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La derecha tiene ángel

06 feb 2012

 

La alta sociedad está que se sale. Mario Monti, el superhombre del grupo Goldman Sachs que impusimos a dedo para presidir Italia tras prejubilar a Berlusconi, le recomienda a los jóvenes que no se obsesionen por un trabajo fijo, porque de obtenerlo pueden aburrirse mucho. Seguro que él sabe tela de muermos por ser senador vitalicio y sufrir la cadena perpetua de asistir a los debates de la Cámara Alta hasta que la muerte le separe de su escaño. Hasta la duquesa por excelencia está indignada. Cayetana de Alba aprovechó su asistencia a un desfile de moda flamenca para sugerir que su familia también sufre la crisis. El linaje más rico de la aristocracia española, con una plusmarca de títulos que ya quisieran para sí la sala de trofeos del Madrid o del Barça, compite sin duda con los mileuristas, los desahuciados y los parados sin subsidio.

Lepe parece haberse comprado un loft en la calle Serrano. La derecha, como es creyente, tiene mucho ángel. Antes, a cualquiera se le ocurría decir miembra y le lapidaba la caverna. Ahora, lo hace el ministro Montoro y apenas provoca la mueca acostumbrada de cada vez que repite el estribillo de la contención del déficit o ese conocido bailable de qué mal va Andalucía y qué bien lo lleva el gobierno valenciano.

Este Gobierno tiene bula. A los lápices afilados de antaño se les ha caído la punta. Así, Ruiz Gallardón arguye que lo más progresista que ha hecho en su vida es abolir la actual Ley del Aborto, pocas horas antes de privatizar los matrimonios a través de las notarías. De extender dicha medida a las bodas religiosas, ya me veo a los piquetes del sindicato de curas a pedrada limpia contra las cristaleras de los ilustres colegios notariales.

A su colega, el ministro Wert, le va más el estilo Torrente. Así, no siente rubor en echar las culpas a los moros del fracaso escolar en Ceuta y en Melilla, poco después de ampliar la enseñanza obligatoria a primero de bachillerato para que los colegios concertados y en su mayoría católicos trinquen un año más del erario público.

Los conservadores son muy chistosos. Sólo que a ellos les ríen las gracias y la izquierda, sin embargo, no está para muchas bromas.