“La agenda negra”, no cojas nada del suelo

Mi madre, como todas las madres, me decía que no cogiera nada del suelo. Que allí sólo podía encontrar suciedad, gérmenes y basura. Todo lo que ya nadie quiere. Tocar algo encontrado en la calle era como una maldición. Inmediatamente acarreaba lavarse enérgicamente las manos para evitar que la roña se extendiera hasta contaminarnos por completo. Sospecho que ese es el motivo por el que los despachos de los directores generales o los consejeros delegados están en las últimas plantas de los rascacielos: para permanecer lo más alejados posibles de la calle y su suciedad. Incluida una de sus variantes más desagradables, la gente.

Ulises, Roma, el protagonista de “La agenda negra”, escrita por Manuel Moyano y editada por Pez de Plata, no hace caso a su madre. Un estúpido accidente le ha arrebatado a su esposa y ha decidido esperar a la muerte mirando el mundo a través de una botella. Una noche, en el mismo lugar donde murió su mujer, ve a unos hombres buscar algo con linternas. Algo que está en el suelo. A la mañana siguiente, en ese mismo lugar, Ulises encuentra una pequeña agenda negra. Y decide cogerla. Desde ese momento su vida ya nunca será igual. Quiera o no quiera debe convertirse en un criminal.

Manuel Moyano construye una historia sin fisuras, con reminiscencias de los clásicos del género negro, sin perder un ápice de originalidad. Una novela sorprendente tanto en el planteamiento de la trama como en su desenlace. A esto hay que unir lo cuidado de la edición, en la que destacan las ilustraciones de Enrique Oria. Algo extraño en estos tiempos, donde se pone tan poco cuidado en el libro como objeto que no es raro encontrar la misma cubierta en obras distintas.

No es el caso de “La agenda negra”. Donde Manuel Moyano nos demuestra que hay que dejar de hacer caso a nuestras madres. La existencia sería mucho menos interesante si no cogiéramos cosas del suelo.