En un mercado en México (100 fotos del color de la tierra)

 

Aprovechando un viaje a la universidad Iberoamericana de Puebla, paré en Ciudad de México para participar en una conferencia. Pude escaparme al día siguiente a ver el impresionante zócalo donde entraron los zapatistas. No llegué a ver esa maravilla del mundo (con la Catedral escondiendo sin exito los restos del Templo Mayor mexica) porque me metí en un mercado que gritaba vida. Me puse las viejas gafas de León y me metí por sus pasillos.

 

Se me fue la mañana. México es puro pueblo golpeado y lleno de vida ensombrecido por una institucionalidad podrida y el narco. Contrasta el dolor con el color y la alegría. El gobierno de Peña Nieto, del PRI, está envuelto en muchos casos graves de corrupción. Los derechos humanos se desconocen de contínuo. Hay miles de presos políticos -miles, no uno-, treinta mil desaparecidos que se sepa, aparecen decenas de fosas con cadáveres cada día, hay una red descomunal de trata, la frontera con Estados Unidos es uno de los países del mundo con mayor inhumanidad en su trato con las mujeres (los narcos controlan una parte importante de México y en el acuerdo político, la prostitución forzada es esencial), se esclaviza y asesina a los inmigrantes centroamericanos de paso hacia los Estados Unidos, se hacen obras absurdas y carísimas realizadas por empresas propiedad de los políticos que las encargan y adjudican -la Ciudad de México es un ejemplo de ello, y los negocios de uno de los alcaldes, del PRD, dan la explicación del derrumbe de un partido que traicionó a la izquierda-, la policía está infectada por la corrupción, igual que buena parte de la política. Lástima que en España, por esas cosas de las alianzas de la mafia económica global, se le preste mucha menos atención que a Venezuela. Decir “madre patria” es un sarcasmo.

Los mexicanos están decepcionados con la política, pues les han reventado demasiadas veces las esperanzas: en 1988 con la “caída” del sistema y el silencio de los candidatos a los que les robaron las elecciones; en 1994, con la masacre contra el EZLN; en 1996, tras los acuerdos de San Andrés con la imposibilidad de trenzar una nueva fuerza política; en 2000 con la pérdida de la oportunidad de democratizar el país tras la salida del PRI del poder después de 70 años -la traición a sus promesas del derechista Partido de Acción Nacional agotó el bipartidismo y se comío un decenio hasta que se vio que ellos tampoco eran una solución-; con el robo de las elecciones de 2006 y de 20012 a López Obrador, que llevó a millones a los márgenes de la confianza política; con la incorporación al régimen del movimiento #yosoy132 (captando a una de sus caras más visibles como presentador de Televisa); o convirtiendo al movimiento contra la violencia de Javier Sicilia en un movimiento finalmente funcional al régimen. Demasiados sueños utópicos apagados. Pero con una sociedad civil viva que no se deja domesticar aunque no confíe en las instituciones. Me ha asombrado el compromiso de los universitarios, casi siempre al lado de los “jodidos”. En la UNAM, y también en la Universidad Iberoamericana, jesuita, al lado de los más golpeados. Me parece envidiable la red ciudadana de apoyo a los inmigrantes, casi siempre vinculados a la iglesia de base, nunca a la jerarquía católica- ¡Qué diferencia con el comportamiento de las universidades públicas y privadas españolas!). Pude visitar el Albergue para inmigrantes Cafemin, una vieja escuela reconvertida en espacio para inmigrantes. Voluntarios, monjas, médicos que encuentran un momento para antender, jóvenes que van a jugar con los niños refugiados. ¡Cuántos sitios vacíos en España! A la entrada del albergue, una frase del Papa francisco: que no estén vacios los conventos, que se llenen de inmigrantes. ¿Escuchas iglesia?

Ahora parece que el movimiento sociopolítico MORENA, encabezado por López Obrador, cobra fuerza. En la calle, el pueblo sigue sobreviviendo haciendo de cada momento de la vida un regalo.

Los atascos hace que mucha gente no pueda siquiera ir y regresar a su casa. También es motivo de que muchas personas no puedan estudiar: salen del trabajo pero no llegan a las clases. Una tarea pendiente, transporte popular eficiente.
Un republicano que se exilió en México montó esta cafetería en el entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México). En el Café Villarías sigue viva la II República.
Las abuelas cuidan a los bebés, y entre hilos y botones, no falta el cariño.
Uno de los elementos más relevantes del trabajo que desarrolló la izquierda en Ciudad de México fue dignificar salarialmente a los abuelos. Al recibir una pensión, se volvieron útiles y las familias se reconfiguraron.
La memoria de la República está más viva en México que en muchos lugares de España
Durante siglos, la Iglesia fue garante del “precio justo” de los intercambios. A lo mejor por eso ya no hay capillas en los grandes centros comerciales.
México, tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos, dicen que dijo Porfirio Díaz.
No hace falta esconder la pierna. La pobreza grita sin ponerle altavoces.
Así es México: colgando del abismo apenas sujeta con la otra pierna.
En los murales México construye la razón de su pueblo.