Cuando el agua importa más a las mineras que los metales

David Bollero

Durante esta semana se está celebrando en Sevilla el XIV Congreso Internacional de Energía y Recursos Minerales, en el que se han dado cita las principales multinacionales de la minería mundial. Durante una de las sesiones, el vicepresidente senior de Freeport-McMoran y consejero delegado de Atlantic Copper, Javier Targhetta, reveló unos datos que en seguida captaron la atención de todo el público asistente: En los próximos 30 años, la población mundial crecerá alrededor de 2.500 millones de personas, lo que prácticamente equivale a la creación de una nueva China y una nueva India.

La repercusión que tendrá este crecimiento de población trae consigo una serie de implicaciones  a las que es preciso hacer frente desde ya. Targhetta se refirió al acomodo de todas estas personas, así como a los retos de “dar trabajo, ofrecer servicios y consumir más productos y recursos minerales”.

En cuestión de metales, el directivo ha asegurado que la demanda en el consumo de cobre, aluminio o zinc puede duplicarse de aquí hasta 2050, lo cual puede ser una oportunidad, pero debemos tener en cuenta cómo satisfacer dicha demanda. Porque si no podemos satisfacerla, esto llevará a la sustitución de estos metales por otros”. En ese sentido, Targhetta apuesta por “el reciclaje de estos metales básicos, que tanto contribuyen a la denominada economía circular”.

Otro de los desafíos a los tiene que hacer frente la industria minera es la escasez de agua. Los recursos hídricos son indispensables en cualquier yacimiento y, lo que antes pasaba por ser un bien abundante, ahora ha comenzado a ser tan preciado como el propio mineral. Tanto es así que ya hay registrados casos de gigantes del cobre, como Freeport-McMoRan Inc., que compran grandes extensiones de terreno no tanto por su interés minero como por el agua dulce que guarda en sus entrañas.

Y es que la minería necesita agua en casi todas las etapas del proceso de producción, desde la misma extracción para controlar el polvo que levantan las actividades en explotaciones a cielo abierto a otros métodos de extracción en los que los minerales flotan o se hunden.

El descenso de las precipitaciones provocadas por el calentamiento global, unido a que los yacimientos se ubican cada vez más en zonas más remotas, está obligando a las multinacionales mineras a invertir miles de millones de dólares en encontrar acceso al agua (desde plantas de tratamientos a acueductos). Esta práctica, especialmente en países de Sudamérica, ha generado grandes conflictos con las comunidades indígenas, que ven cómo los derechos del agua que han venido consumiendo durante décadas son vendidos a multinacionales extranjeras, terminando por expulsarlos de sus tierras.

En el caso de metales como el cobre, esta demanda del agua se hace vital , dado que buena parte de los yacimientos mundiales se encuentran en la banda que parte desde Utah (EEUU) hasta Chile, que acapara el 28% de las reservas internacionales.

Otra de las alternativas buscadas es que algunas mineras han dirigido su mirada hacia el mar, construyendo plantas desalinizadoras para evitar de este modo el consumo de acuíferos subterráneos o agua dulce en superficie.

El año pasado en Ciudad del Cabo, durante una conferencia similar a la que se desarrolla estos días en Sevilla, el presidente ejecutivo de Gold Fields, aseguró que “los inversores nos dicen ‘no nos hablen de los dividendos, cuéntenos cómo manejan el agua”. Así, no sorprenden inversiones como las de 60 millones de dólares de la canadiense Goldcorp, que busca una nueva tecnología para reducir la cantidad de agua que se necesita en minas como la de mayor tamaño que tiene, ubicada en pleno desierto mexicano.