‘Harraga’: no es racismo sino aporofobia

Un hombre, con la inestabilidad propia del que lleva horas abrazado a la botella, habla; pero apenas se le escucha. Sus rasgos y el tono de su piel dejan claro su origen sudamericano. Frente a él hay un guardia de seguridad del metro. Le pregunta dónde está su billete. El hombre titubea mientras se mueve muy lentamente, como si estuviera bajo el agua, buscando en sus bolsillos. La inesperada bofetada le alcanza de lleno arrojándolo al suelo. Se escucha una risa, cruel, nauseabunda. Deducimos que pertenece al otro guardia, el que lo está grabando todo con su móvil. Luego se lo enseñará a sus compañeros y continuarán las risas. El hombre se levanta como puede. “¿Vas pedo, panchito? Es que los sudacas no sabéis beber”. Más carcajadas y más hostias.

Es fácil ver videos como este en la red. ¿Por qué creen que le agreden, por estar ebrio o por ser extranjero? Creo que por ninguno de estos motivos. Su delito es ser pobre. Tener bajos recursos nos convierte en seres despreciables a los ojos de muchos y, lo que es peor, nos hace ser vulnerables. Les propongo un juego: busquen uno de estos videos en los que los agredidos sean unos turistas ingleses. Esos que vienen a España por el alcohol barato y los bares sin hora de cierre. Ya saben a qué tipos me refiero. Es fácil  imaginarlos dando motivos para que unos guardias de seguridad abran la espita de la ira. Estoy convencido de que no encontrarán ninguno. Son igual de borrachos e igual de extranjeros que el protagonista del primer video. Pero, como a todo turista, se les presupone dinero. Sus borracheras ya no nos resultan tan ofensivas, ni su tono de piel.

De eso es de lo que nos habla Harraga, este clásico de la novela negra escrito por Antonio Lozano y editado por Zoela en 2002 y Zech en 2011. De que la única frontera que existe es la que diferencia a los que están arriba de los que están abajo. Y que el único color que nos hace distintos los unos de los otros es el color del dinero.

Jalid es un joven camarero de Tanger. Viene de una familia pobre, formará una familia pobre y morirá pobre. Este es tu destino si vives en Marruecos. El futuro no existe si no hay esperanza. Por las noches, desde la costa ve iluminarse las luces de Tarifa con el brillo que tienen los sueños. Pero uno tiene que pagar por convertir los sueños en realidad. Y, si eres pobre, el precio siempre es muy alto. Trafico de drogas, traiciones y venganzas en una novela que transmite humanidad en cada una de sus páginas. Antonio Lozano consigue desde la historia personal, casi íntima, de Jalid, mostrarnos las miserias de occidente, la crueldad despótica del tercer mundo, la hipocresía de la sociedad en torno a la droga y a la inmigración. Harraga deja ese poso en el lector de las tragedias clásicas, de obra imprescindible. Imperecedera.