Democracia española a media asta

Justificar las desigualdades no es sencillo. Lo que es evidente necesita poco teatro y por el contrario, a lo increible o le pones magia o no se lo traga nadie. Por eso, igual que las bodas de los monarcas tienen que parecer de cuento, la derecha siempre ha necesitado apropiarse de los símbolos de la nación. Cuentan con la complicidad de los que han sido capaces de llegar a lo más alto en sus respectivos cuarteles. La ambición habla siempre un lenguaje comprensible a los ambiciosos. La derecha, lo primero que hace es sentar en su mesa a los representantes de esos signos: a los reyes, a los nobles, a los generales, a los obispos. Y un pobre en Nochebuena, aunque esa costumbre ya la han perdido.

Estos mismos que se apropian de los símbolos de la nación, son los que dictan qué es España y quién es la anti España. Le ponen nombre a las cosas y se las quedan. Construyen el relato y dicen que la nación les pertenece a ellos. Igual que pueden trazar la historia de su familia durante varias generaciones porque nunca se juntan con pobres, terminan confundiendo la patria con sus familias. Por eso pueden ir a un juicio por corrupción con la banderita de España en la muñeca y después de haber comulgado, y confesado con el cura, porque que lo hagan con los jueces es más difícil.

La derecha española, que solo ha ganado guerras contra otros españoles, se ha apropiado en nombre de esas victorias de los nombres de la patria. En España se ha fusilado a cientos de miles de españoles en nombre de España. Es la derecha quien dicen qué es un funeral de Estado y qué no, quiénes son víctimas y quiénes no lo son, a quién pertenece la bandera y dónde van los crucifijos. Han usado siempre la bandera para sus batallas personales. Por eso a una parte importante del pueblo ni se le pasa por la cabeza colgar la bandera cuando se ha suicidado alguien porque le van a desahuciar ni cuando tu hijo gana una beca. Sacaron las banderas contra Zapatero y ahora las sacan contra Podemos o contra los que quieren construir una idea de patria con la gente y no con los obispos, los generales, los banqueros, los rectores de la Rey Juan Carlos y los aristócratas. Y no nos engañemos: cuando la derecha catalana saca la estelada como si fuera suya, por lo general suelen parecer enormemente españoles.

Hoy ponen en los cuarteles la bandera a media asta porque se ha muerto Jesucristo, que es Dios y lo tienen en nómina.  En diferido, esto es, cada vez que los españoles marcamos la x en la casilla de la declaración de la renta a mayor gloria de la COPE y mi amigo Carlos Herrera, que se lleva vuestra pasta. También entregan a las cofradías la posibilidad de indultar a corruptos, salvo que alguna quisiera indultar a los presos catalanes cuando les juzguen. Ahí tendríamos que escuchar qué opina la derecha de los indultos. Como los indultos también son suyos, si beneficia a su gente es justicia, pero si va contra sus intereses son abusos de los malos españoles.

Esta derecha va a misa porque los obispos beben de su vino y comen de su jamón. Si no fuera así, los que hablan en nombre de Cristo les echarían del templo por fariseos. Gente del Opus Dei, Legionarios de Cristo, católicos de misa diaria que cuidan a los suyos incluso cuando roban o son pederastas pero dejan morir en el estrecho a inmigrantes, dejan en la puta calle a españoles desahuciados, en la desesperación a millones con cara triste en las colas del paro, en la precariedad, en la violencia machista, en el Madrid Arena, el Yak 42, los atentados de Atocha, la hepatitis C, el tren de Santiago o el metro de Valencia. Qué ganas de que exista el Dios del Antiguo Testamento y no se olvide de uno solo de los criminales que creen que ellos son España.