Acabar con 34 empleos por un ordenador

Hace dos años ya escribí acerca de cómo la tecnología podía llegar a ser una amenaza para los puestos de trabajo, especialmente para ciertos trabajos manuales (cadenas de montaje) en los que, además, se maneja ya maquinaria pesada que entraña ciertos riesgos laborales. Entonces, estudios de Deloitte y la Universidad de Oxford advertían que en los próximos 20 años la automatización engullirá un tercio de los empleos. Quizás ese plazo era demasiado extenso: la revolución robótica se ha acelerado.

La cuarta revolución industrial entraña un cierto peaje. Hace un año, Caixabank publicó un informe que dibujaba un panorama poco optimista de cara a los trabajador@s: Mientras en otros países europeos, como Reino Unido, el riesgo alto de automatización se sitúa en el 35%, en España lo hace en un 43%, tan sólo cuatro puntos porcentuales menos que en EEUU.

La diferencia respecto a los primeros temores de qué tipo de empleo será el más amenazado es que si hace tiempo se pensaba que el trabajo de oficina podría esquivarla, ahora es uno de los mayores candidatos a ser ejecutado por un ordenador. Contables y administrativos están en la posición más alta en cuanto a riesgo de sustitución por una máquina o, si queremos ser más sofisticados, por Inteligencia Artificial.

Las cifras de Caixabank vienen avaladas por otros estudios que parecen ir preparando el terreno, como es el caso de la OCDE, que indica que los tres países europeos que más sufrirán esta automatización serán Alemania, Austria y España; cerca de dos millones de empleos se irán al garete a mano de la tecnología, esto es, cerca de un 12% de los empleados en estos países.

¿Estamos hablando por hablar? Lo cierto es que no. Este mismo mes de enero que iniciamos, la compañía de seguros japonesa Fukoku Mutual Life Insurance ya ha mandado a la calle a 34 empleados, encargados de las reclamaciones de pólizas (un 30% de su departamento). La tecnología del IBM Watson Explorer, que se encuadra dentro de lo que se ha tenido a bien llamar ‘informática cognitiva’, será quien asuma ahora esa carga de trabajo.

La aseguradora nipona se va a gastar unos 1,7 millones de dólares en instalar el sistema de IBM, que requiere alrededor de 128.000 dólares al año en mantenimiento, tal y como cuenta el medio japonés The Mainichi.

La compañía confía en mejorar su productividad alrededor de un 30% a la hora de ejercer como perito asegurador. Para ello, el IBM Watson es capaz de analizar la voz de los asegurados cuando expongan sus reclamaciones, transcribiéndola y evaluando palabras negativas y positivas.

Ya hay experiencias similares en EEUU, en algunos departamentos de atención al cliente. En este sentido, consultoras como Forrester prevén que para este año las compañías tripliquen sus inversiones en Inteligencia Artificial para conseguir, según indica, “convertir los datos de clientes en experiencias personalizadas”.

Como concluía hace exactamente hace dos años, no todas las tareas han de realizarse de un modo más rápido y eficiente si para conseguirlo eliminamos el trabajo de una persona. En muchos casos, debe primar la participación humana por encima del ahorro de costes que, en realidad, únicamente redunda en seguir hinchando la cuenta corriente del empresario de turno.

Que nadie les venda otra cosa porque, en la mayoría de los casos, tras el falaz mensaje de marketing de “mejora del servicio al cliente”, únicamente se ocultan recortes de gastos (por despidos) y aumento del margen de beneficio para satisfacción única de las élites.