La derecha española: del domund a la xenofobia

Hay que ser caraduras, querida gente del ABC, para ser responsables de estas dos portadas con apenas unas horas de diferencia. Debiérais respetaros un poco más a vosotros mismos. Mira que antes hacíais de los valores cristianos una reclamación constante. Pero debe de ser que el Papa Francisco os parece un peligroso bolchevique.

La derecha , en su desesperación, quiere poner a Podemos a pelear entre sí (es una de sus ocupaciones favoritas), a pelear contra los vecinos y a pelear contra la policía. Pero ya solo convencen a sus convencidos. Andan de capa caída, con los suyos todos los días capeando el temporal de la corrupción. Veo a mi amigo Jaime González en Las mañanas de Cuatro o al bendito de Marhuenda en La Sexta haciendo funambulismo para ver cómo salvan un poco la cara de los ladrones, corruptos, sinvergüenzas e inútiles que nos gobiernan. Inda, claro, les ayuda, que le va en ello el salario. Así que ¡No hay mejor defensa que un buen ataque!

La policía no persigue a los manteros por deporte, sino porque les obligan leyes que penalizan más vender en la calle -artículos que los españoles compramos- que robar dinero público. Hasta dos años de cárcel por vender productos falsificados, mientras que defraudar a hacienda es una mera falta. Los que vivimos en Madrid vemos todos los días el espectáculo. Los manteros con un útil sistema de cuerdas que con un tirón guardan en la manta las mercancías, los policías que se acercan, las motos que les cierran el paso. La inclemente ley de extranjería, las condenas por vender que les impiden tener papeles, vender como la única posibilidad de supervivencia porque no tienen papeles, los CIES que son cárceles inhumanas, las deportaciones (que son condenas de muerte en muchos casos), su indefensión ante las mafias (que compran los productos que venden los manteros en China a través de gente que luego tiene relaciones con las cloacas del Estado).

España habrá cambiado cuando aparezcan policías por la calle Génova y los encorbatados salgan corriendo al verlos. Siempre hablan de la policía, como si fuera de ellos,  porque temen ese momento. El día que murió Mmame Mbage, hubo una intervención en Sol contra los manteros. Si él venía de allí o no, hemos escuchado cien versiones contradictorias. No es lo relevante. Lo importante es que nos preguntemos cómo es su día a día. Ese miedo cotidiano que tienen, la angustia, la zozobra permanente. Los mismos policías que con profesionalidad le socorrieron cuando le dio el infarto son los que tienen que perseguirles por las injustas leyes que tenemos (y no tienen nada que ver con los antidisturbios que hemos visto golpear injustificadamente a un inmigrante, abandonarlo desplomado en el suelo, esconderlo en un portal y mucho después mandarlo a un hospital con traumatismo craneoencefálico. Esos han ensuciado al cuerpo de policía y deben ser los propios policías quienes pidan su juicio y expulsión). Malvivir es morir más temprano. Los pobres tienen menos esperanza de vida que los ricos porque las condiciones de vida te van matando. Hay que ser muy hipócrita para negarlo.

Ni Rajoy ni Cifuentes ni Villacís tienen el más mínimo interés en hacer nada. De hecho, sus declaraciones ayer olvidaban que había muerto un vecino de Madrid. Negro, pero vecino de Madrid. Por eso le toca al Ayuntamiento hacer un esfuerzo extra. Ya están en ello (ayer fueron concejales de Madrid los que se reunieron con los manteros. Y no necesitaron escolta, como el cónsul de Senegal), pero quizá toca aumentar el ritmo. Evaluar la entrega de tarjetas de vecindad, ayudar a crear cooperativas, fomentar el asociacionismo entre las comunidades inmigrantes, fomentar el diálogos de todos los vecinos de los barrios donde hay inmigración para evitar que tengamos aquí un rebrote de fascismo xenófobo para el que, por cierto, Ciudadanos ya se está preparando con su afán de liderar cualquier cosa. El Ayuntamiento de Madrid, como el de Barcelona, son dos de los mejores ejemplos de integración frente a la voluntad de construir guetos como en la periferia parisina, marsellesa o de Milán, donde el Estado solo existe en forma de intervención policial. Las soluciones pasan por el diálogo entre todas las partes. Como los ayuntamientos del cambio están teniendo éxito en la tarea, la derecha les dispara con rabia de animal herido. En Madrid, ha sido el mismo ayuntamiento el que ha reconocido que se podía haber hecho más. Ese es el camino.

La derecha, cuando bebía de fuentes religiosas, tenía esa voluntad de ayudar a los desvalidos por caridad cristiana. Con la derecha neoliberal, que no tiene más dios que el mercado, las condiciones se van a endurecer. Y de momento, los medios de comunicación que antaño defendían a la iglesia, hoy han decidido mentir sin el más mínimo decoro. Hay que recordarles, como a ese concejal del PP que no sabía cuántas eran las plagas bíblicas, que el octavo mandamiento dice “no mentir ni levantar falso testimonio”. Qué bueno sería que existiera el infierno.