El imperio de los leones: el siniestro encanto de la mafia

Carlos Augusto Casas

El despacho estaba situado en una de esas calles estrechas cargadas del encanto que da la historia, muy cerca del Congreso de los Diputados. Me abrió la puerta un hombre bastante mayor para ser secretario. Era un piso oscuro y silencioso, con muebles nobles y robustos, como reyes visigodos. Sentado en unos de ellos se encontraba el hombre al que había acudido a ver: Álvaro Lapuerta, extesorero del PP. Acababa de estallar el escándalo de los llamados “papeles de Bárcenas”.

Mientras iniciamos una charla intrascendente, tanteándonos como en un primer round, tuve la sensación de estar ante uno de esos hombres que saben cómo funciona el mundo, el de verdad. No sólo las aceras pobladas de farolas y carteles luminosos, también el alcantarillado, donde rara vez llega la luz. Y no solo sabía cómo funciona, sino que era uno de los que lo hacían funcionar. Estaba claro que no iba a sacarle nada que él no quisiera contar. Pero tenía que intentarlo, así que le pregunte por el reparto de sobres con dinero en el PP. Nunca olvidaré su respuesta: “Tú lo que tienes que hacer es follar mucho”.

No me pregunten por qué, pero siempre que leo algo relacionado con la mafia se me viene a la cabeza la imagen de Lapuerta riéndose de mí en su despacho. También con “El imperio de los leones”, la magnífica novela de Sebastià Bennasar editada por Alrevés. 

1972. Jean Neige, y su banda: Luigi, René, Michel y Sébastien asaltaban a campesinos y les hacían confesar donde escondían el dinero a base de un método que les valió el apodo de “los quemadores. Pero la banda va a más hasta convertirse en una de las organizaciones criminales más importantes de Francia. Pasan a controlar otros negocios más rentables como el hachís o la prostitución, incluso el floreciente negocio urbanístico que se empezaba a vislumbrar en una España que caminaba lentamente entre el fin del Franquismo y el inicio de la Transición, más preocupada por ETA que por bandas de delincuentes extranjeros. Es el momento perfecto para asentarse en la Costa Brava. Entrelazando pasado y presente, la novela nos lleva a 2006. Han pasado varias décadas, y el patriarca del clan está en prisión. Su hijo Pascal tiene la difícil misión se asegurar la continuidad de las actividades mafiosas y demostrar si da la talla.

El imperio de los leones” arranca con dos páginas inolvidables, brutales, de las que definen a un escritor y a una obra. Con la contundencia de un disparo a bocajarro, Bennasar (uno de los tipos que más sabe de novela negra) ha creado una obra verosímil que hunde sus raíces en hechos verídicos.

Frases concisas, imágenes potentes, una obra inteligente, dura y violenta. Como son todas las buenas novelas negras.

Una obra de hombres con roña bajo las uñas por mucho que se hagan la manicura a diario. Porque ese tipo de suciedad nunca les abandona.