Opinion · La oveja Negra

Escapada nocturna: la crueldad de los niños

William Holden, a caballo, con uniforme. El rostro usado del que se ha tomados más de un millón de whiskys a lo largo de su vida. Junto a él van el resto. Entran en el pueblo. Armados. William Holden baja la vista. Unos niños sucios, mexicanos, juegan en el suelo. Obligan a dos alacranes a luchar entre sí. Los insectos se arrancaran la vida el uno al otro mientras los niños se ríen. Es una de las escenas más violentas que he visto nunca en una pantalla de cine. Pertenece a la apabullante “Grupo Salvaje”, del genio  Sam Peckinpah y nunca la he podido olvidar. La lucidez de enfrentarnos a la imagen de la inocente infancia disfrutando de la crueldad, gozando con la violencia, mostrándonos lo que somos, lo que llevamos dentro desde que nacemos. Una escena perturbadora, brillante y real.

Thomas Chastain en su imprescindible Escapada nocturna, editada por la mítica colección Etiqueta negra de Júcar, también trata el tema de la infancia y el amor maternal incondicional. Una obra memorable, un clásico no lo suficientemente conocido. Contiene uno de los mejores arranques que he leído nunca, sólo comparable a su final. Durante un descuido de su madre, una niña de 9 años se pierde en la noche de Central Park. La policía no consigue dar con ella y la madre no puede quedarse con los brazos cruzados. Inicia una búsqueda que se convierte en una pesadilla de ladrones, chulos, drogadictos prostitutas y dementes en ese inmenso zoo humano que es Nueva York. Y cada paso que da le acerca más a su querida hija, pero también al infierno.

Escapada nocturna se aleja de las sensiblerías ñoñas en las que suelen incurrir las novelas con niños. Pese a que se publicó en 1988, sigue conservando toda su vigencia, ya que, como ocurre con todos los clásicos, nos habla de lo que somos,  aunque nos empeñemos en negarlo. Porque siempre es más cómodo mirar por la ventana que observarnos en el espejo.

Con un estilo sobrio, que Chastain pone al servicio de la historia, y apoyándose en los diálogos y los giros argumentales, Escapada nocturna es una maravillosa barbaridad. No sé ni cuantas veces la he leído ya… pero siempre consigue proporcionarme horas de placer lector. Una de esas contadas novelas que logra que, cuando la encuentro curioseando en alguna librería de casa ajena, su propietario inmediatamente me caiga bien. Háganse con ella, pídansela a Papa Noel o a los Reyes Magos. Aunque no creo que se la traigan. Sólo los niños malos leen esta columna.