Machado contra Salomón o un CIS sin aplausos

 

 

 

 

 

Las señales que leen la realidad se han vuelto turbias. Hubo un tiempo en donde los aplausos medían el favor del público a lo bien ejecutado. Aunque dicho así, puede parecer que las cosas no han cambiado tanto.

En Sevilla, un grupo predominantemente de hombres del PP aplaudió a Cristina Cifuentes en un clima de raro nerviosismo. En verdad, no se sabe muy bien qué aplaudían. Visto lo que pasó después, uno podría pensar que estaban aplaudiendo que le iban a reventar la vida y a humillarla personalmente. Ese tipo de aplausos no está en ningún protocolo pero manda recado sobre futuros aplausos emocionados y tronantes a cualquier cargo del partido más corrupto de la historia de España. Quien avisa, no es traidor.

Ayer en Barcelona, trescientas personas que de una manera u otra estuvieron en las redes políticas o clientelares de Jordi Pujol, le aplaudieron largamente en un homenaje público donde los aplausos se alargaban de manera directamente proporcional a la corrupción que afecta a prácticamente toda la familia Pujol, presente en el acto. No se han localizado matices diferentes cuando se aplaude a una corrupta en Alicante o a un corrupto en Barcelona.

Ayer Ciudadanos aplaudió en Madrid a su dirección por haber solventado la crisis de corrupción del PP madrileño poniendo en lugar de Cristina Cifuentes a quien ha sido su mano derecha durante 15 años. No se sabe si en el aplauso de Ciudadanos, lo que aplaudía la mano derecha lo sabía la mano izquierda, pero al final, por esas cosas que solo logran las encuestas, Ciudadanos aplaudía e Inés Arrimadas sonreía.

Dice el último CIS que el bipartidismo está de capa caída. Ha salido Rafael Hernando aplaudiéndose en su cara dura diciendo que aquí no pasa nada y casi se le escapa “todo el mundo al suelo” porque estaba en el Parlamento. Y ha salido Pedro Sánchez aplaudiéndose a sí mismo en la tribuna de invitados del Parlamento, porque no es Diputado, diciendo que más cornadas da el hambre y que en peores plazas ha toreado.

Dice el último CIS que la preocupación de las mujeres en España gira en torno a la desigualdad y las políticas sociales, mientras que la de los hombres lo hace sobre inmigración, corrupción o Catalunya. Que es una forma de decir: las mujeres se preocupan por cuidar y los hombres por mantener su honor de machos a los que nadie puede desafiar. Las mujeres no aplauden, porque tienen las manos ocupadas, y los hombres aplauden para que parezca que les asiste algún tipo de razón. Los hombres leen el CIS y piden la espada para partir al niño en dos cachos. Las mujeres leen el CIS y se dan cuenta de que hay una España que se está marchando y otra que requiere muchos cuidados para que crezca sana.

Dice el CIS que el PP, el PSOE, Ciudadanos y Podemos están empatados. Dos van de bajada y dos van de subida. El bipartidismo ya no refleja ni siquiera media España. Pero la España corrompida por el PP se refugia en la España amable con la corrupción de Ciudadanos. Queda mucha tarea para que el voto navegue y no naufrague. Falta que los aplausos de la España que muere y los de la España que bosteza no apaguen los aplausos de la España que quiere vivir y a vivir empieza. Los amigos de Salomón no van a dejar tan fácil paso a la sabiduría irónica de Antonio Machado. Pero es esencial que se sepa qué significa estar en cada lado y que la política no juegue al zigzag. Lo demás, es alimentar una confusión que sólo sirve al cinismo y a malograr oportunidades. Tiempos de política femenina más que masculina.