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¿HAY QUE IR A VALENCIA A DEFENDER LA DEMOCRACIA?

21 feb 2012
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Viendo a la Iglesia moverse bajo palio verbal. Viendo a la patronal pretendiendo tratar a los trabajadores como esclavos. Viendo a la prensa reaccionaria actuar con maneras de prensa del movimiento. Viendo a los responsables de la policía llamar a los que ejercen el derecho constitucional a la huelga”enemigos”, no quedan muchas dudas de que hay gente que quiere suspender la Constitución de facto.

En otros momentos de la historia tocó defender Madrid. Lo que está pasando en Valencia, si tiene éxito, va a intentar ser aplicado en la capital-ya están en ello-, y también en Andalucía, en Asturias, en las Castillas o en Extremadura. De manera que lo que está pasando allí nos está pasando a todos. ¿Dónde está el límite? ¿Hay dejar que la derecha siga pisoteando la Constitución que nunca quiso votar?

Siempre han existido “zonas marrones” donde el Estado no ha actuado. Pero ahora, vista la actuación de la policía en Valencia y las amenazas de la delegada del Gobierno en Madrid, se trata del Estado convertido en un órgano de represión a favor del desmantelamiento del Estado social. ¿Van a volver a la disciplina de la dictadura?

Nos estamos jugando la democracia. Aunque, noqueados, aún no nos atrevamos a verlo. ¿Desde dónde se defiende? La parlamentarización de los conflictos, con la que se pretendía gestionar los derechos ganados en las calles, ha agotado su capacidad transformadora. Toda organización se ajusta por su eslabón más débil. Sin presión ciudadana, ese eslabón son los trabajadores, los parados, los pensionistas, los inmigrantes, las mujeres.

Los partidos democráticos parecen tener dificultades para bajar a la calle con su pueblo -algo que el PP no dudó en los últimos cuatro años de Zapatero- y parecen,  bien prudentes, preferir quedarse con los gestores de la represión en ese sitio, el Parlamento, donde se está convirtiendo la legalidad en ilegalidad, el derecho a un trabajo digno en despido libre, el derecho a la educación en privatización de la enseñanza, el derecho a una vivienda digna en desahucios, el derecho a una pensión en ahorro forzado de por vida, el derecho a la salud, en un albur mercantilizado en un juego marcado cada vez más monopólico. Y el derecho constitucional a la manifestación en una ocasión para reprimir a cualquiera que haga valer su voz, sean adolescentes, invidentes, mujeres o ancianos, con tal de que protesten.

Las últimas veces que nos quedamos en casa se quedaron ellos en las nuestras cuarenta años.

Estofado franquista de juez

09 feb 2012
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Fue Trillo, el entonces portavoz de justicia del PP en el Congreso, quien afirmó que el que los buscaba los encontraba. Su misión dentro del Partido Popular era digna de Homero Simpson: “yo no he sido, no me has visto, no puedes demostrarlo”. Carlos Fabra, con sus gafas de Pinochet, es el más feo. Pero los trajes elegantes de Zaplana no nos hace olvidar el “yo estoy aquí para forrarme” ni la anulación de los juicios por defecto de forma o alargamiento de los plazos. Ni las maneras de señorito malote de Trillo ocultan el caso Yakolev y las mentiras dichas como Ministro de Defensa.

Los delincuentes de cuello blanco conocen bien el sistema en el que han prosperado. Niegan, dilatan -con las posibilidades que da el dinero a menudo obtenido fraudulentamente- los procedimientos hasta lograr la prescripción, buscan encubrir en las urnas los delitos, sobornan o amenazan (¿qué ha pasado con el jurado popular que juzgó el caso de los trajes de Camps?). Y si un juez es un electrón libre –no hace falta que lo sea siempre: sólo cuando ejerce como tal-, lo asustan, lo acorralan y lo baten. Cuarenta años en los cotos de caza en compañía del Generalísimo producen su experiencia.

Es tan evidente que repetirlo da vergüenza. Los jueces a los que se demostró parcialidad en el juicio por los crímenes del franquismo -y que tuvieron que dejar esa causa-, están también en el juicio por las escuchas de la red criminal Gürtel. “Si no te cazo por aquí, te cazo por allá”, parecen pensar mientras sonríen. Hay casos anteriores en donde se realizaron escuchas a los abogados (caso del narco Vioque y del asesinato de Marta del Castillo, por no citar la infinidad de veces que se ha hecho con ETA o su relajado “entorno” -cuando Garzón no molestaba-). Por último, el juez que prosiguió con el caso prorrogó las escuchas  inicialmente solicitadas por la policía (que demostraban que, efectivamente, los abogados estaban haciéndose cargo del ocultamiento del dinero robado por la red). Aznar dijo que aunque no hubiera armas de destrucción masiva en Irak, aquello mereció la pena para sacar a Sadam Hussein. Sería bueno escucharle qué opina de los abogados de la Gürtel y el juicio a Garzón. ¿Estará de acuerdo en procesar a esos abogados leales con el crimen? Si interceptar las conversaciones entre abogados y presuntos criminales debilita las garantías de los detenidos –cosa que parece evidente- lo debe parecer siempre. Si así hubiera sido en cada caso, a ningún policía se le ocurriría solicitarlo, a ningún juez se le ocurriría a hacerlo, a ningún fiscal autorizarlo ni a ningún juez sustituto prorrogarlo. Pero ese no es el problema: si quieres cazar a un corzo, pruebas con la escopeta, con perros, con veneno y hasta con arco y flechas, para luego extenderte la sangre por la cara en señal de triunfo.

¿Se darán los jueces ya por tranquilos? No hay razones para pensarlo. Hoy somos el hazmerreír del mundo y a esos jueces no les ha quitado el sueño nuestro ridículo como país. Ahora, se aprestarán a callar a los que preguntan por los crímenes del franquismo. Y qué extraño es que persigan el cobro de unos cursos en Nueva York y no lo hagan con los cursos de preparación de jueces que imparten buen número de ellos (siendo taxativamente ilegal). Cuando es el bolsillo propio el que se recrea, todo nos parece más amable.

Llevamos tiempo diciendo que con el relato de la Transición sólo vamos a tener una democracia de baja intensidad. No te acuestas juez franquista y te levantas juez demócrata. Lo vemos en la Audiencia Nacional. Jueces que lo fueron del franquismo y que acusan a Garzón de crímenes propios de estados totalitarios. ¿No fusilaron en 1939 a los jueces leales a la República acusándoles de auxilio a la rebelión? Si fuera cierto que Garzón se equivocó (¿qué juez no lo hace?), le corresponde el castigo adecuado. Achacar intención al error es querer ir más allá. Pero cuando quieres asustar al bosque, desuellas al animal batido. El que fue fiscal anticorrupción, Jiménez Villarejo, lo ha resumido señalando a la Audiencia Nacional: “Casta de burócratas al servicio de la venganza institucional”. ¿Qué juez va a atreverse mañana con el PP? En Italia los volaba la mafia. Aquí los inhabilita la Audiencia Nacional.

¿Hasta cuándo va a callarse la democracia en este país? ¿Cuánto tiempo más vamos a repetir el absurdo de que hay que respetar en cualquier caso las decisiones de los jueces? Siguen achicando el espacio democrático. ¿Nos acordamos de las leyes de Nüremberg de 1933 y de juristas prestigiosos como Carl Schmitt que justificaron esa prohibición de matrimonios entre arios y judíos? El fascismo siempre ha tenido jueces saludando con el brazo en alto.

Rubalcaba: bueno para los veteranos, malo para el PSOE, bueno para otra izquierda

04 feb 2012
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Hasta el último momento, la elección de quien accediera a la Secretaría General del PSOE estaba abierta. No porque no estuviera todo cerrado desde los días anteriores -todo el mundo va a los Congresos con las cuentas hechas-, sino porque la propia trayectoria del PSOE implica que ya no hay criterios fijos -ideológicos o materiales- que garanticen el voto. Dicho de otra manera: hay una parte que no se sabe cómo va a resultar hasta que los delegados finalmente votan. Recordemos ese pequeño sector de Madrid que apoyó a Zapatero y terminó después traicionando al PSOE, entregándole la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre. Porque los partidos también son organizaciones de intereses, algo que, con demasiada frecuencia, en la fase cartelizada del Estado de partidos, se convierte en un elemento de enorme relevancia para explicar un resultado como el que ha llevado a Rubalcaba a la Secretaría General del PSOE.

El aparato histórico del partido -esto es, el aparato en esencia- aprendió del “error Zapatero”: era la última vez que se les colaba algo que no estaba diseñado. Pese a todo, una parte importante de las bases, casi la mitad, ha entendido que había “como que” empezar de nuevo -como recitó Chacón en su discurso a los delegados-. Pero ese deseo ha sido solamente una parte de la realidad. “¿Otra renovación? ¿Y qué va a ser de nosotros?” -recitaban en letanía los maduros militantes del PSOE que llevan demasiado fungiendo de burócratas. La misma incapacidad del PSOE de dejar entrar en liza a otros candidatos que no fueran parte fuerte del pasado -alguien que no fuera Chacón y  Rubalcaba- es la que ha terminado apostando por la continuidad. “Este es un partido fuerte”, ha repetido Rubalcaba. El que es capaz de impedir que la participación desborde a la institucionalidad. Como en la Transición. Un partido que renuncia a la pelea en el momento en el que estamos perdiendo el Estado social. Un partido que no puede, así visto, prometer nada hasta que los propios errores del PP les devuelva una posibilidad de gobernar. Mientras, la ciudadanía, alejándose y alejándose. (leer más…)