España, Marta Sánchez y el Espíritu santo

A lo mejor, la derecha de este país algún día aprende, se quita ese afán de venganza contra los que les disputan el sentido del país y permite nuevos consensos. Pero no lo ponen fácil. Su idea de España sigue siendo la del siglo XIX. Y la fanfarronería inconsciente con que lo hacen, no se moderniza. Creen que solo les corresponde a ellos dictar los contornos de la patria y se les puede llenar la boca y las muñecas de España al tiempo que tienen los dineros en Suiza o roban de lo público. En el fondo, para ellos España es ese país donde se vive “de puta madre” porque se lo financian muchas madres, padres, hijos y Espíritu Santo.

Hoy andan como locos porque Marta Sánchez ha cantado una letra de la Marcha de Granaderos, esto es, el himno actual de España, que es el mismo que había en el franquismo y es el que sonaba en la consagración en la misa durante Alfonso XIII. Como himno, dicen los que saben, es de una mediocridad  apabullante, precisamente porque no es un himno, sino una marcha militar que solo sirve para marcar el paso. Algo que encaja muy bien con la idea de España del PP y de Ciudadanos: simplona, uniforme y marcada a ritmo de tambor.

Lo mejor del himno hasta hace dos días era que a las nuevas generaciones les resbala Alfonso XIII, Franco y la Consagración incluso de la Primavera, pero la derecha tiene esa capacidad de actualizar sus barbaridades y hoy quieren volver a darnos en la cabeza con la letra de un himno que le gusta a Rajoy y a Rivera, mientras que  a otros nos parece que vuelve a dejar fuera a más de media España, Dios mediante. Y algo que no era un problema, como la inmersión lingüística en Catalunya, se vuelve un problema.

Méndez de Vigo dice que quiere aplicar el 155 para intentar prohibir el catalán. Marta Sánchez dice que no pide perdón por su España, cuando la única manera de que nos reconciliemos los españoles será cuando los que han hecho barbaridades y los que las justifican pidan perdón. Los franquistas todavía no lo han hecho. Ahí está el Valle de los caídos y nuestro Parlamento que aún no se ha disculpado en el pleno por el golpe de 1936. Y ahí están 114.000 españoles en fosas. Desde Miami, a Marta Sánchez no le llega el llanto de los fantasmas.

Rivera y Rajoy, que adoran la letra de Marta Sánchez porque son igual de cursis, carcas y decimonónicos, se pelean por ver quién odia más a Catalunya, como si no fuera España siendo Catalunya y hablando en catalán. Primo de Rivera ya prohibió la lengua, Franco veía rojos en cualquier Jordi o Jon, Wert quería españolizarles a regletazos y Méndez de Vigo surfea con el 155 como tabla.

Marta Sánchez le da las gracias a Dios por ser española. A unos, Dios les hace nacer en unos sitios y a otros en otros. Así que hay poco mérito en nacer en aquí o allá. El mérito está en construir patria logrando que la patria, nos cuide a todos. En cambio, cuando odias haces una elección. Marta Sánchez ha elegido vivir en Miami y desde Miami echa de menos una España que envejece como los Ateneos.

Eme punto Rajoy vuelve, como siempre que tiene dificultades, a la bandera y quiere que hablemos del himno. González Pons, que es un chico de los recados con mala conciencia, quiere oírlo en el Open de tenis. Imputados, pero que muy imputados, como Ricardo Costa van a juicio con la banderita española en la muñeca, para dejar claro que ellos roban a España sin dejar de ser muy españoles. Rivera se envuelve en la bandera y vibra con una letra (a la que él hubiera añadido una frase de Suárez o un mensaje de Kennedy), mientras sostiene a los corruptos del PP. Patriotas de pacotilla dicen que quieren morir en España aunque paguen impuestos fuera.

Algo comparten con los inmigrantes que se ahogan en el Estrecho.