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¿Por qué es importante internet para l@s refugiad@s?

En la actualidad y según los datos que maneja la ONU, existen 65 millones de personas refugiadas –el 50%  mujeres- o desplazadas, de las que la mitad son menores de edad. Es la mayor cifra en décadas, puesto que la cifra que publicaba ACNUR en 2014 era de 14,4 millones de refugiad@s.

Se trata de personas que huyen de sus hogares en busca de seguridad, encontrando en su camino todo tipo de trabas y rechazos. Entre las dificultades que sufren es la imposibilidad de conectividad, algo que cuando se vive en campos de concentración, bajo el frío, la lluvia y el barro al que la UE ha condenado a miles de ellos pudiera parecer secundario. Sin embargo, no tener acceso a las comunicaciones priva a estas personas de la posibilidad de comunicarse con los seres queridos que dejaron atrás, bien en sus hogares o huyendo en otra dirección.

La experiencia vivida en los campos de refugiados de Grecia demuestra que internet se llega a convertir en un auténtico salvavidas para las refugiadas, que sin apenas comida y en condiciones sanitarias muy deficitarias, se aferran a los móviles para poder tener noticias de sus parejas, que ya han partido hacia otros países, como Alemania. El campo de la Cruz Roja alemana en Cherso (norte de Grecia) es uno de los que tuvo claro desde el principio que proporcionar Wi-Fi gratuito a l@s refugiad@s era esencial.

Inhibidores

Las estadísticas de ACNUR revelan que el 7% de las comunidades de refugiad@s carecen de infraestructura mínima para poder tener acceso a internet o telefonía móvil. Afortunadamente, la mayoría de estas personas que viven en zonas urbanas disfrutan de cobertura móvil 2G o 3G, una situación que choca con quienes han ido a dar con sus huesos en zonas rurales. Allí, aproximadamente un 20% no tiene absolutamente ninguna conectividad.

El coste que suponen las comunicaciones para las personas refugiadas tampoco es baladí: la mayoría dedica un tercio de sus ingresos a poder estar conectado, algo que está al alcance de muy pocas. De media en todo el mundo, la comunidad de refugiad@s tiene un 50% menos de posibilidades de contar con un teléfono móvil con capacidad de conexión a internet, mientras que un 29% de ell@s ni siquiera tiene acceso a ningún tipo de dispositivo. Además, no resulta sencillo tampoco conseguir una tarjeta SIM. La burocracia puede ser una barrera aún más infranqueable que la del propio país.

Brecha de género

Según ACNUR, el 60% de las mujeres refugiadas no viven en campos de concentración. El organismo de la ONU recuerda que, en esta cuestión, también aparece una brecha de género. Ellas tienen muchas menos posibilidades que los hombres de tener un teléfono móvil, especialmente en los casos en los que acaban de ser desplazadas. En los campos de países como Pakistán los hombres son reticentes a permitir el acceso de las mujeres a internet y en otros, como Kenia, las mujeres casadas necesitan el permiso de sus maridos.

Esta discriminación se produce a pesar de que, en muchos casos, es la mujer la que tira del carro para poder salir de la miseria. Más allá de poder comunicarse con sus seres queridos, internet también es importante para las mujeres para poder acceder a información importante, tener conocimiento de las noticias de sus lugares de procedencia –generalmente en guerra. No sólo eso, sino que los estudios de ACNUR demuestran, por ejemplo, cómo desde un campo de refugiad@s de Kenia internet se ha convertido en la piedra angular para seguir educándose.

Ante esta oleada de insolidaridad internacional con l@s refugiad@s, internet se ha convertido en un instrumento vital para informarse sobre las opciones que tienen para ell@s y sus familias, saber a qué ayudas pueden acceder e, incluso, poder iniciar ciertos trámites legales relacionados con su estatus de refugiad@s. Al mismo tiempo, la red se retroalimenta, las personas que han huido de sus países pueden compartir sus experiencias de primera mano con el resto de comunidad refugiada.