su importancia, pero que son secundarios y complementarios en la comunicación.

Si no tengo nada interesante que decirle a alguien, ni la velocidad a la que le lleguen mis mensajes, ni la cantidad de mensajes que le envíe sirven para nada. Y si tengo algo interesante que decirle, aunque tuviera que enviárselo por correo a caballo como en el siglo XVIII y tardara una semana en llegar, ese mensaje sería  muy valioso.

Si una pareja no tiene nada que decirse, cuanto más tiempo y más intensamente estén en contacto, peor será (por eso en el mes de agosto se dan el 30 por ciento de las separaciones del año). Y si esa pareja tiene algo que decirse, por difícil que les resulte materialmente comunicarse les será muy valioso.

Es más, en la era de Internet hay un  enorme volumen de información vacía de contenidos valiosos que nos llega continuamente  y que en muchos casos no es sino publicidad, con frecuencia engañosa, o manipulación, y que puede  llegar a saturar nuestros canales de comunicación y limitar nuestras posibilidades de ser receptivos a los mensajes de calidad. Como señala la teoría de la información, no todo lo que se transmite es comunicación, hay una gran parte que no es sino ruido. Podríamos decir que en Internet hay mucho ruido y pocas nueces.

La literatura, como siempre, nos muestra claramente esta realidad de los engaños y las falacias en la comunicación. Así en la famosa obra de teatro Cyrano de Bergerac, el apuesto galán Christian de Neuvilette tiene el privilegio de poder acercarse a la bella  Roxane, aunque solo acierta a decirle una y otra vez  “te amo”.  Pero no es este tópico mensaje amoroso lo que deseaba oir Roxane, que cae prendada ante los versos  de Cyrano de Bergerac, un hombre físicamente poco afortunado, con una enorme nariz, enamorado  también de Roxane, que ante la vergüenza de manifestar su amor, lee sus versos escondido haciéndose pasar  por el galán.

Podemos ver aquí cómo el mensaje tópico y vacío del “te amo” de Christian llega continuamente y de inmediato a Roxane. Pero no vale nada. Para Roxane lo que valen son las palabras de Cyrano, llenas de imaginación, de ternura, de poesía. Cyrano recita unos versos de amor maravillosos, creativos, únicos, personales, pero lo hace escondido tras unos matorrales ocultando su identidad porque es consciente de su fealdad, y los recita haciéndose pasar por Christian. Pero son estos versos los que logran llegar al corazón de Roxane y la enamoran.

La velocidad y la cantidad de información no son  una panacea, ni un  valor en sí mismos, sino que son verdaderamente  relevantes cuando transmiten algo valioso, creativo. Y por supuesto en internet  hay informaciones excelentes y es estupendo que nos lleguen rápidamente, pero cuando se nos bombardea con una gran cantidad de información de mala calidad o manipulada,  el resultado puede ser que nos irritemos y se incremente nuestra ansiedad y apatía.


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