Las madres de Ussía y Carlos Herrera

Alfonso Ussía, Celia Villalobos, Pilar Cernuda y Carlos Herrera (por cierto, uno de los más beneficiados personalmente de la x que la gente marca en la casilla de la iglesia en la declaración de la renta) dicen que la gente que no es de su cuerda son gente “sucia” , “no se ducha”, con “basura”  y “huelen mal”. ¿Por qué insisten siempre en ese ataque? ¿Qué buscan imaginando siempre a los humildes como “piojosos”, “mugrientos” y desaseados? Mame Mbaye vendía en su manta perfumes caros falsificados. Los marranos, que eran los judíos, devinieron igualmente en sucios, porque así los expulsas mejor.

Lo cierto es que estos buenos cristianos, con esos comentarios, dan ideas a los que echan gasolina al colchón de un pobre porque el fuego va a limpiar su mugre. Son también los que estigmatizan a los que viven en la calle y los luego los neonazis dan una paliza y también purifican con las llamas. Alguno estará incluso pensando en empezar a perseguir a los pringosos de izquierdas. Porque los de izquierdas son inmundos y andrajosos.

Estos sacos de odio, chuletones, coñac y vino odian a los pobres. ¿Hay alguna razón escondida? Una muy de fondo: porque adoran a los ricos. Hay gente que cree que quemar a un pobre en un cajero es un acto de higiene hacia la gente de bien, pero quebrar las cajas de ahorro una tarea de emprendedores con olfato empresarial. No es una casualidad que son esa gente a la que siempre otros les lavan la mierda.

Estos personajes son el ejemplo ideal de haters. Buscan audiencia odiando y poniendo todos los días la diana sobre sus odiados (¡Ay cuando en Euskadi se pintaban dianas y ellos, con razón, bramaban!). Desde una emisora católica, Carlos Herrera, que se queda quizá el mayor pellizco personal de la X del recuadro de la iglesia, es un maestro odiador, como ayer lo era Jiménez Losantos. Si llevasen una escopeta recortada y vieran al Papa Francisco, que habla de regresar a los pobres, ¿qué harían estos que viven a cuerpo de rey gracias a la Iglesia católica?

La única gente pobre que tienen cerca son contratados y, por supuesto, les insultan. A veces son tan sobrados que lo hacen en público, como Celia Villalobos. Esos pobres a los que dejan estar cerca son las que les cocinan, les limpian, cuidan a sus hijos y los que conducen y lavan sus grandes coches, esos que ensucian tanto nuestras ciudades. Son los que sacan cada noche las numerosas bolsas de basura que producen estos sobrados.

Esta gente te mira por la calle y si no llevas quinientos euros en ropa y complementos aceleran el paso y dicen para sí que cómo está la inseguridad. Les parecen un horror las huelgas y si les afecta personalmente en un atasco o en un paro en el AVE o en el avión, dicen que España se hunde, pero nunca protestan cuando los empresarios se llevan la fábrica a otro país donde no existen sindicatos para aumentar los beneficios.

Cuando se muere un negro que vende mercancías ilegales que le venden chinos mafiosos, se olvidan de mencionarlo en su relato, ocupados en hacer todo un discurso sobre las bondades de la policía, pero cuando la policía hace informes que demuestran que los del PP han robado o están en tramas de corrupción dicen que la policía está infiltrada por los de Podemos.

Hacen mercadillos pijos para gente pija que recauda dinero pijo para los negritos, aunque nunca será tanto como las comilonas que se pegan con motivo de la ocasión y el sacrificio que han hecho ese domingo. Y los negritos, por supuesto, que se queden en la puerta para las fotos.

En verdad no son racistas, porque se llevan genial con los árabes, los marroquíes, los chinos y los africanos siempre y cuando sean muy ricos, cosa que lo son porque se lo han robado por lo general a sus pueblos. Si en la calle ven un niño pobre de piel blanca, se indignan y creen que está drogado o secuestrado, pero cuando son negros o mestizos les pellizcan las mejillas y les dan unos céntimos creyéndose que es una señal de que son muy buena gente y dios les guía los pasos.

Siempre coinciden en llamar a los que no piensan como ellos “sucios”. Porque los que se sienten de una clase superior, quieren creer que los pobres nunca están limpios. Necesitan pensar que no terminan de ser seres humanos y presentarlos como sucios les ayuda en ese desprecio. Nos llaman “basura”. Necesitas tener menos empatía a quienes animalizas o su lugar es el vertedero.

Las madres de Ussía o de Carlos Herrera quizá vinieron de sectores populares. Si es así, seguro que siempre se preocuparon de que sus hijos llevaran las rodillas limpias, aunque luego hayan desarrollado un corazón sucio y una mente hedionda. Seguro que no son responsables de que sus hijos tengan tanta roña en la cabeza como para añadir a los humildes la condición de sucios para así justificar su odio y llegado el caso su marginación. Nuestras madres, porque sabían que no teníamos gran cosa, siempre nos enseñaron a estar limpios. Las rodillas limpias eran una religión. Carlos Herrera, Ussía y los demás odiadores en el fondo no nos insultan a nosotros. Insultan a las madres que nos enseñaron. Y ahí están pasando fronteras que no debieran. Le pasa a toda la órbita del PP, que están desubicados y ya hasta las madres de las víctimas les invitan a que dejen de ser buitres y carroñeros. Los de la Brunete mediática siguen erre que erre. Para eso les pagan.

Yo, que no soy creyente, sé que bienaventurados son los que tienen las rodillas limpias, porque suyo es el reino de los cielos. Y también sé que hay descerebrados, llenos de odio y ponzoña en el alma que creen que los pastores de Belén eran brokers y que el portal de Belén lo diseñó un tal Calatrava.