Opinion · Las carga el diablo

Pedro Sánchez y su primer año al frente del PSOE

pedro-sanchez-web-de-pedro-sanchezA Mariano Rajoy, master cum laude en tancredismo, le ha salido un aplicado competidor en el ala oeste del bipartidismo. Hay quien asegura que a Pedro Sánchez lo eligieron para que se estrellara y ahí lo tenemos, en plan estrella y hecho un pincel, atreviéndose incluso a sacar pecho sin haberse movido prácticamente de la losa cuando se cumple ya su primer año al frente de la Secretaría General de su partido.

Motivos tiene para que se le suba el pavo, desde luego, porque pocas veces alguien perdiendo tanto, acabó sacándole tanto petróleo a una derrota. El 24-M se le fueron al PSOE por la alcantarilla más de seiscientos mil votos pero eso no le ha impedido, además de conservar las dos autonomías que le quedaban, Andalucía y Asturias, recuperar cinco presidencias que llevaban lustros en manos del PP (Aragón, Baleares, Castilla La Mancha, Extremadura y Valencia), dos vicepresidencias (Cantabria y Canarias), varias diputaciones y 336 ayuntamientos más. Tiene ahora 2.617 alcaldías frente a las 2.281 que obtuvo en 2011. Viva el tancredismo.

Viva el tancredismo porque aparte de lucir su palmito de bolo en bolo, al menos a primera vista poco más ha hecho Pedro Sánchez para obtener tal éxito. Salvo poner a parir a Podemos durante meses y más tarde, tras las elecciones, dejarse querer por ellos para gran disgusto y mayor rebote de Rajoy y sus acólitos, quienes desde entonces lo han convertido en diana de sus histéricas diatribas llamándolo “títere de los radicales” y “portamaletas de separatistas y populistas” entre otras lindezas.

El trabajo a Pedro Sánchez se lo está haciendo Podemos, que son quienes llevan año y medio zarandeado el árbol. Pero las nueces, rememorando un célebre símil de Xabier Arzallus, las está recogiendo el Psoe. Andalucía y Catalunya fueron durante años el sostén de los triunfos socialistas y ahora que esto ya parece historia, sobre todo en Catalunya, aparece Podemos que pone la sal y la frescura -también la ingenuidad- de un proyecto nuevo y cuyos votos acaban, en un gran porcentaje, en el cesto de siempre.

Sánchez, además, va por el mundo de “yerno ideal“: calladito, modosito, comedido… una mosquita muerta de libro. Que se lo pregunten si no, por ejemplo, a Tomás Gómez y otros cadáveres políticos que, a la chita callando, va dejando por el camino. Ahora está permitiendo que se quemen sus adversarios en la arena electoral: el PP rematando el destrozo de cuatro espantosos años, Ciudadanos evidenciando que son “la nada envuelta en celofán” y Podemos recibiendo sin descanso palos a mansalva de todos los periódicos de la derecha empezando por “El País“.

De toda la vida de dios, los callados siempre han sido los más peligrosos, y este verano Sánchez mantiene un perfil bajo que en buena parte le preserva de la que está cayendo con las elecciones catalanas a la vuelta de la esquina y las generales a punto de caramelo. Justo lo que hizo Rajoy hace cuatro años, ponerse de perfil con la esperanza de que huracanes, tormentas y hasta tsunamis acaben beneficiándole.

El día en que Sánchez se envolvió en la bandera española, como por arte de magia, desapareció. A ver cuál será su próximo truco.

J.T.