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Hacerse repartidor de Amazon por horas

La precarización generalizada del empleo campa a sus anchas. 2018 no apunta a que vaya a ser un mejor año, más bien al contrario, porque en un año previo a elecciones, el Gobierno pondrá en marcha cuantos mecanismos sean necesarios para seguir maquillando las estadísticas de personas desempleadas sin importar la calidad de los puestos de trabajo.

Llegan ahora rumores de que Amazon puede hacer desembar su modelo Flex en España. ¿En qué consiste? En que cualquiera pueda hacerse repartidor. Basta tener un vehículo y un teléfono móvil para comenzar a hacer repartos. Este modelo ya ha cruzado el charco desde EEUU y, por ejemplo, está funcionando en Reino Unido.

En Londres, basta hacerse autónomo y  disponer de coche -todavía no se ofertan portes para hacer en bici o a pie-, para convertirse en repartidor. Puedes diseñar, incluso, tu calendario de disponibilidad y, a cambio, Amazon paga entre 12 y 15 libras la hora, pagando semanalmente sin esperar a fin de mes. Un salario que, considerando que en hostelería se puede llegar a cobrar únicamente siete libras la hora, puede parecer una buena opción.

Las ganancias estimadas dependen de diversas variables, como el estado del tráfico, pero cuidado, será complicado hacer trampas. A fin de cuentas y con el teléfono móvil, estamos geolocalizados con extraordinaria precisión, se puede comprobar si había o no embotellamientos en las ruta más corta -y si optamos por ella-, etc.

Hay quien ya ve paralelismos entre Flex de Amazon y Uber, que no está saliendo muy bien parada en Europa con las últimas decisiones judiciales, cuando la corte de Luxemburgo la ha equiparado con una empresa del taxi y no como una mera intermediaria.

Por otro lado, hay que tener en consideración si el salario es digno y ahí, no podemos caer en el argumento presentado anteriormente, es decir, en la comparación con abusos laborales dando a éstos como asumibles. Quiero decir: no vayamos a aplaudir un posible sueldo indigno en España, donde la precariedad ha conseguido que, incluso trabajando, sea imposible salir del umbral de la pobreza. Eso sería como pensar que ser mileurista es maravilloso -porque apenas se ganan ya 700 euros al mes-, cuando antes de la crisis era rozar la marginalidad.

La precariedad es precariedad, más allá de grados. No nos conformemos con un nivel menor y luchemos por una dignidad de la clase obrera. No es de recibo, como veo estos días en Madrid, a personas pedalear por encima de sus posibilidades para empresas que se dicen de ‘la nueva economía digital’ que, en realidad, han encontrado nuevas maneras de aprovecharse de la necesidad de las personas.

Bienvenidos todos los nuevos modelos de empresa y una economía colaborativa real pero, ojo, no bajemos la guardia cuando lo que tenemos ante nuestros ojos son nuevas puertas por las que se nos cuela el capitalismo depredador.