El hijo del Concorde será más silencioso

David Bollero

El último vuelo comercial del Concorde fue el 24 de octubre de 2003 después de 27 años operando. Aquella revolución de la ingeniería aeronáutica era capaz de alcanzar una velocidad máxima de 2.405 km/h, con capacidad para transportar a un centenar de pasajeros. El trayecto entre Nueva York y París se podía cubrir en tan sólo 2,5 horas; el problema era el precio del pasaje: 1,15 millones de pesetas en 1999, es decir, lo que ahora serían 6.900 euros.

Así las cosas, su baja rentabilidad, unido a un grave accidente en julio de 2000, propiciaron que hubiera vuelos con tan sólo 12 pasajeros y, finalmente, se suspendieran. En la actualidad, es posible admirar 18 de estas aeronaves –aunque sólo 16 se destinaron a vuelos comerciales- en diferentes partes del mundo.

Ahora, décadas después, la NASA trabaja en un proyecto similar que antes de 2021 podría ver la luz. Se trata de X-Plane, un avión con el que se podrá volar de Nueva York a Londres en tan sólo tres horas. Ya se le ha apodado como ‘el hijo del Concorde’. La Agencia Espacial de EEUU lleva trabajando en este proyecto desde hace una década y ya ha adjudicado el contrato para desarrollarlo a la compañía a Lockheed Martin Aeronautics Company, por un importe cercano a los 350 millones de dólares.

A día de hoy, el Concorde no podría volar por las mismas prohibiciones con las que habrá de lidiar X-Plane: la actual legislación prohíbe que los aviones supersónicos sobrevuelen la tierra por el ruido ensordecedor que producen cuando rompen la barrera del sonido.

Este es, precisamente, uno de los desafíos del proyecto, esto es, conseguir unos niveles sónicos que puedan utilizarse para vuelos comerciales. Para conseguir este objetivo, el diseño del avión es clave con el fin de conseguir que, a diferencia de lo que sucede con las aeronaves convencionales, las ondas sónicas de choque no terminen por converger a medida que se alejan del morro y la cola del avión, produciendo ensordecedoras explosiones.

Según los responsables de la compañía, X-Plane será capaz de alcanzar la velocidad supersónica de 1.500 km/h provocando un sonido a nivel del suelo tan bajo como 75 decibelios, similar a cerrar la puerta del coche. En esta misma línea, si el sonido del Concorde a la altitud de crucero era de unos 90 decibelios, con X-Plane no se superarán los 60 decibelios de ruido.

Tal es el reto que es donde se centran los esfuerzos de Lockheed Martin, hasta el punto de que no se contempla que en el primer modelo haya espacio para pasajeros y poder destinarlo a vuelos comerciales. Algo, por otro lado, en lo que también estarían trabajando otras compañías como Virgin Galactic y Spike Aerospace.