Ser delincuente es rentable

Casi diez años de escándalos y le damos carpetazo en un plis plas. Gürtel, Nóos, casi diez años esperando que llegaran estos momentos y cuando llegan… desaparecen de las páginas de los periódicos en horas veinticuatro ¿Tanto trasiego para esto? Correa, Crespo y el Bigotes, colorín colorado, ya están en la cárcel porque “hay riesgo de fuga” mientras Urdangarín, condenado a seis años y tres meses, se “fuga” en bicicleta de los fotógrafos que lo acosan por las calles de Ginebra.

Gürtel y Nóos llegan al final del camino y parece como si hubiéramos perdido el interés por el desenlace de un culebrón que hemos seguido con pasión durante casi dos lustros. Años viendo llegar a declarar a los juzgados a ex ministros, ex presidentes de comunidades autónomas, vips de toda clase y condición con la morbosa guinda de Cristina y su marido, y de pronto… ¿Es posible que hayamos perdido el interés después de meses siguiendo la retransmisión en directo de dos juicios con tan alto número de acusados que fue preciso habilitar macrosalas especiales para celebrar las vistas? ¿Es normal que, aparte de Urdangarín y el suspense sobre si entrará o no en la cárcel, no se hable ya del destino del resto de los condenados, como Diego Torres, ocho años y medio de pena, o Jaume Matas, un ex ministro que ya sabe lo que es la cárcel y que puede volver a ella?

El común de los mortales no hemos perdido el interés pero las radios, las agencias, las teles, y los periódicos de papel madrileños han decidido otorgarle tratamiento light a estas informaciones y cuesta seguir la pista al día a día de cada uno de los encausados una vez conocidas las sentencias. Ahora nos entretienen con la “investigación”, antes llamada imputación, al presidente de Murcia mientras los juzgados continúan con un stock de sumarios por encima de sus posibilidades en los que se amontonan decenas de escándalos pendientes de resolver. Ya tenemos en la cárcel unos cuantos condenados de perfil medio-bajo mientras los pesos pesados continúan respirando el aire fresco de febrero en los parques de Ginebra o en las pistas de Baqueira.

A fe que parecen haberse medido con eficacia los tempos para atenuar el efecto mediático y social de las sentencias. La de Nóos se ha conocido ocho meses después de quedar “visto para sentencia” y en el caso de Gürtel las condenas ahora hechas públicas corresponden al primero de los juicios, que finalizó ya en abril del año pasado. Con un recorrido de tantos años desde que se abren los sumarios hasta que se hacen públicas las sentencias, nos aburren y nos cansan, pero no conseguirán que perdamos el interés ni dejemos de indignarnos.

Jesús Gil, aquel legendario delincuente precursor de esta era de desvergüenza, solía convencer a sus allegados y atraerlos a la causa de la prevaricación y el cohecho (tampoco es que se resistieran mucho) argumentándoles que de la cárcel se sale, pero de la miseria no. Le faltó añadir que de la cárcel se sale… pronto. Parece que a muchos les compensa el riesgo. Que les quiten lo bailao… y lo que volverán a bailar, apenas cumplan los ridículos años de pena a que han sido condenados.

J.T.