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Techos de gasto y Rompetechos ideológicos

24 ago 2011
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Para Javier Burón, de quien tanto aprendemos

 

Cuando un ciudadano que tiene que hacer un gasto extra –vivienda, una enfermedad, solidaridad con amigos o familiares, inversión en estudios, un vehículo para trabajar- decide endeudarse para afrontar el problema sobrevenido, no está viviendo por encima de sus posibilidades: está haciendo un cálculo de necesidades para que su vida sea menos miserable.

Los que tienen dinero no viven estos problemas. Su fondo de seguridad es amplio e histórico. En cambio, a perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Es así desde el comienzo de la humanidad. Como antes no había seguridad social, los pueblos inventaron el cuento de Cenicienta. Sólo te saca del agujero un golpe de suerte. Hoy sabemos que Pretty Woman es mentira y que los príncipes sólo se salvan a ellos mismos y a sus descendientes. Celo laboral. El grueso de la gente, o va a la revolución o a la resignación. La televisión y el fútbol se encargan de que nos interese más la maldad de Mourinho que la de la OTAN o el dedo que meten en el ojo de la vida de otros los que asesinan de hambre a niños en Somalia.

El sistema financiero no debiera nunca prestar dinero a quien no lo necesita. Lo que no significa que no lo haga. Es lugar común con los especuladores, que casi siempre juegan con dinero de otros. Lo hizo también metiendo los billetes en los bolsillos de la gente hasta que les convencieron de que no pasaba nada, de que vivir es gastar, de que ya arreglarían cuentas. Una manera de hacer más propia de la mafia que de bancos con alguna conciencia del medio plazo (véase las Confesiones de un ganster económico, de John Perkins, para ahuyentar ingenuidades). La alternativa sería prestar con inteligencia, gastar con inteligencia. La sensatez de los que se sientan a la hora de la cena con la familia a repasar las cuentas. Cualquier persona vinculada al mundo financiero sabe que los pobres son muy buenos pagadores.

Las actuales democracias de partidos han ido degenerando al calor de la degeneración económica. La justificación de la imposibilidad de formas de democracia directa (algo que sólo sería posible, según argumentó el liberal Bobbio, en la polis griega), la comprensión de la democracia como un mercado (las tesis de Anthony Downs), el fin de la historia o las tesis de la tercera vía (Fukuyama y Giddens) que disolvieron las diferencias ideológicas entre la socialdemocracia y los democristianos y liberales, o la reducción de la democracia a fórmulas electorales (hasta el punto en el que el sentido común cree que la culpa de la mala democracia la tiene D´Hondt) cartelizó el sistema de partidos, al punto que los controladores del cártel dejaron de lado el hecho incontrovertible del alejamiento ciudadano de los políticos. Esto les permitió hacer de las elecciones cartas a los reyes magos, crecer como profesión allá donde hubiera el menor nicho de mercado, tomar decisiones irresponsables y, en definitiva, convertirse en rehenes de los grupos que terminaban financiando su modus vivendi (los bancos).

Hoy, una vez más –recordemos el Pacto de Estabilidad, el proyecto de Constitución Europea-, se pretende constitucionalizar el fin de la política socialdemócrata, incumpliendo para ello las reglas constitucionales que reclaman a la soberanía popular su consentimiento. La política, sabemos los politólogos, es conflicto, y la lucha de clases existe aunque los trabajadores estén más entretenidos con la huelga del futbol que con la huelga general.

Que el déficit se convierta en una realidad permanente no es positivo. Estar toda la vida endeudado y pagando intereses no es un proyecto atractivo, salvo para los amigos del sablazo y los que viven de esos intereses. Cuentas equilibradas, en el medio y largo plazo, son una propuesta económica sensata.

Pero si se mira a los últimos treinta años, hay unas preguntas que dirigen la mirada hacia la cara oculta de la luna: ¿por qué de manera invariable la recaudación del impuesto sobre la renta crece mientras la del impuesto de sociedades baja? ¿Por qué las constructoras, en conciliábulo con los poderes públicos, han hecho su agosto, su septiembre y su octubre con obras faraónicas a mayor gloria de su cuenta de resultados? ¿Por qué ha crecido tanto el gasto militar, que además nos lleva a guerras en donde no se  nos ha perdido nada que sea nuestro? ¿Por qué se han suprimido impuestos que sólo benefician a los más ricos? ¿Por qué no hay avances sustanciales en la lucha contra el fraude fiscal? ¿Por qué no se persiguen a los paraísos fiscales y a sus inquilinos? ¿Para cuándo la regulación del capital financiero?

El capitalismo es un modo de producción con un comportamiento cíclico. Tiene ciclos de subida y ciclos de bajada. En uno de estos últimos estamos. La propuesta keynesiana es contracíclica: enfriar cuando la inflación es un problema, estimular –con déficit- cuando es menester un “gasto extra” para salir del atolladero. Las políticas de gasto –de gasto social, pero también de ese gasto al servicio de los privilegiados señalado-, junto con el apoyo del grueso de la clase política a la lógica neoliberal, nos han llevado a la situación actual. La solución de Zapatero-Rajoy-Rubalcaba (éste último haciendo un papelón que parecía exclusivo del “digo-Diego de su jefe de Gobierno) pasa por que sean los trabajadores los que paguen el ajuste. Los mercados nos gobiernan y los dos grandes partidos comparten las líneas principales. ¿Hace falta el Parlamento? Para que no haya dudas, se trata de constitucionalizar ese techo. Y, por supuesto, sin preguntar a la ciudadanía, no vaya  a ser que esté en contra.

Aumentar el déficit público cuando tenemos dificultades como país tiene claras ventajas. Primero, porque cuando te estás muriendo de hambre, reducirte la ración de alimento sólo te lleva a la muerte. En segundo lugar, si un país -y no los particulares- tiene un problema de deuda, el problema lo tenemos todos. Suelen ser momentos en donde necesitamos ponernos de acuerdo para ver cómo, entre todas y todos, salimos del agujero. Entonces, el país -entero- se sienta a la hora de la cena alrededor de la mesa y decide cómo planear el futuro. Y en vez de reformas constitucionales neoliberales, se plantea que es momento de reinventar el pacto social.

El techo constitucional al déficit es una medida que desecha solventar los problemas atendiendo a las necesidades de las mayorías. La solución que ofrece para solventar la diferencia entre ingresos y gastos pasa casi exclusivamente por reducir el gasto público que beneficia a las mayorías. No tiene otro sentido la constitucionalización del techo del déficit. De ahí que los prestamistas, agazapados detrás del anonimato de “los mercados”, celebren esas medidas que esclavizan a la ciudadanía para que pague una deuda que crecientemente va a ver, como en Islandia, como ilegítima. Y que nadie se engañe: si tomas una medida dirigida a que sean los sectores medios y bajos de la población quienes carguen con el peso de la crisis, no busques luego políticas públicas que vayan en otra dirección. Si te maniatan, te ponen una venda en la cabeza y te arrodillan, haces bien en pensar que te van a ejecutar.

Incluir en la  Constitución un techo para el déficit público implica buscar soluciones en la tradición neoliberal: subidas de impuestos indirectos, endurecimiento de las condiciones laborales, privatizaciones, venta del patrimonio público o reducciones del gasto social.

Si esta medida viniera acompañada de algún tipo de “acuerdo social”, de manera que los grandes capitales, los empresarios, las sociedades de inversión o los bancos dejaran clara cuál va a ser su colaboración, su parte de pago del ajuste, la discusión sería otra (y que no nos vengan con patrañas, como la que están representando esos grandes capitales franceses que, después de haber estado sobornando a políticos para no pagar impuestos, ahora hacen declaraciones afirmando que lo que en verdad arden en deseos de hacer es contrubuir generosamente al erario público). No es extraño que esta medida la presentara hace meses la derecha y que hoy la apoye el PP y CiU.

Lo inexplicable sigue siendo la interminable deriva del PSOE, cada vez más miope ideológicamente. Entendemos la propuesta del techo del gasto proveniente de Angela Merkel, defendida por la derecha europea y española y argumentada desde los centros económicos que han traído la crisis. ¿Pero qué pinta el PSOE en todo esto? Parece la venganza de Bono. La gran coalición entre los dos grandes partidos ya está funcionando. A Borrell, en su propio partido le llamaron Mortadelo, porque se disfrazaba constantemente a ver si le sacaban los medios y superaba el cerco que le hacía su propio partido. Algunos tenemos nostalgia de Rompetechos. ¿Por qué no hay disidencia dentro del socialismo español? Queda cada vez más claro que el PSOE hace tiempo que prefirió ser el tendero de la13, rúe del Percebe.

Benedicto XVI en España, Ratzinger en la Puerta del Sol, el 15-M en la calle

18 ago 2011
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Dice la historia que es costumbre religiosa exterminar a los que, teniendo una misma fijación intelectual -consistente en creer en seres imaginarios o reales a los que se les suponen cualidades harto improbables-, atribuyen esos hechos extraordinarios a un ser de diferente filiación a la propia. El pecado no estaba inicialmente tanto en no creer, sino creer en lo mismo si bien con ligeras diferencias. Sólo con el desarrollo de la civilización fue que creció el número de ateos. Esto aumentó el abanico de ejecutables, pues además de los herejes, estaban los impíos y los sin dios. No es de extrañar que, a veces, se pongan de acuerdo los creyentes en acabar con el enemigo común, dejando para más tarde sus cuitas históricas. A fin de cuentas, a un ateo, ¿qué más le da que lo apuñale un católico, un judío, un islamista o un ortodoxo?

Aunque parezca extraño, hacer arder a los que profesan una religión diferente es propio del proceso evolutivo, aunque, al mismo tiempo, no deja de ser una señal clara de que no basta haber cumplido el proceso de hominización para dar también por completado el proceso de humanización. Cuando el homo sapiens desarrolló el lenguaje, empezó a enterrar a los muertos (cosa que no hace ninguna otra especie). Una mirada fría sobre el pasado puede helar la sonrisa a los que no se atreven a pensarse como un azar de la eternidad. ¿Qué ocurre cuando los dioses son todo menos bondadosos?¿Si en vez de ser una explicación para el mal son los gerentes del mal? (leer más…)

De llamas en Tottenham a párpados con moscas en Somalia

10 ago 2011
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Hay ocasiones en las que el hilo que trenza el sistema se ve con claridad aún sin necesidad de sofisticadas herramientas conceptuales. Momentos en donde poetas y novelistas –añadamos, cineastas- aciertan tanto como los científicos sociales. Basta querer ver. Algo a lo que la ciencia social oficial se ha negado durante, al menos, los últimos treinta años. ¿Por qué hay responsabilidad en profesiones como las médicas y no en la economía o la politología? Recientemente unos economistas pedían aumentar la inflación en España para sanear el déficit. Todo eran ventajas. Ni un comentario sobre los millones de personas que irían a la ruina. Matan más gente los científicos sociales que los domingos.

Inglaterra pone 16.000 policías para detener a unos jóvenes con más rabia que ideas. Bastaría dedicar, digamos un diez por ciento de esos policías, a buscar delincuentes de cuello blanco para que esos jóvenes tuvieran espacios, medios y ocasión para que las ideas suplieran el nihilismo de “quiero acabar con todo”. Esos 1600 policías harían un sencillo diagrama en donde estaría claro que los que despiden a trabajadores tienen acciones en empresas de comunicación que participan en consorcios que venden armas a grupos cubiertos crediticiamente por bancos que financian a los partidos que rescatan a las instituciones financieras con dinero de un Estado que es puesto de rodillas por mercados financieros que también permiten, junto a políticos bancarizados, que se especule con el precio de los alimentos que condenan al hambre y la guerra a países como Somalia y que ahonda cada vez más la brecha entre los que tienen y los que quieren tener pero saben que trabajando nunca van a llegar a tenerlo. Casi una línea recta. (leer más…)

Rubalcaba/15-M: tocado

06 ago 2011
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El pueblo de Madrid recupera la Puerta del Sol

¿Cuándo mejor que en agosto para recuperar Sol? Contraviniendo las leyes de la termodinámica, el calor llamó al calor. Alguien, rehén de la física, hizo mal las cuentas políticas. Vivimos en tiempos de bifurcación. Dos más dos no siempre suman cuatro.

“Si las manifestaciones son pacíficas -había puesto su acento Rubalcaba-, lógicamente la Policía es tolerante, porque es una Policía inteligente; pero si hay violencia, la Policía tiene que actuar. Y 200 personas no pueden poner patas arriba la ciudad. Eso no puede ser”. Policía inteligente. No será la que cargó con rabia de cachorro fascista en el Paseo de la Castellana a gente con los brazos en alto y pidiendo más democracia. Recordaban el camino involutivo de una película de reciente estreno. Recordaban a otros tiempos. ¿Añoran las escenas de Chile machacando estudiantes?

Atrás queda aquella amabilidad del anterior Ministro del Interior, cuando decía que los agentes están “para resolver problemas y no para crearlos”. Mucha gente sigue pensando que Rubalcaba siga al cargo del departamento. Más torpe aún. Crecido, el sargento Granados de la escuela mecánica del PP madrileño amenaza con sacar a un somatén de 90.000 afiliados de su partido a la calle. En vez de echar leones a los cristianos, echar cristianos a los leones. “Qué tiempos”, debe pensar el inspector Anacleto (Jesús Montero dixit) de la trama de espías y espiados de la derecha madrileña. Aunque muchos de esos militantes, seguro, comparten las razones de los indignados. Y la calle es una buena escuela. Que salgan. Ya hablará el movimiento con ellas y ellos. El movimiento ha aprendido que la calle es una gran conversación.

Más incomprensible ha sido la decisión del PSOE de decretar un estado de excepción en el centro de Madrid y ordenar a la policía que mostrara su condición de detentadora de la violencia física (aquí, contra Weber, nada legítima). Las leyes de la física y las leyes de la política quebradas. ¿Qué ha pasado para caer en tamaño error? tanto maquiavelismo para, al final, incurrir en errores de principiante. Hasta los más listos hacen tonterías. Cuando se mueve el tablero. Lo que ha logrado el 15-M. (leer más…)