Nuevo Podemos, nuevo PSOE, viejo PP, viejo Ciudadanos

Irene Montero (Podemos), afectada por unas palabras de Rafael Hernando (PP), ayer en el Congreso

Decía una pancarta del 15M: ¡Qué largo se me está haciendo el franquismo! Con la moción de censura, la Transición ha dado su última boqueada y el régimen político nacido de la Constitución del 78 ha brindado sus últimos objetivos militares.

El discurso de la plurinacionalidad, que Podemos ha puesto por toda la geografía española –no solamente en Euskadi o Catalunya-, no puede frenarse con los chascarrillos decimonónicos de Rajoy, desbordado por la fuerza de Montero e Iglesias. La intervención machista de Rafael Hernando, queriendo ningunear a Irene Montero con comentarios que, en el fondo, eran una queja por la infinita superioridad de la joven política madrileña, es el colofón de una época en blanco y negro cuyo tiempo ya no es el tiempo de España. Por primera vez en mucho tiempo, se han escuchado en el Parlamento discursos de altura que han opacado los viejos discursos. España, después de la moción de censura, es un poco menos diferente.

El 15M marcó un nuevo eje en la política española. A partir de ese momento, el tradicional continuum “derecha-izquierda” ya no servía. Si el PP era la derecha y el PSOE era la izquierda, pero los dos estaban de acuerdo en las grandes políticas de estado –monarquía, reforma del artículo 135, austeridad en la UE, idea de España, reforma de las pensiones y la jubilación, papel del Banco de España, reformas laborales-, había algo que ya no podía explicarse desde esas categorías.

Cuando los jóvenes tomaron las calles y las plazas, los partidos políticos, como dijo El Roto , súbitamente envejecieron. Entonces, el eje “nuevo-viejo” pasó a ser esencial. El lema del 15M “PSOE-PP la misma mierda es” expresaba -si bien es cierto que con trazo grueso- esa percepción de “viejo” de los dos principales partidos por parte de un sector creciente de la ciudadanía. Cuando nació Podemos, que el PSOE estaba en lo viejo era incuestionable, y algunos debates televisivos de sus líderes con Rubalcaba, Alfonso Guerra, José Bono o Pedro Sánchez dejaron muy clara esa condición rancia de todo el espectro generacional de la dirigencia del PSOE. En el nuevo eje, “enfrente” marcaba la categoría del futuro político. Lo sabían hasta las bases del PSOE. Pero no lo sabía la vieja guardia socialista.

Ciudadanos, que venía de ser muy de derechas en Catalunya, se reinventó en el espacio de lo nuevo. Pero su apoyo a lo más rancio y corrupto de lo viejo –el PP de Cifuentes o Murcia o el PSOE de Andalucía- le ha limitado al espacio de escoba recogedora del mayor o menor bochorno que despierte el PP entre sus votantes. Y no es descartable que una nueva oleada de dirigente jóvenes del PP –algo que los veteranos del lugar intentan que no ocurra- arrumbe a Ciudadanos a un lugar marginal. Si nació para ser muleta y no soporta, tendrá la misma suerte que UPYD. Rivera solo tiene un hueco si el PP se equivoca y, repitiendo el comportamiento del PRI en México, decide confiar solamente en sus experimentados políticos de cartón piedra que viven de los 9,5 millones de españoles mayores de 65 años y de las redes clientelares que puedan sostener con dinero robado.

Sánchez ha tenido una segunda oportunidad. No vamos a recrearnos en su itinerario. Llegó a la Secretaría General del PSOE, por obediente, para frenar a Eduardo Madina. Hizo lo que le mandaron –como siempre había hecho: fue firmante de la reforma del artículo 135- hasta que, buen discípulo de las enseñanzas aprendidas en las Juventudes Socialistas, decidió presentarse a candidato electoral sin pedir permiso a Susana Díaz porque quería prosperar y porque es un profesional de la política. El aparato se le puso enfrente y lo fulminó con ayuda de los medios, especialmente del grupo PRISA. Pero la vida te da sorpresas y regresó con un discurso socialdemócrata pre Blair y Schröder –es decir, pre tercera vía- que derrotó a Susana Díaz, a Felipe González, a Rubalcaba, a Cebrián y a los tartufos del PSOE como Antonio Hernando o César Luena. Incluso dijo que Catalunya es una nación.

José Luis Ábalos expresó, como nuevo portavoz provisional, que hay un nuevo PSOE. Y Pablo Iglesias cogió ese guante. El diagnóstico de la corrupción parecía una copia del argumentario de Podemos. La única confrontación fue un documento interno de Podemos donde se dice que hay que seguir trabajando para ser más fuerte que el PSOE. Hay algunos sansirolés que piensan que Podemos debía haber escrito un documento interno diciendo que lo que tenía que hacer la formación morada a partir de ahora es todo lo posible para debilitarse y ayudar al PSOE a su pronta recuperación. Claro, de la misma manera que los documentos estratégicos del PSOE recomiendan reforzar en todo lo posible a Podemos y decir día si y día también cosas lindas del político de la coleta. Dejando de lado esa simpleza, amplificada por esos medios que tienen que salir al paso de la victoria de Podemos en la moción, no expresó el “nuevo PSOE” diferencias sustanciales en la economía. Yendo más allá, según Ábalos Ciudadanos es enemigo de las políticas sociales. Eso ha sido un paso de gigante. Porque si no pudo haber acuerdo para hacer gobierno con Sánchez, es porque la gestora del PSOE decidió pactar el programa económico con Ciudadanos y no con Podemos. Si el nuevo PSOE ha cambiado de parecer y es sincero, se abren las puertas a un nuevo gobierno.

Queda el reto de la plurinacionalidad. Si bien Sánchez ganó gracias a ese discurso, su primer acto tras la victoria fue reunirse con Rajoy para reforzarle en su contencioso con la Generalitat. De la misma manera, el discurso de Ábalos negó que Catalunya sea una nación –a no ser que simplemente se esté jugando con las palabras-, lo que le genera la primera gran vía de agua con los electores que le auparon. ¿Tendrán que ir los militantes que dieron la victoria a Sánchez a Ferraz a gritarle ¡No nos falles!? Sánchez puede llevar al PSOE a lo nuevo y empezar a preparar una nueva moción de censura para después del verano o ser rehén de sus contradicciones y volver a la confusión buscando nuevas elecciones que le permitan ser otra vez diputado. Malbaratará entonces esta segunda oportunidad que le han dado militantes heroicos y mantendrá entonces a un PSOE moribundo con respiración asistida por la vieja política.

Podemos ha logrado sus objetivos con la moción de censura. Ha demostrado que hay una nueva España que no tiene oído musical para las mentiras del PP y ha dejado claro que el tiempo de Rajoy ya no es el tiempo de España. Enfrente, Pablo Iglesias aparece como un posible Presidente -ahora sí- conectado con la España emergente. Con la moción de censura, el Parlamento se ha parecido un poco más a la España real que no puede soportar más el hedor de la corrupción y la manipulación de jueces y fiscales. Ha demostrado que Rajoy no tiene una mayoría que le sostenga en el Parlamento, ha metido las fechorías del PP en el diario de sesiones y ha demostrado que la era Rajoy pasará a la historia como la época de la corrupción. Al tiempo, ha demostrado que buena parte de nuestros problemas económicos tienen que ver con un modelo económico que se basa en la corrupción, poniendo como ejemplo en contrario las brillantes gestiones de alcaldesas como Manuela Carmena o Ada Colau. Ha brindado al PSOE la posibilidad de que se renueve desde la izquierda. De haberse consolidado el gobierno con Ciudadanos, el PSOE sería una muleta de la vieja política y, además, con la dimisión de Rajoy el PP hubiera dado por cerradas las responsabilidades por corrupción que ahora están saliendo. Igualmente, Podemos ha demostrado que su nueva portavoz es brillante, sincera y capaz, algo que muchos pusieron en duda después de Vistalegre 2, al tiempo que le ha permitido a Pablo Iglesias ocupar un papel más sosegado al no tener que hacerse cargo también de la impugnación como le venía ocurriendo. Por último, si Podemos tenía un déficit desde una mirada feminista, Irene Montero ha concitado el apoyo unánime del feminismo, de la misma manera que lanza un mensaje de esperanza a los jóvenes a los que el PP ha cerrado la puerta.

La moción de censura ha firmado el finiquito de la Transición, justo cuando se cumplen 40 años después de las primeras elecciones del 77. Hay una España esperando gobernar de manera diferente, una España plurinacional, internacionalista y fraternal, feminista, rejuvenecida, recuperadora de los mejores diálogos de esta etapa -rotos por el PP-, sin miedo y dispuesta a enfrentar los retos que amenazan a la democracia en España, en Europa y en el mundo y que con el PP o Ciudadanos está condenada a quedarse en la estación viendo cómo se marchan todos los trenes.