‘Cazadores en la nieve’, ETA en la novela negra

Carlos Augusto

Periodista de investigación, escritor y editor

Mi librero de confianza, Alfredo, de Burma, (sí, aunque escasean, tengo uno. Alguien al que no necesito deletrear el nombre de James Ellroy para que lo tecleé en un ordenador y me diga que está en la estantería de la derecha, justo al lado de los libros de cocina) me ha recomendado “Patria”, de Fernando Aramburu, publicado por Tusquets. Y a mí me viene a la cabeza la novela negra “Cazadores en la nieve”, de José Luis Muñoz, publicado por Off Versatil. Aún hoy, escribir sobre ETA requiere de ciertas dosis de valor, de tener complejo de piñata. Sobre todo si se intenta no caer en el facilón blanco o negro, si se pretende transitar por los grises.

Eso es lo que hace José Luis Muñoz, uno de nuestros clásicos dentro del género negro, en “Cazadores en la nieve”. Empujado por el pasado, un misterioso forastero llega al pequeño pueblo de Eth Hiru, situado entre las montañas del valle de Arán. La banda terrorista acaba de anunciar su alto el fuego unilateral. Pero no para él. La venganza no entiende de armisticios. El jefe del puesto de la Guardia Civil del pueblo también tiene pasado. Por mucho que lleve años enterrándolo en la fosa más profunda de su cerebro. Algo se remueve en esa tumba mental con la llegada del forastero. Porque las alimañas se reconocen sólo con olerse.

Muñoz consigue una novela dura y cruda, como el invierno en el Valle de Arán. Sin tomar partido por ninguno de los dos bandos, de los dos hombres. Una historia de odio y venganza como elementos primarios de la naturaleza salvaje que rodea la obra. Con una sobriedad estilística y un lenguaje eficaz, sin adornos superfluos, “Cazadores en la nieve” es una de las mejores obras de José Luis Muñoz y, sobre todo, una de las más valientes.

Siendo muy quisquilloso, el único “pero” de la novela tal vez se encuentre en su final. Soy como la vida. No me gustan los finales felices.