‘Ladrones de estiércol’, humor negro versus mundo rural

“Un día de estos lo mando todo a la mierda y me voy al campo. Construyo mi propio huerto, con cuatro gallinas y a vivir tranquilo de una vez”. ¿Reconocen esta frase? Seguro que, en más de una ocasión, han escuchado algo parecido salir de la boca de algún amigo hastiado de atascos, horarios de oficina infinitos y jefes vesánicos. Es posible que incluso ustedes hayan pensado lo mismo en algún momento. El mundo rural como paradigma de la felicidad urbanita.

Ladrones de estiércol, escrita por Nacho Guirado y publicada por Ediciones Milwaukee, es una desmitificación de ese retorno ideal al campo. Una comedia negra cargada de inteligencia en la que se nos muestra, de forma descarnada pero con mucho humor, todas las partes oscuras de la vida en un pueblo.

Fabián, el protagonista de la novela, ha perdido su empleo como inversor financiero por la crisis. Su mujer decide que la pareja se traslade a vivir al campo tras descubrir su infidelidad. Fabián se siente encerrado en esa vida rural que aborrece, del yoga y los tomates ecológicos de su esposa, de sus hijos a los que no entiende, de los continuos cotilleos de los que son objeto en el pueblo y del divertido menosprecio de sus vecinos por ser de ciudad. Cansado de tanto aire puro, tanto verde y tan poca cobertura telefónica, idea un plan para regresar a la ciudad. Y para ello decide utilizar algo que abunda en el medio rural: el odio.

Una novela sorprendente y profundamente original que, extrañamente, no ha tenido la repercusión que merece. Nacho Guirado, con su Ladrones de estiércol, nos muestra lo peligroso que puede llegar a ser que los sueños se hagan realidad, que la felicidad sólo existe en nuestra mente y que el paraíso no se puede encontrar si uno tiene el infierno dentro.