‘Pinturas de Guerra’: cuando el arte aún

Hubo un tiempo en el que las palabras significaban algo. “Compromiso”, “principios”, “sacrificio”. Un tiempo en el ser “honrado” no era sinónimo de ser “idiota”. Donde “ética” no era sólo la asignatura que sustituía a “religión”. En el que era más importante poder mirarse al espejo cada mañana que lo que dijeran los demás sobre nosotros. Cuando el verbo importante era “ser”, no “parecer”. Una época en la que el arte buscaba remover conciencias, no bolsillos. Días en los que existía gente que todavía creía que podía cambiar el mundo. Pintores, escritores, artistas…, bellos ilusos que se negaban a dejarse atrapar por la resignación y el conformismo. Pero la realidad les cogió por la pechera, abofeteándoles hasta sacarles todos los sueños de la cabeza y devolverles al rebaño.

Pinturas de Guerra, una novela gráfica de Ángel de la Calle, editada por Reino de Cordelia y con prólogo de Paco Ignacio Taibo II, nos habla de aquel tiempo, sin necesidad de situarlo en una fecha precisa. Cuatro pintores sudamericanos, huyendo de las torturas de las dictaduras de sus países, acaban en París. Y es el propio Ángel de la Calle, convertido en personaje del comic, el catalizador de sus historias. El autor/personaje viaja a la capital francesa para escribir una biografía de la actriz norteamericana Jean Seberg. Y la casualidad hace que se vea en medio de la guerra sucia de los servicios secretos franceses, la CIA y las terroríficas historias que arrastran los cuatro artistas. De la Calle nos enseña uno de esos momentos de la historia en los que el mundo nos muestra su verdadera cara. Esa que a nadie le gusta contemplar.

Los puristas dirán que no es una novela negra, pero nunca me han gustado las cosas puras. Ni los hombres, ni las bebidas, ni siquiera el aire. Los hombres, con defectos; las bebidas, mezcladas; y el aire, viciado.

Ese tiempo pasó. Ya nadie se atreve a pensar que las cosas pueden cambiar. No es práctico. “Injusticias”, “abusos”, “desigualdad”, “corrupción”. Cuando el Séptimo de Caballería cabalga arrasándolo todo a su paso ya nadie se cubre el rostro con pinturas de guerra. Para qué va uno a complicarse la vida pudiéndose ir de compras.