Sin Piedad punto org: los chicos listos de la corrupción en Valencia

Los chicos listos lo consiguen todo. Los chicos listos viven a lo grande. Los chicos listos saben cómo funcionan las cosas. Los chicos listos caminan por el lado enmoquetado de la vida. Los chicos listos han aprendido que la pasta no se gana llenándote las manos de callos. Nos lo enseñó Martín Scorsese en ese monumento fílmico que es “Uno de los nuestros”. Sólo los tontos se levantan a las 6 de la mañana para ir a un trabajo de mierda, a aguantar a un jefe de mierda por un sueldo de mierda. Arrojando el tiempo y la vida por el retrete para sacar a unos hijos adelante, para pagar una hipoteca, para seguir escuchando el silbido de la olla en la cocina. La mustia zanahoria para que el burro no se detenga. Con la servil resignación del que sólo sueña con un décimo de lotería premiado y cuya única alegría de la semana es ver ganar a su equipo de fútbol. Chusma, sólo eso, chusma a la que mirar por encima del hombro porque siempre estarán debajo. Son tan tontos que hasta pagan impuestos. Eso de que todos somos iguales queda muy bonito escrito en papeles con letra historiada y pulcra, pero en la calle las cosas son distintas. Siempre lo han sido. Las corbatas son distintas a los monos azules, los coches oficiales son distintos al metro, los despachos de cristal y acero no se parecen en nada a los pisos de 35 metros con muebles de Ikea, la escapada de fin de semana es distinta a no llegar a fin de mes. En la calle reside la verdad, no en los congresos, ni en los medios, ni en los mítines.

Bernardo Carrión nos habla en “Sin Piedad punto org”, editada por Almuzara, la historia de los chicos listos de Valencia. De cómo se servían de sus cargos para llevarse el dinero público, dinero de todos los tontos. Porque para que existan los chicos listos tiene que haber muchos tontos. Es casi una relación matemática. Una historia con evidente carácter didáctico para explicar lo que sucedió en la Comunidad Valenciana durante años. Políticos, banqueros, periodistas… La corrupción extendiéndose como la peste negra mientras la población sufre desahucios, paro y recortes en sanidad y educación. Pero alguien ha dicho basta. Un anacoreta que prepara su gran venganza utilizando la red y todos los medios a su alcance. Los imputados por corrupción tienen los días contados. Se acabó el tiempo de los chicos listos. Un sueño con el que todos hemos fantaseado alguna vez. Ese es el gran acierto de “Sin Piedad punto org”. Mostrar cómo ha funcionado, funciona y funcionará la corrupción en nuestro país. Un thriller político y social que pasma e indigna a partes iguales.

Porque el problema es que no despreciamos a los chicos listos. En realidad, íntimamente, deseamos ser uno de ellos. Porque, como me dijo un camarero una de esas noches en las que nunca amanecía, yo no soy corrupto porque no he tenido oportunidad…