Maldita verdad: tragedia cotidiana

Siempre he pensado que la vida está dividida de dos partes: el tiempo de las primeras veces y el tiempo de las últimas. Ese inicio en el que todo es nuevo, el mundo y sus maravillas están ahí para ti, para que las descubras. El primer beso, el primer amigo, el primer viaje, la primera canción… Un tiempo en el que todos pensamos que somos especiales, que nuestra existencia será única, que seremos protagonistas, no secundarios, en esa superproducción que será nuestra vida. Sin importarnos los inviernos que nos depare el futuro, porque en nuestro interior siempre habrá un verano inagotable. Luego los días se van volviendo grises, como los meses, como los años, como los rostros, como los sueños. Pasan y se acumulan uno detrás de otro, idénticos y cuadriculados, son las hojas de un cuaderno que nadie lee porque a nadie le interesa. Y todo va oscureciéndose a medida que la vida nos da más hostias que caricias. Desilusiones, amarguras, decepciones. Y lo peor de todo: las despedidas. Cuando empiezas a dejarte pedazos del corazón por el camino. Cuando para recordar a la gente que quieres tienes que mirar atrás, no adelante. La muerte, algo tan vulgar que nos pasa a todos. Y nos volvemos conformistas. Para conservar lo poco que tenemos, para que la vida no se lleve nada más.

De eso es de lo que nos habla “Maldita Verdad”, escrita por Empar Fernández y publicada por Versátil. Olga, una madre divorciada, llega agotada del trabajo. Daniel, su hijo adolescente no ha probado la cena. Lo ve en su cuarto, dormido vestido y con los auriculares puestos. Decide no molestarle para evitar otro enfrentamiento con él. Desde hace tiempo tiene la sensación de que su hijo es un extraño con el que convive sin apenas cruzarse una palabra. Pero a la mañana siguiente, al entrar de nuevo en la habitación de su hijo, Olga descubre que Daniel no está dormido. Demasiado pálido, demasiado frío. Por muchas cerraduras que pongamos en la puerta, el horror siempre consigue colarse en nuestra casa, en nuestra vida. Olga decide entonces contratar a un detective novato que indagará en el pasado de los protagonistas en busca de la verdad. Una palabra hermosa con el rostro feo.

En “Maldita Verdad” no encontrarán sofisticadas tramas, ni personajes turbulentos, ni crímenes retorcidos. Empar Fernández prefiere hablarnos de gente común, cotidiana, (estoy tentado de escribir normal, pero jamás me he encontrado con alguien así) a la que les ocurren tragedias comunes y cotidianas. Horribles para sus protagonistas, pero que no ocuparían ni un minuto en el telediario. Una novela que ha sido galardonada con el premio Ciudad de Santa Cruz a la mejor novela negra 2017 en el pasado Festival Tenerife Noir y que es finalista al premio Dasiell Hammett en la próxima Semana Negra de Gijón.