‘El país de los ciegos’: una hostia con forma de novela negra

Hay hostias terapéuticas y hay hostias educativas. Hostias que enseñan más que un año en Harvard. Hostias como epifanías de una nueva vida. Hostias que despejan la mente. Hostias que te ponen en tu sitio y te descubren tu lugar en el mundo. Hostias que cambian vidas. Hostias que despiertan al monstruo. Hostias que arreglan caras y hostias que encauzan vidas. Hostias que hacen que pierdas el sentido y hostias que te hacen recuperarlo. Hostias cargadas de despecho y hostias llenas de rencor. Hostias de quien te quiere y hostias de quien te odia. Hostias duras como sólo puede darte la vida y hostias inofensivas de quien ya no puede hacerte daño. Hostias de todos los colores. Hostias a tiempo y hostias a destiempo. Hostias que te hacen crecer y hostias que te empequeñecen. Hostias que te hacen ver el mundo tal como es y hostias que te cierran los ojos para siempre. Incluso hay gente tan poco interesante y aburrida que no se ha llevado una hostia en su vida. Pero es cuestión de tiempo que esta situación cambie. Siempre hay una hostia esperándonos un poco más adelante, en el camino.

Y también hay hostias literarias. El país de los ciegos, novela de Claudio Cerdán editada por Ilarión Ediciones, es una de ellas. Una gran hostia como lo son todas las grandes novelas negras.

El tuerto Durán acaba de salir de prisión y las cosas han cambiado mucho en Alicante durante su condena. Su antigua banda tiene nuevo jefe, las mafias extranjeras se han dividido el pastel con forma de ciudad y Magallanes, un psicópata que casi lo mata en prisión, está también en la calle. Buscándole. Pero el tuerto cuenta con una aliada. Una que nunca le ha abandonado y que le ha ayudado siempre: La violencia.

Pronto comienza a hacerse un hueco entre los traficantes de la zona. Uno de sus camellos aparece muerto y todo empieza a desmoronarse a su alrededor. El tuerto descubre que demasiada gente le quiere ver muerto. Y tienen muchas ganas de conseguirlo.

La obra de Claudio Cerdán es una espiral de la que no podrán ni querrán salir. Divertida, sorprendente, crítica, salvaje. Un libro bello y peligroso, como un combate de boxeo. Ritmo, personajes y diálogos. La Santísima Trinidad de toda buena novela negra. Un libro que no deja indiferente, como una buena hostia.