Llora Feijóo, ríe Casado, calla Sabina

No leemos las tripas de los gansos que vuelan hacia Egipto ni tenemos bolas de cristal. Ni siquiera nos han pasado el algoritmo de google. Pero que la salida de Rajoy de la dirección del PP venía con descomposición estaba escrito en las estrellas.

El PP, dicen los jueces, es una organización para delinquir y los que llevan en ella en cargos de dirección más de cinco minutos, algo han escuchado de los dineros que produce estar en el poder en ese partido. Que los dirigentes estaban ahí para forrarse es evidente, porque son los mismos que piensan que España les pertenece. Entre los 40 ladrones con los que  se encontró Alí Ba Ba, había mejores o peores, pero ladrones eran todos. Los del PP son esa gente que va a declarar como imputados por robar con la pulserita de España en la muñeca. Se les llena el labio de arriba de España mientras con el de abajo dan las órdenes de saqueo. Como espiar para otro país y decir que te apasiona la selección del tuyo. Aunque estos de la derecha, esquizofrenias pocas. Como tienen la patria, la suya, en el bolsillo, lo que han hecho toda la vida es fusilar o matar civilmente a los que reclaman que otra patria es posible. Les revienta que Franco salga del Valle de los Caídos porque saben que es una suerte de fin de la impunidad simbólica y práctica. Son una derecha tramposa, vengativa, inconsecuente con la democracia. Se equivoca Sánchez si busca resucitar el bipartidismo. Ya lo hizo Craxi con Berlusconi en Italia y sabemos lo que pasó. Tiempo de reinventar una patria diferente. Aznar, que trabaja para un fondo buitre de esos que roban la vivienda a los españoles, condenado por defraudar a Hacienda, responsable de meternos en una guerra que nos costó ser blanco del terrorismo, se permite darnos lecciones de españolidad.

Uno de sus cachorros, Pablo Casado, se ha postulado para sustituir a Rajoy. Como ha mamado chulería, dice que no tienen que arrastrarse. Claro. Con dinero, medios, jueces, banqueros y relaciones internacionales se han sentido muy jefes. Pero se les ha acabado. Así que a ver si llega al final de la carrera, porque además de ser el gestor de los regalos de Gadaffi a Aznar, tiene el asunto de su máster y de su licenciatura. Estos, cuando el pueblo llegó a la universidad, necesitaban tener más títulos para que no les confundieran. Ya la jueza ha preguntado si está aforado, porque ve indicios de delito. Otro.

Margallo no tiene grandes posibilidades porque es demasiado decente para ese partido. La pelea entre Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal no puede zanjarse sin más con la victoria de una sobre otra, porque los derrotados, sean los que fueran, no van a aceptar que les pasen por la quilla y les echen al mar por donde están los tiburones. Esos dos bandos van a estar presentes en la contienda, sí o sí,  y con un cuchillo entre los dientes. Soraya Sáenz de Santamaría ya lo ha anunciado. Cospedal hará otro tanto. Y tensionarán al partido hacia sus banderías.

La opción Feijóo podía haber servido para restañar las heridas en el PP. Pero le tenían que dejar sumar a alguno de los grupos cuando no a ambos. Seguramente hizo mal los cálculos o hablo antes con quien no debía. ¿Por qué ha contado llorando que no se presenta? ¿Alguien sabe algo no los demás no sabemos? ¿Cuántos vídeos tienen los mafiosos que ya arreglaron cuentas con Cifuentes?

La sucesión de Rajoy solo puede ser traumática. Porque los que pierdan pueden terminar en la cárcel y sin que nadie les mande un triste sms. No olvidemos que en el PP, los ladrones no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas. La derecha se multiplica: por un lado, los tres tenores: Abascal, Rivera y Casado, peleándose por un mismo espacio y tensionando a la derecha hacia la derecha. Por el otro, y nunca mejor dicho, las tres soprano, manejando dossieres, vídeos e informaciones secretas: Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y Ana Pastor.

Lo democráticamente sensato en el PP sería disolverse y empezar de nuevo. Pero no lo harán porque tienen demasiadas redes clientelares y la pelea por los despojos será a muerte. Los bancos montaron un Podemos de derechas pero parece que no está a la altura de las encuestas, de manera que al PP le queda todavía agonía.  Legislatura hasta el final, dice Sánchez. Y los 84 diputados de Sánchez solo tienen sentido con los 71 de Unidos Podemos.  “Lo niego todo” es el nombre de la gira silenciada por afonía aguda de Joaquín Sabina. Es al único al que creemos esa frase.