Opinion · La oveja Negra

Habana réquiem: la cara oculta de la capital cubana

No me pregunten cómo pero me presenté en La Habana con dos días por delante y cinco euros en el bolsillo. Visité El Floridita, con su monumento al Hemingway beodo, y también la Bodeguita del medio. Me parecieron de cartón piedra, locales afectados por el mal del turismo, tan falsos como el castillo de Cenicienta en Disneylandia. Así que decidí salirme de la ruta convencional, perderme por La Habana. Visitar los mercados vacíos de género, pasear por barriadas enteras de casas apuntaladas a punto de venirse abajo. Así conocí a Hanoy. Ropa de marca, gafas caras aferradas a su cráneo rapado y, lo que era más importante para él, iba conjuntado. De no estar en La Habana pasaría por un pandillero de Los Ángeles. Me enseñó el fajo de dólares más grande que he visto en mi vida mientras se quejaba amargamente de no poder comprar Voltaren para su madre. “Carlos, aunque parezca que no, aquí hay de todo”, me dijo. Y la amplitud de ese “de todo” me hizo intuir otra ciudad, oculta a los turistas. Una Habana que muy poca gente conoce porque todos se empeñan en ocultarla. Una Habana que da miedo.

Esa es la ciudad que nos muestra Vladimir Hernández en su tremenda “Habana Réquiem”, editada por HarperCollins. Como dice uno de sus protagonistas, más cercana a convertirse en una de esas capitales sudamericanas donde la delincuencia y los asesinatos son rutina. Lejos, muy lejos, del paraísos socialista soñado.

Tres tenientes de la Policía Nacional Revolucionaria, la famosa PNR, son los protagonistas de esta novela coral. El veterano Puyol, la trepa Ana Rosa y el violento Eddy tienen que resolver un presunto suicidio, atrapar a un violador en serie y resolver el asesinato de un joven negro que traficaba con drogas de diseño entre las tribus urbanas. Corrupción, violencia, bandas criminales organizadas. Bienvenidos a la otra Habana, donde los policías extorsionan a las jineteras y a los vendedores ambulantes (Manolito es un personaje inolvidable). Donde existe una burguesía de barrios residenciales y coches último modelo solo al alcance de los allegados al régimen. Donde la marginalidad está acabando con el sistema.

Con un pulso narrativo y un ritmo que no permite que cerremos el libro, “Habana Réquiem” es una formidable novela negra no porque nos enseñe la cara oculta de  la capital cubana, ni porque nos muestre las incongruencias del régimen, sino porque nos habla de todas las miserias de la condición humana.

No me pregunten cómo pero acabé vendiendo flores en una plaza de La Habana sin parar de beber ron en tetra brik. Hanoy me pago el taxi hasta el aeropuerto. Y yo le mandé Voltaren para su madre.