Izquierda Unida de Madrid: entre el ladrillo y la esperanza

¿Por qué no es capaz Izquierda Unida de ganar los votos que pierde el PSOE? ¿Por qué la gente joven no se siente atraída por esta formación que ha representado lo mejor de la tradición democrática española? ¿Por qué en mitad de la mayor crisis del capitalismo, la fuerza parlamentaria “anticapitalista” por excelencia -según reza su programa-, es incapaz de reunir en sus siglas a las fuerzas anticapitalistas que crecen en consciencia según crecen los efectos de la crisis? ¿Por qué la calle va por un lado e Izquierda Unida por otro?

La respuesta tampoco es tan complicada: porque en Madrid, Izquierda Unida hace mucho tiempo que perdió el rumbo tanto de la unidad como de la izquierda.

Pero no hacen falta muchas disquisiciones teóricas. La respuesta la podremos ver, este fin de semana, en la Asamblea de la Izquierda Unida madrileña.

Por un lado, los amigos del ladrillo. Por el otro, los amigos de la gente. Por un lado, los militantes de IU que el 15M reconoce porque han estado con el movimiento en la calle. Por el otro, los dirigentes de IU de Madrid buenos amigos de Gallardón, íntimos de Florentino Pérez y hermanos de Rato y Blesa. Por un lado, una nueva generación que le pide a sus mayores que sean puente y dejen de ser trinchera, convencidos de que una fuerza que crezca tendrá mucho más sitio para todos. Por el otro, la representación de la ausencia de generosidad política con los más jóvenes, los que llevan mandando 25 años, los que ponen por delante de las ideas políticas su bienestar personal. Los que sólo juegan si son números uno de las listas, diputados, concejales, alcaldes, dirigentes. Los que no soportan dejar de ser alcaldes. Los que han hecho de la política su profesión y el último gesto de generosidad lo quemaron, como muy tarde, en el referéndum de la OTAN. Puestos a preguntar, también vale interrogar a los que quieren ser novedad pero pueden repetir errores del pasado: ¿qué papel tiene que jugar en Madrid la Izquierda Abierta que dirige Llamazares? Gaspar Llamazares ha cosechado un gran respeto en la izquierda en estos años. ¿No puede acaso dilapidarse ese caudal escogiendo mal las alianzas? ¿No sería conveniente recordar quiénes fueron en Madrid los que le impidieron desarrollar su programa político como Coordinador General? Sabemos que la política hace extraños compañeros de cama. Pero hay revolcones que matan. Para siempre. No hay tantas referencias como para malbaratarlas. El caudal se Llamazares nos pertenece ya a todas y a todos. La izquierda que está abierta tiene que irse a los lugares abiertos.

Por eso no crece Izquierda Unida. Porque al lado de buena parte de lo mejor de la militancia de izquierda de este país, están los dirigentes que se abrazan con constructores tan turbios como las más turbia de las oscuridades. Al lado de los que siempre hacen de la solidaridad algo cotidiano, están los dirigentes que defienden los regalos de lo público a los constructores especuladores (¿hace falta recordar la defensa de Ángel Pérez de la concesión a Florentino Pérez de la esquina del Real Madrid?); al lado de los militantes que usan su escaso tiempo libre para impedir que echen a trabajadores fuera de sus casas, están los dirigentes imputados por formar parte del grupo principal de los banqueros sinvergüenzas de Bankia, al lado de la gente que sigue haciendo política incluso en los estadios, están los dirigentes que no comparten gradas con los seguidores de los equipos de Madrid sino que se abrazan en el Palco de honor (¿qué honor?) con los que les regalan una vida más cómoda además de algún que otro puro.

Por eso no crece Izquierda Unida lo que debiera. En un momento en donde hace falta, precisamente en Madrid, una izquierda real que defienda la España federal en esta locura de ensimismamientos identitarios. Pero ahí no está IU porque está demasiado ocupada en defender patrimonios personales. Una IU a la que Aguirre mandaba a callar porque quién sabe qué tipo de información tiene de esos dirigentes. Una IU más amable con Gallardón que con los compañeros de formación que buscan un rumbo más crítico cerca de los desahuciados, de los despedidos, de los estudiantes, de los engañados por los bancos. Una IU más cercana a la corrupción de Bankia y a los delincuentes que la han vaciado, rehen de las inversiones en palacetes aristocráticos en las tierras de origen, de los restaurantes caros, de la vieja política que pudre todo lo que toca, que envilece a los que convierte en lacayos a cambio de migajas, que entiende a los militantes de su clan como sicarios de una banda mafiosa a los que compra y exige, una política que averguenza y que explica por qué hace tantos años que la gente joven huye de Izquierda Unida.

Este fin de semana, en Madrid, Izquierda Unida puede dar una sorpresa. Podremos dejar de buscar las Syrizas españolas y podremos volver a pensar que antes de que los compañeros griegos acertaran con la fórmula, aquí ya estaba haciéndolo, con todos sus errores y también con mucha grandeza, Izquierda Unida. Se abrirán entonces vías de entendimiento con la calle, con la izquierda de otros lugares del Estado (sin el complejo de un Madrid cortesano y enladrillado), con el discurso del fin de los falsos consensos de la transición, incluido el de la monarquía. Madrid podrá empezar a pesar que puede tener un instrumento político para dar la batalla en esta guera que nos está costando la propia democracia.

Este fin de semana, en el Madrid de las instituciones, por un lado, el ladrillo. Por el otro, la esperanza. La que no queremos que nos sigan arrebatando hasta en el mismo nombre. La solución no va a venir sin más de los partidos políticos. Pero necesitamos también, qué duda cabe, partidos políticos. Nuevos o remozados partidos políticos. A IU le toca este fin de semana hacer su parte.

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